La cumbre vuelve a la normalidad tras la nevada

La apertura de las carreteras y la mejora de las previsiones reactiva las subidas para ver la nieve, pero el Cabildo insiste en que todavía existen riesgos y advierte en subir preparados para las bajas temperaturas y circular con precaución. Los vecinos siguen quejándose del frío.

INGRID ORTIZ VIERA y / TEJEDA

«Se nota que se ha calmado el tiempo, porque aquí ha hecho un frío, una lluvia y un vendaval de mucho cuidado». Lo asegura Agustín Valido, un vecino del barrio de Las Lagunetas, en la Vega de San Mateo, mientras pasea a su perra Mora forrado hasta las dientes. Aunque los grados han comenzado a subir, las temperaturas se mantienen bajas y es difícil sacarse el abrigo.

Una vez abiertas las carreteras, salvo el acceso hacia el Pico de las Nieves, comenzó a reactivarse el vaivén de coches y familias que subían en un último intento por ver el paisaje nevado. «Mucha gente está cansada porque ya vino la semana pasada y no les dejaron pasar. Venir de Las Palmas a jugársela viendo lo severas que están las autoridades no merece la pena», asegura Valido, sin guardarse la sospecha de que el fin de semana muchos vendrán buscando, más que nieve, agua.

Precisamente, Gonzalo y Encarna llegaron temprano desde Escaleritas para intentar evitar colas, y admiten que se sorprendieron al no encontrarlas. «Así llegamos antes», se ríen refugiándose de un breve granizo. «Se ve que queda poco ya, pero como no estamos acostumbrados a ver esto, nos parece un paisaje precioso», afirma Gonzalo.

Mientras la pareja se dirige hacia el coche, otra acaba de bajarse dispuesta a hacerse la foto de rigor. María Jesús y Javier tomaron rumbo hacia la montaña desde Arucas buscando vistas panorámicas –y también un bocadillo de chorizo de Teror–, pero la densa niebla era un lienzo en blanco dispuesto para la imaginación. «La última vez que vinimos aquí a ver la nieve fue hace 24 años, cuando estaba embarazada y a punto de dar a luz» recuerda María Jesús. «Lo que más nos ha impactado ha sido el contraste de las zonas verdes y las que quedaron afectadas por el pasado incendio», explica.

Los más madrugadores han sido Alexander y cuatro de sus jóvenes alumnos con los que suele hacer caminatas por distintos puntos de la isla: «A las 6 de la mañana estábamos en marcha desde Las Palmas» asegura, cámara en mano. El grupo diseñó el plan a la perfección, que incluía una parada en Santa Brígida para desayunar churros y llegar temprano. «No habíamos venido hasta ahora porque era peligroso, pero ya tocaba», señala un alumno, que ríe al confesar haberse saltado las clases.

Terminada la visita, a la salida sonríe un muñeco de nieve sobre el capó de Habib, que pasó la noche en Tejeda esperando que abrieran las carreteras. «Me encanta el frío y la nieve, y quería que toda la gente de la isla viera esto para animarles el día».