Gemelas en la cumbre del queso

Las hermanas Natalia y Beatriz Mayor heredan una tradición de varias generaciones. Su empresa, Ganadería Naroy, se hizo con el premio al mejor queso curado de la isla de este año

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO

El queso de la Ganadería Naroy ya está en lo más alto de la gastronomía insular. Se hizo con el triunfo en la última edición del siempre exigente concurso oficial de quesos de Gran Canaria. Pero el jurado, que cató a ciegas, no solo premió al delicioso y cremoso gusto del queso mezcla de cabra y oveja, curado, de seis meses, y de raíces cumbreras, que presentaron las gemelas Natalia y Beatriz Mayor Monzón. Estuvo tan fino que con su veredicto apuntó en la diana. Esta quesería bien podría ser una referencia para el presente y futuro del mundo rural, con un sector primario fuerte, cuyos productos alcanzan la excelencia con una producción sostenible y artesana, capitaneado por jóvenes (Natalia y Beatriz cumplen 26 años en unos días), y con mayor visibilidad de la mujer.

Estas hermanas llevan días de locura. Han perdido la cuenta de las llamadas y mensajes de felicitación que han recibido. Se toman el premio al mejor queso curado de Gran Canaria como una recompensa a «cuatro años muy intensos», en palabras de Natalia. No ha sido fácil. «Nunca llegamos a tirar la toalla, pero a punto estuvimos», confiesa. Les pesaba tanto esfuerzo físico. La infraestructura de la ganadería era muy rudimentaria y todo les costaba más. Pero poco a poco fueron modernizando la quesería y dotándose de mejoras que les han facilitado el trabajo. De una ordeñadora con capacidad para ocho animales han pasado a otra de 24 (ahora ordeñan en dos hora y media), y también han introducido las prensas en la elaboración. Antes los más de 20 quesos diarios de cuando están en temporada alta los sacaban a mano. Literalmente. No tenían ni para descargar el camión de las raciones, con 9 palés de sacos. Todo a la espalda. A veces, incluso, de noche.

Nunca se rindieron porque, en el fondo, esta ha sido su vida. Pese a las dificultades y exigencias de este trabajo, Beatriz precisa que siempre tuvieron «clarísimo» que cogerían el testigo de varias generaciones de su familia, como mínimo, desde sus bisabuelos, y que heredarían con gusto esta tradición quesera y de pastoreo. Al fin y al cabo, casi se puede decir que aprendieron a andar junto a una quesera. Natalia mira a la cueva donde curan sus manjares, en el lado de Tejeda de la degollada de Los Molinos. «Ese era mi cuarto de juegos mientras mi abuela, mi padre o mis tíos hacían el queso, porque en mi familia no era cosa de mujeres: todos hacían queso», recuerda con satisfacción. Tan claro lo tenían que ambas se formaron para hacerse cargo del negocio. Estudiaron ciclos formativos superiores, Beatriz, Gestión de ventas y espacios comerciales, y Natalia, Ganadería y asistencia en sanidad animal (este último, en Pamplona, aquí no lo había).

Fruto de todo eso, de lo que aprendieron en casa, en clase, del asesoramiento y la ayuda de sus padres y de su propio esfuerzo personal, les ha venido ahora este reconocimiento que no les quitará trabajo, es verdad, pero que les hará ganar en popularidad y, seguro, en ventas. Es más que una palmada en la espalda a la implicación y al compromiso de estas gemelas que parten su vida entre donde viven, y maduran sus quesos, en la degollada de Los Molinos, y la Presa de las Niñas, también en Tejeda, a media hora de distancia de una carretera de curvas, donde un antiguo cortijo da cobijo a sus 270 cabras, 170 ovejas, 80 o 90 baifos y 50 corderos. Sus jornadas se extienden desde las 5 de la mañana a las 3 o 4 de la tarde. Y pronto harán además la trashumancia y llevarán a su ganado desde los 900 metros de altitud de donde están ahora, a pastar a 1.500 metros a Los Molinos, a paisajes a caballo entre San Mateo y Tejeda. Con mimbres así, no es extraño que les quiten los quesos de las manos. Y que ganen premios.

En tiendas de siempre en la isla, y también en la península

Trabajan queso semicurado y curado. La lástima es que el premio les llega en una época de menor producción. De octubre a junio tienen bastantes más. Pero puede hallarlo en tiendas de toda la vida de Tejeda, Valleseco, Teror, San Mateo y la capital. También se vende en península, desde Bilbao a Valencia o Barcelona.