Uno de los puntos donde se mueven gallos y gallinas en La Atalaya. / C7

Los gallos impiden el descanso vecinal en La Atalaya de Santa Brígida

Gallos y gallinas, por docenas, pululan a sus anchas en La Atalaya de Santa Brígida. Los vecinos se quejan de que es imposible dormir

Patricia Vidanes Sánchez
PATRICIA VIDANES SÁNCHEZ Santa Brígida

Un grupo de vecinos de La Atalaya de Santa Brígida se queja «de la dejadez por parte del Ayuntamiento para hacer frente a la proliferación de gallos que no nos permite conciliar el sueño». Se trata de un problema que afirman, se «todos los días, desde las tres de la madrugada hasta las seis o siete de la tarde».

Aseguran los vecinos afectados que «nos hemos dirigido al Ayuntamiento de Santa Brígida varias veces», tanto de manera presencial como mediante correos electrónicos, «para ver si pueden dar respuesta a este problema, que no permite a los vecinos de esta zona conciliar el sueño». Sin embargo, desde la Concejalía de Salud Pública «no han dado respuesta alguna a este problema, alegando que al haber un número reducido de habitantes en Santa Brígida, no pueden contratar a un veterinario para que se haga cargo» de las aves que se ha ido reproduciendo en zonas como La Atalaya. «También dicen que son difíciles de atrapar» estos animales silvestres «para llevarlos a otro lugar, como una granja o una finca», y mientras «han pasado muchos meses sin tener ningún tipo de contestación».

  • Colonias Ejemplo Ante las quejas de la población, el Ayuntamiento de Teror llevó a cabo en septiembre la retirada de alrededor de 200 gallos y gallinas salvajes que formaron varias colonias

Igualmente, los residentes de La Atalaya han presentado varias denuncias a la Policía Local de Santa Brígida, «pero no sirve de nada, puesto que se pasan la pelota unos a otros, pero nadie resuelve el problema».

Los vecinos resaltan además que gallos y gallinas han provocado ya unos cuantos incidentes circulatorios. «Hace un mes, una moto tuvo un accidente y vino la Policía Local y tomó fotos, pero seguimos en las mismas, nadie ha hecho nada. La semana pasada un coche atropelló a un gallo porque caminan por la carretera; algunas veces los conductores tocan la pita hasta que se muevan y otras veces no corren la misma suerte».

El problema se los gallos y gallinas silvestres no es exclusivo de La Atalaya. Otros barrios del municipio asisten también a la proliferación de estos animales que, sobre todo, molestan por el ruido que generan. Se da la circunstancia de que el aumento en número de estas aves es producto de que una parte de la población los alimenta.

Por eso, los que se quejan de la situación matizan que «no estamos en contra de los animales», pero defiende su derecho al descanso, por lo que solicitan «que se retiren estos animales lo antes posible» de la vía pública.

El problema de los gallos asilvestrados se repite en municipios como Arucas o Teror

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