Imagen del Centro Penitenciario de Las Palmas II. / Arcadio suárez

Funcionarios de la prisión de Juan Grande, «desamparados» por la inseguridad del centro

Se quejan de la pasividad de los gestores ante las agresiones contra los trabajadores, los incendios o el tráfico de drogas en la prisión

Francisco José Fajardo
FRANCISCO JOSÉ FAJARDO Las Palmas de Gran Canaria

Fuentes del Centro Penitenciario de Las Palmas II han trasladado la situación de «desamparo» que sufren a diario debido a la creciente oleada de hechos violentos protagonizados por los internos y se quejan de la «falta de respuesta» de la subdirección de seguridad del centro a la hora de revisar los protocolos y aplicar medidas contundentes que permitan restablecer el orden regimental y asegurar la integridad física y psíquica de internos y trabajadores. El último suceso se produjo el lunes, cuando un recluso dio puñetazos, patadas, cabezazos y sacó un pincho para clavárselo a los trabajadores a los que amenazaba de muerte diciendo que era un sicario.

La Inspección de Servicios Penitenciarios ha abierto varias informaciones reservadas para comprobar lo que sucede de primera mano y revisar si los protocolos de seguridad implementados por el subdirector de Seguridad son correctos.

Hay que recordar que en los últimos meses, la cárcel de Juan Grande ha sido noticia por incidentes protagonizados por reclusos. En el último de ellos ocurrido este lunes, el recluso agredió y amenazó a varios funcionarios al grito de «le voy a cortar el cuello», «lo voy a matar» y «no me conocen, soy un sicario». Un trabajador está de baja.

Todo sucedió a la hora del reparto de la cena en el módulo 14, cuando un funcionario indicó un interno de origen sudamericano que estuvo residiendo en Fuerteventura, que era su turno para entrar a cenar. De inmediato se negó a entrar y, tras unos minutos, finalmente accedió al comedor. Cuando pasó al lado del funcionario, le dio un empujón y le dijo textualmente «me tenéis hasta la polla». Tras este hecho y por la seguridad del módulo, los trabajadores le indicaron que le iban a cachear y, sin mediar palabra, propinó un puñetazo en la cara al funcionario tirándole al suelo. En ese instante, el preso sacó un pincho de su bolsillo y se abalanzó sobre él gritándole «te voy a matar hijo de puta», mientras le propinaba varios golpes más. El resto de funcionarios presentes en la sala intentaron reducir al interno, pero éste se resistió lanzando patadas y puñetazos mientras seguía profiriendo amenazas de muerte a los funcionarios. Tras avisar al jefe de servicios, llegaron refuerzos al lugar y lograron reducir al interno, trasladándolo al módulo de aislamiento. En el cacheo previo a dicho traslado, se resistió fuertemente amenazando a todos los presentes y manifestándoles que eran unos «hijos de puta» y que «no me conocen, yo soy un sicario».

Pero la situación no acabó ahí puesto que, al entrar en el módulo 17 de aislamiento, el interno comenzó a gritar «los voy a matar cuando salga de la calle, hoy -por el lunes- le he dado un puñetazo a ese chulo de mierda, pero mañana, cuando lo pille de nuevo en el módulo 14... le voy a cortar el cuello con una lata, es una promesa».

El recluso, que iba engrilletado, l anzaba patadas a los funcionarios y alcanzó a dos de ellos y le dio un cabezazo en el pecho a otro, por lo que tuvieron que reducirle nuevamente en el suelo.

En otro de ellos, un médico fue golpeado en las costillas por un interno que le exigía la prescripción de medicación psicotrópica y corrió con suerte porque el reo portaba un objeto punzante y pudo eludir un ataque de gravedad.

Días más tarde, un preso fracturó el tabique nasal de un puñetazo a un funcionario durante un recuento. Cuando un compañero lo fue a auxiliar, el agresor rompió por la mitad un palo de madera de un cepillo e intentó clavárselo en el pecho, aunque no llegó a causarle lesiones de gravedad.

Quema de colchones

Tras ese incidente, varios reos fueron trasladados al módulo de aislamiento, donde días más tarde un interno perdió la vida por inhalación de gases tóxicos al prender fuego al colchón de su cama.

A pesar de lo sucedido, denuncian los funcionarios que ni la subdirección de seguridad ni la dirección emitió orden o nota alguna, no se realizaron reuniones informativas ni se hizo un simulacro de incendio. Lamentablemente, otro reo fallecería semanas más tarde en idénticas circunstancias y un tercero fue salvado in extremis gracias a los funcionarios.

Los trabajadores no se explican cómo los órganos de gobierno no tomasen cartas en el asunto desde el primer óbito, por la gravedad y por el riesgo que conlleva para la seguridad un incendio en una celda del módulo de aislamiento, ya que por su disposición arquitectónica puede afectar a otros internos por la propagación de gases, algo delicado en un lugar que alberga a internos muy peligrosos.

Además, estos hechos han provocado que el Gobierno de Marruecos haya solicitado al español un informe para conocer las circunstancias en que se produjo el fallecimiento de un reo de ese país.

Banda de extorsionadores

Por otra parte, hace un mes se produjo el hecho de mayor gravedad. Un preso multireincidente, con un largo historial protagonizando graves incidentes en la prisión sureña, intentó amordazar y secuestrar a un funcionario, a quien se acercó por la espalda en compañía de otros dos reos también armados, poniéndole en el cuello un objeto punzante.

El funcionario forcejeó con el agresor y ambos cayeron al suelo, donde el reo intentó apuñalarle en el tórax repetidamente. El funcionario huyó hacia la entrada para salvar su vida, donde recibió el auxilio de compañeros.

Unos hechos que, a juicio de esta fuente, se podrían haber evitado. Ya en febrero se emitió un informe acerca del módulo tres de multireincidentes donde se encontraba este reo, alertando de la existencia de una banda que extorsionaba a otros presos y, entre sus componentes, estaban el agresor del funcionario y otro que también portó un objeto punzante en el altercado. Este documento fue remitido al subdirector de seguridad, pero no hubo respuesta para separar a los miembros de la banda trasladándoles a otros módulos más acordes a su perfil y peligrosidad.

Ocho días antes de la agresión, realizaron otro informe al encontrarse varios pinchos confeccionados con hierros de las mopas que se usan para la limpieza en un cacheo. De nuevo, los funcionarios apuntaron a la existencia de la banda y la respuesta fue rescindir el contrato de trabajo al agresor y a otros internos responsables de limpieza por falta de confianza, pero tampoco esta vez se les cambió de módulo, una actuación que supone para las fuentes «una más que evidente inhibición de los gestores ante hechos que evidenciaban que podía producirse un incidente regimental de mayor gravedad».

Apenas una semana más tarde, el interno protagonizó un intento de secuestro y una grave agresión a un trabajador penitenciario.

La entrada «descontrolada» de drogas pone en marcha el Programa de Intercambio de Jeringuillas

También denuncian fuentes del Centro Penitenciario de Las Palmas II en Juan Grande, el aumento descontrolado de la entrada de drogas en la cárcel. Muestra de ello, según las mismas, es la puesta en marcha del Programa de Intercambio de Jeringuillas (PIJ) para evitar la transmisión de enfermedades infectocontagiosas.

«Ese programa, de finales de los 90, nunca se implantó aquí, pero el alarmante incremento de introducción de drogas ha obligado a los gestores a implantarlo para evitar las enfermedades entre reos por compartir jeringuillas para inyectarse heroína», dicen los trabajadores.

En los últimos días se han producido «incautaciones de drogas después de comunicar» sostienen los funcionarios, que se quejan de que luego dichos internos son enviados nuevamente a su módulo de origen, «como si no pasara nada, con lo que eso supone», denuncian.

Los funcionarios reclaman una mayor implicación de sus superiores en la gestión de la conflictividad creciente en la prisión, ser considerados agentes de la autoridad en un intento de que las penas frenen la escalada de agresiones y que se subsane el alarmante déficit de personal existente.