Así luce la playa de Tauro. / Juan Carlos alonso

«Nos han fastidiado la vida, esto no se hace»

Playa de Tauro. Los vecinos no solo quieren que les reabran la playa, sino que se la devuelvan en condiciones. Quieren menos arena y que les dejen ver el mar

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Mogán

Hay males que no tienen remedio ni reparación. Por mucho que lluevan las sentencias o que se muevan los papeles en los despachos, la playa de Tauro no volverá a ser la playa de Tauro. Esa amarga convicción la tienen incluso los propios vecinos de la cala, los que más se han dejado el lomo por demostrarle al mundo que aquí, en este rincón de la costa moganera, estaban sepultando una forma de entender y de vivir el mar. «Nos han fastidiado la vida, esto no se hace», se quejaba días atrás Herminio Acosta, presidente de la asociación de vecinos de Tauro y Playa de Tauro, que ya ni se acuerda de la última vez que salió a navegar. Lo decía apenas unos días antes de que trascendiera, este pasado domingo, que el Tribunal Supremo acaba de confirmar la nulidad del Plan Territorial Especial del Litoral de Tauro, ese instrumento administrativo que amparó la destrucción de la pintoresca cala de callaos y su sustitución por un más de lo mismo en las playas de Gran Canaria: otra vez arena rubia y plana, por más que fuera postiza y de bote (en teoría, la que se usó en Tauro procede del Sáhara).

A ellos, precisamente a ellos, no les pilla de sorpresa. Tuvieron claro desde el principio de que aquí se estaban haciendo las cosas mal, tanto por parte de la empresa, Hermanos Santana Cazorla, como por parte de los organismos que se lo permitieron. Pero lo que les irrita es el trato que han recibido y que siguen recibiendo de buena parte de las administraciones públicas. Por ejemplo, ni a Acosta ni a Francisco Ojeda, su segundo de a bordo, les cabe en la cabeza que, a estas alturas, cinco años después, una valla opaca les siga tapando el horizonte del mar. «Actúan a mala fe; no tienen suficiente con cerrar la playa, que debe ser la única de España a la que se prohíbe entrar, porque en este país las playas son públicas, sino que, para colmo, la tapan, ¿a cuento de qué nos hacen esto?», se pregunta Ojeda, que, aparte de portavoz del Partido Verde Canario, regenta también uno de los dos bares de la playa, el Pío Pío. Por eso no afloja en su lista de demandas para el después de la tragedia. «Queremos que nos dejen la playa como estaba», advierte Ojeda.

Se lo dijo al propio jefe de la Demarcación de Costas de Canarias, Rafael López Orive, en la visita que les hizo antes de Semana Santa. Orive les dijo que ya se estaba a un paso de decidir si Tauro se puede o no reabrir a los bañistas. Se ha remitido a Madrid un informe de batimetría sobre el estado actual del fondo marino para saber cómo ha cimentado el nuevo árido.

Sin embargo, a los vecinos de toda la vida les estorba tanta arena. Ven difícil que la quiten por completo, pero piden al menos que la concentren en el lado más próximo a Amadores. También demandan que corrijan el resalte que ahora luce el banco de arena. «Está tan alto que desde las casas no se ve el mar, por lo que si un día corre agua por el barranco, hará un efecto presa y nos inundará», se queja Acosta. Insisten en denunciar la desaladora y el emisario que vierte su salmuera al pie mismo de la orilla, y en pedir que reabran la carretera que daba salida hacia el lado sur. «Ahora esto es una ratonera para los coches». Y advierten de que en cuanto puedan, ellos mismos rescatarán el bufadero de Tauro, sepultado por culpa de la maquinaria. Cinco años esperando les ha llenado la faltriquera de ilusiones, y de demandas.