Óscar Ruano, en su barco, días atrás, con el campamento de migrantes, en el muelle de Arguineguín. / Arcadio suárez

Una empresa se queja del «secuestro» de su catamarán por la crisis migratoria

Esnáutica, con sede en el puerto de Arguineguín, lleva sin poder vender excursiones en su barco desde el 20 de agosto. Reclama una solución

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Mogán

El catamarán de Esnáutica está atracado justo en medio de donde el Gobierno central tenía en pie, hasta este mismo lunes, el llamado campamento de la vergüenza, un improvisado almacén para seres humanos, los migrantes, bajo carpas y sobre el suelo del muelle. La empresa se quedó desde el minuto uno sin poder usar su barco ni ofertar uno de sus platos fuertes: las excursiones para grupos por la costa del sur de Gran Canaria. Esta semana quedó desmantelado, pero Esnáutica teme que no acabe su pesadilla. Arguineguín sigue siendo un punto de recepción de pateras y, mientras eso siga siendo así, esta compañía dedicada al ocio náutico no podrá recuperar la normalidad. Recama una solución, que le faciliten otro punto donde atracar.

Óscar Ruano, titular de esta compañía, que lleva operando en Arguineguín desde 2003, y en el puerto, desde 2007, siente que, en la práctica, le tienen «secuestrado» o «embargado» el catamarán. «No dejaban acceder a nadie a ese muelle, y menos a excursionistas», apunta. Así fue desde finales de agosto hasta este último lunes. Tampoco le facilitaban las tareas de mantenimiento de la embarcación. «Hay que pasarse todos los días, pero me obligaban a hacerlo por el mar, en la zódiac, y no siempre, porque también dependía de los policías que estuviesen a cargo». Explica Ruano que tiene que endulzar el catamarán dos o tres veces en semana (lavarlo con agua dulce), y que ha de ponerlo también en marcha. Pero las tomas de agua y de corriente eléctrica estaban dedicadas única y exclusivamente a dar servicio al campamento.

En Esnáutica llueve sobre mojado, porque a los estragos económicos que ha causado la covid en empresas de toda España, y en especial, en las del sector turístico, en su caso se le suma esta crisis migratoria, que le impactó de lleno. Desde mayo era tal la demanda de nacionales y locales que reabrió en cuanto se pudo y estuvo prestando servicios hasta que se recrudeció la llegada de pateras a finales de agosto. Desde entonces se vio en el dique seco, y lo peor, sin nadie que le hiciera caso. «Me presenté dos veces ante la Delegación del Gobierno en la capital, pero por la covid no me recibieron, me dijeron que reclamara de forma telemática, ¿para qué? Para nada». Cifra las pérdidas en 50.000 euros. En verano el catamarán sale todos los días, y con dos salidas diarias. Con el aforo limitado por la pandemia se juntaban hasta 35 personas. Calcula Ruano que su empresa mueve hasta 100 o 150 personas al día, porque también ofrece motonáutica y parasailing. De los 8 trabajadores de la empresa solo están operativos cuatro. No sabe cuánto más podrá aguantar.

Óscar siente que las administraciones les han dado de lado. Le han llamado turoperadores diciéndole que, dada la coyuntura, lo sacaban de su catálogo, incluso para el año que viene, y ha tenido que digerirlo sin ayudas. Incluso se le han echado para atrás clientes fijos, de años. Solo hace una excepción con el Ayuntamiento de Mogán. «La alcaldesa, Onalia (Bueno), y el primer teniente de alcalde sí que se han preocupado; sin su lucha esto hubiera seguido todo igual».