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Don Alejandro del Castillo

Don Alejandro del Castillo

El catedrático de Historia hace una semblanza del que fuera noveno conde de la Vega Grande de Guadalupe

Manuel Lobo

Jueves, 1 de enero 1970

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Con pesar y tristeza nos llega la noticia en este primer sábado de mayo del fallecimiento del IX conde de la Vega Grande de Guadalupe don Alejandro del Castillo Bravo de Laguna. Pesar porque la sociedad canaria ha perdido a uno de sus referentes tanto en el campo empresarial como de la cultura, y tristeza porque nos unía una amistad que con el tiempo se convirtió en aprecio mutuo y en complicidad ante distintos asuntos, tanto sociales como culturales.

Las referencias sobre la figura del conde las teníamos desde nuestra juventud, pues en los comienzos de nuestras investigaciones siempre tuvimos interés por la consulta del archivo de Casa Condal. Sin embargo no fue hasta el año 2010 cuando lo conocimos personalmente al hacernos el encargo, tanto a mí como a mi compañero de Universidad Fernando Bruquetas, de elaborar una historia sobre el condado. Iniciamos nuestras citas de investigación dos veces a la semana, donde con ahínco trabajamos en el magnífico archivo familiar, a la vez que una vez acabada la tarea tertuliábamos con don Alejandro. Las anécdotas, las vivencias y los desengaños sociales llevados a cabo durante su vida eran una verdadera delicia, pues nos íbamos enterando de los entramados y en ocasiones de la falta de lealtad de muchas personas que se llamaban sus amigos. Don Alejandro como era un caballero nos iba desgranado sus vivencias pero siempre procuraba indicarnos que los comentarios y los agravios no figurasen en el libro.

Además de su buen carácter, su bonhomía, y su sentido cristiano de las cosas, de ahí su labores de caridad con aportaciones a entidades piadosas, era un enamorado de las Bellas Artes, y así fuimos testigos y conocimos muchas de sus creaciones, entre ellas sus acuarelas, magnificas, pues tuvo como maestros a dos excelentes pintores, de tal manera que el año 1990 realizó una exposición individual en la galería Veguera de Las Palmas de Gran Canaria con carácter benéfico, y en el 97 expuso sus acuarelas en el Real Club Náutico a beneficio de la asociación Nuevo Futuro

El arte de la pintura al agua lo mantuvo hasta el final de sus días y lo compartía con sus amigos de facebook, de tal modo que muchas de sus creaciones las rifaba entre aquellos que ponían me gusta a sus obras, la última la público este sábado último, un bodegón lleno de colorido, y el sorteo fue resuelto el lunes.

Sus facetas eran muchas pues junto a su pasión por la pintura, que llenaba su tiempo en estos últimos años, se convirtió en un promotor y mecenas de la cultura y del deporte. Cofundó ACO (Asociación de Amigos Canarios de la Opera), en 1967, presidió el Real Aeroclub de Gran Canaria e inició las gestiones, junto con su padre y hermano, para ceder unos terrenos propiedad de la familia a favor del mismo; también colaboró en los concurso de piano “Pedro Espinosa”, razón entre otras por la cual la Real Academia Canaria de Bellas Artes le otorgó el premio Mecenazgo Musical, a la vez que la ciudad de Gáldar le distinguió con el escudo de otro de la ciudad. Aspecto que también cultivó en el campo universitario siendo un importante mecenas de la Fundación Universitaria de Las Palmas, además de un adelantado en su momento al promover el Campo de Golf de Maspalomas como una iniciativa más para atraer turistas.

Sus actividades empresariales y económicas abarcaron varios campos, dedicándose en principio a la industria empresarial familiar, especializada en el cultivo y exportación de tomates y plátanos. Cuando se hallaba en la treintena descubrió, junto a su padre y sus hermanos, las potencialidades turísticos de los terrenos de su propiedad situados en el sur de Gran Canaria, por lo que cual se le ha considerado y considera un visionario de esta industria en España, caracterizado por su espíritu abierto a nuevas ideas y proyectos como fue el llevar a cabo la convocatoria del primer concurso internacional de ideas para el desarrollo turístico de Gran Canaria. En consonancia con ellos en los años siguientes promovió las urbanizaciones de San Agustín y Maspalomas, y en 1966 las obras de urbanización de la zona turística de Playa del Inglés.

A lo largo de su vida don Alejandro presidió entre otras, las empresas: Maspalomas Costa Canaria, Comasa, Bahsa, a la vez que fue consejero de Cementos Especiales de Arguineguin y de la Banca López Quesada.

La labor que a lo largo de su vida fue tejiendo, la fue transfiriendo a su familia, para darle continuidad, y la legó a la ciudadanía, por ambas razones hoy perdemos un referente. Descanse en paz don Alejandro.

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