Anabell Sotelo Ramírez, en un momento de su representación. / Cober

Cantos de sirena ucranianos que reivindican paz

Una compañía teatral de Kiev representa en Agüimes una obra que defiende el arte y la cultura como refugio frente a una guerra

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Agüimes

Las mismas sirenas que en Kiev, la capital de Ucrania, alertan de las bombas rusas a la población, este jueves, en el Cruce de Arinaga, en Agüimes, formaron parte esencial de la puesta en escena de una obra teatral que, entre otras cosas, ayuda a mantener viva la llama de la empatía con los ucranianos y también, de alguna manera, a reivindicar la paz.

'The book of Sirens' fue representada este jueves en el Teatro Cruce de Culturas ante decenas de escolares de varios colegios e institutos en el marco del Encuentro Teatral Festival del Sur. La siguieron en inglés, subtitulada en el fondo del escenario.

La protagonista, la actriz Anabell Sotelo, en un sobrecogedor monólogo, logra transmitir al espectador el miedo, la ansiedad y la incredulidad de una niña bajo los bombardeos en la Segunda Guerra Mundial. Es una historia basada en 'La ladrona de libros', de Markus Zusak, pero que en realidad bebe de los sentimientos y las emociones sufridas en primera persona por las integrantes de esta compañía teatral, la única de teatro en inglés de Kiev.

Mes y medio refugiadas de las bombas en un teatro

El plantel actoral de ProEnglish Theatre, como Anabell y su compañera Valeria Lief, que le asiste con la música durante la representación, se pasó mes y medio encerrado en su propio teatro. Fue al comienzo de la guerra, cuando Kiev era objeto de los bombardeos rusos. Sobrevivieron casi con las mismas cosas que este jueves les sirvieron para la puesta en escena. Latas de conserva, libros, sacos de dormir y sirenas.

Fue en ese contexto donde las conoció el periodista Nicolás Castellano, entonces enviado especial de la Cadena Ser en Ucrania, que ahora las invitó a Agüimes para formar parte del ciclo de actividades complementarias del festival. Para Castellano y para el también periodista Pepe Naranjo, coordinadores de esta sección, lo que Sotelo y Lief pueden transmitir se ajusta muy bien al proyecto de esta edición: 'Cuando la guerra toca a nuestras puertas, ¿Y si fueras tú refugiad@?'.

«Vine a contarles la historia que vivimos en marzo, viviendo en un refugio en Kiev, pero también tratamos de transmitirles la importancia del arte y de la educación para sobrevivir a una guerra, para evitar una guerra», apuntaba este jueves Sotelo al término de la función. En ese sentido, la obra reivindica la cultura como refugio frente a la destrucción, al conflicto y a las bombas.

«El arte es más fuerte que cualquier tipo de guerra»

Cuenta la historia de una niña que aprende a leer en un sótano durante los bombardeos y que sobrevive gracias a que estaba leyendo. El resto de los refugiados estaba durmiendo en otra planta y murieron. «Es una metáfora. El arte es más fuerte que cualquier tipo de guerra, es más fuerte a veces que la vida, porque sobrevive a las personas. El arte gana siempre, no hay manera de que pierda».

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Pero el arte, o en este caso, la literatura de 'The book of Sirens', no fue solo un refugio físico para la niña, sino también espiritual, justo como pasa ahora en Ucrania. Según Sotelo, «la gente hace ahora más cultura que incluso antes de la guerra, porque hay necesidad de testificar todo, de ponerlo en la historia, pero también porque cuando haces arte, quieras o no, te das una oportunidad para sanarte y te da mucha fuerza, por eso muchos artistas están ahora en un momento de ebullición, de creatividad».

Se ha convertido casi en una necesidad pese a que en un contexto como el que ahora vive Ucrania no es precisamente fácil. No hay recursos y algunos de sus recintos han sido también dianas de las bombas.

Ambientada en la 2ª Guerra Mundial

Sotelo es un vaivén de emociones durante la representación. Se tira al suelo, grita, ríe. Como si de una catarsis se tratara. No en vano, advierte, todo lo que cuenta lo ha vivido en primera persona, menos el final, menos ese bombardeo mortal. Por eso, porque esas emociones están demasiado a flor de piel, la obra está ambientada en la 2ª Guerra Mundial.

«Pensábamos representar esta obra en Ucrania y no queríamos dañar tanto; situarla en otra época nos pone una capa de protección, te ayuda a distanciarte pese a que las emociones sean las mismas», reflexiona esta actriz, que reconoce que cuando la ensayaban, bajo los bombardeos, no se veía con fuerzas para representar una obra ambientada en el ahora.

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Ese desgarro de Sotelo tensiona y no da lugar a las mismas reacciones entre el público. Los hay que se entristecen, o se conmueven. Como el caso de un alumno que al final de la sesión, en un debate distendido con la protagonista, calificó la obra de «muy sincera y aterradora». Le llamó la atención porque le permitió «ver las emociones de gente mala, que destruyen sitios en los que viven otras personas, cuando lo que hay que tener es humanidad y empatía con otras personas».

La risa como reacción

Y otros, sobre todo en los picos de tensión, cuando Sotelo se desgañitaba, no pudieron evitar reírse. Pero a ella, lejos de molestarle, le gustó. «Fue una reacción honesta; la risa es también una reacción de defensa y, al fin y al cabo, es mejor reír que destruir», les explicó.

Fue la primera vez que esta obra la representaba ante escolares. Y al menos los que ayer asistieron se dieron cuenta, como les advirtió Nicolás Castellano, de que no tan lejos de donde ellos residen, otros niños como ellos llevan meses «viviendo en refugios como topos, sin ver la luz del sol durante meses y con los colegios cerrados». Quizás poco puedan hacer por ellos. O quizás sí. Sotelo les pidió que no dejen nunca de sentir compasión ante el dolor del otro, ya sea aquí, o en Ucrania. Por humanidad.