24 horas de silencio tras 200 años

El párroco de San Mateo revoca su primera orden y restablece los toques de las tres campanas del templo un día después de suspenderlos. Suenan menos, pero luchará por que lo hagan como antes

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO

Estuvieron mudas, pero solo fue un kitkat, apenas 24 horas de silencio tras 200 años de repiques, toques a medias y a horas y llamadas a culto, al menos de la más vieja de las tres que ocupan los huecos de la espadaña del templo del casco de San Mateo. El párroco, Sebastián Sánchez Grimón, revocó este 16 de julio la orden que había dado apenas un día antes para suspender los toques de las campanas. El sonido amortiguado de sus tañidos, al que le había obligado una denuncia ante la Fiscalía del edil del PSOE, Rubén Díaz, le parecía indino para San Mateo y optó por cortar por lo sano. Dejarían de sonar. Pero cambió de opinión. A las 17.00 horas del día del Carmen anunció el restablecimiento en el pueblo de esta centenaria tradición. Se seguirán escuchando los bronces, pero con menos intensidad. El viernes volvieron a tocar.

El cura hizo llegar un comunicado a Radio Las Medianías en el que justifica su cambio de posición tras percibir que esas 24 horas de silencio habían hecho ver a los vegueros lo que sería el pueblo sin sus campanas. «No hablamos de multitudes, pero sí de muchos vecinos de nuestro municipio que han tomado conciencia de qué sería nuestra Vega, y digo Vega, sin el tañir, el sonido musical , armonioso y alegre, de nuestras campanas ya familiares para los que vivimos y pernoctamos todo el año en San Mateo».

Pero el párroco no oculta que no le gusta ese nuevo sonido impuesto por vía judicial tras la denuncia del edil y las reiteradas quejas por escrito de un grupo de vecinos. Por eso desliza en su anuncio oficial un aviso a navegantes: «Trabajaremos para recuperar el sonido de las campanas como ha sucedido en nuestro lugar desde el año 1803».

Vecinos enfadados

Habrá que esperar a ver en qué medida el nuevo tañido, que el cura dijo que le sonaba a «cacharro viejo», contenta a unos y a otros, a los que se quejaban de que el sonido anterior era muy alto (de hecho, incumplía la normativa, al superar los decibelios permitidos, como así reflejó un estudio municipal), y a los que son partidarios de sentir sus avisos. Entre estos figura Antonio Rodríguez, un vecino de 84 años que vive en el casco y que este viernes no acertaba a entender por qué molestaban tanto las campanas. «Toda mi vida las he escuchado, y hasta me ayudan a saber que voy bien de oído». Llamó al periódico para trasladarle una pregunta al edil Díaz. «¿Por qué no denuncia el fraude fiscal que hay en San Mateo y deja en paz a las campanas?», le soltó.