Los agentes intensifican los controles en las playas, donde se encuentran muchas veces con grupos que superan el número máximo que permite la ley. / Cober

Garantes de la noche, la seguridad y la salud

CANARIAS7 acompañó a tres parejas de policías locales de San Bartolomé de Tirajana en su labor de vigilancia por la zona turística

ANDREA MENDOZA

Atardeceres que comienzan con llamadas. A las 20.00 horas la Policía Local del municipio grancanario de San Bartolomé de Tirajana recibe una alerta informándoles de que un niño se ha caído y se encuentra inconsciente en un parque cerca de las oficinas policiales. Los seis agentes se montan en tres furgones, activan las sirenas y acuden lo más rápido posible. Llegan, inspeccionan, no ven nada y preguntan a los ciudadanos. Falsa alarma, nadie sabe nada. Así comienzan Paco Morales, José Alberto Santana, José Fernando Pérez, Jesús Hernández, Yeray Cabrera y Eduardo Medina, una jornada en la que saben que, a medianoche, tendrán que estar en el anexo de Playa del Inglés para dispersar a la multitud de jóvenes extranjeros y canarios que hacen botellones ilegales incumpliendo las medidas anticovid.

«Este punto suele ser bastante problemático, pero hoy está tranquilo», comenta Morales en el Parque Europeo, la segunda parada de la patrulla; una zona donde siempre hay indigentes. «Toman copas, hacen asaderos, incluso la semana pasada había gallinas y pollos. Una imagen muy mala para los turistas», señala Pérez, mientras explica que muchas veces acuden antes de recibir un aviso. Él, junto con Medina, el funcionario más joven del Ayuntamiento, son de la promoción del 2008, la última que salió. «Trabajaríamos mejor siendo 12, deberíamos de ser más, al final nos perjudica a nosotros», apunta Pérez. «En 2019 se aprobó la jubilación voluntaria a los 60 de la Policía Local y autonómica y se ha ido mucha gente. La Policía Local quedó despoblada. Ahora se están publicando 30 plazas de nueva adquisición y siete de concurso de traslado», declara Morales.

Él es el más veterano de los seis. Lleva 27 años en el cuerpo y el 80% trabajando en el turno de noche: «Las mayores intervenciones en las que he participado fueron en las famosas persecuciones de la época del 'jaco'. Eso para mí ha sido lo más impactante por la adrenalina que me daba, persecuciones incluso desde Vecindario hasta Las Palmas de Gran Canaria». Hernández tampoco olvida la época «entre el 99 y el 2002, en la que raro era el día en el que no se produjera ningún tirón de bolso a turistas ni persecuciones, era rutinario». Tanto que en uno de esos años las estadísticas llegaron a registrar hasta 222 detenidos, «una pasada», señalan. Hernández también recuerda cuando los trileros se ponían en la avenida de Playa del Inglés: «Un día llegamos a detener a 22 personas de una banda».

Unidad canina

La noche transcurre y los agentes colocan un control antidrogas. Cabrera y Santana son los encargados del Grupo Operativo y Apoyo Canino (GOAC), cuentan con cuatro perros (Peka, Luna, Dama y Apolo) capaces de detectar varias sustancias estupefacientes. En uno de los coches que detienen, Apolo detecta un gramo sesenta de hachís: «Todos los días los perros hacen actuaciones, el consumo es habitual. Lo que más encontramos es marihuana, hachís, cocaína y algún derivado de esta última».

Los fines de semana, con los botellones que la gente realiza en los apartamentos y en la playa, Cabrera afirma estar «tan saturados» que tienen que elegir si trabajar más con los perros o evitar que se propague el covid.

Mientras realizan el control les llega un aviso de incendio en un apartamento. Una de las parejas se traslada al lugar. Todo esto en apenas una hora. Cuando llegan, se encuentran con la Policía Nacional y los bomberos municipales. Alguien se había dejado una sartén en el fuego. Por suerte, nada grave. Pérez y Medina fueron uno de los tantos agentes que en 2019 tuvieron que cubrir los incendios de Gran Canaria. «De madrugada veías cómo todo estaba ardiendo, íbamos a evacuar a la gente de sus casas y a sacar animales para que no murieran calcinados. Hicimos no sé cuántas horas, sabías cuando llegabas pero no cuando te ibas», rememora Pérez.

Un grupo de policías en labores de vigilancia por la zona de ocio nocturno de San Bartolomé de Tirajana. / cober

La siguiente parada es en uno de los locales de ocio del Holiday World para recordar a los propietarios que el cierre está establecido a las doce de la noche. Una medida que, por el momento, estará en vigor hasta el 31 de agosto. Entran y ponen nueve sanciones: personas que estaban de pie, otros abrazándose, otros levantándose sin mascarilla de mesa en mesa y una multa a un local por no velar por el cumplimiento de las normas, tal como está indicado en la Ley 1/2021, de 29 de abril, por la que se establece el régimen sancionador por incumplimiento de las medidas de prevención y contención frente al covid-19.

«La noche quema mucho», señala Pérez, quien afirma que compaginar el trabajo nocturno con la familia es «duro». Pasadas las doce comienzan a patrullar para disolver botellones. El problema es el mismo de todos los fines de semana desde que empezó el verano: todo cierra a la misma hora y la gente se acumula. El anexo de Playa del Inglés es uno de esos puntos calientes. Agentes de la Policía Nacional, junto con efectivos del cuerpo local, retiran a la multitud de la playa. «Con los botellones colaboramos más los dos cuerpos», indica Hernández.

Para los agentes la jornada finaliza a las 5 de la mañana. Pero antes tendrán que, pasar por el Yumbo porque hay locales que se han negado a cerrar a medianoche, acudir a viviendas por llamadas de molestias domiciliarias debido a fiestas que superan el número permitido de personas y atender cualquier incidente: «La otra noche localizamos a un chico rompiendo retrovisores». Habrá que esperar para saber con qué llamada amanecen.