Pablo Pérez, de jugar en las fiestas de Corralejo a la Selección Española de fútbol playa

El deportista se inició en el fútbol playa en las fiestas del Carmen de Corralejo, en tres meses era campeón de Canarias, en un año competía con el equipo campeón nacional y en dos en la Roja

Canarias7 / Puerto del Rosario

La de Pablo Pérez es una de esas historias de sacrificio, superación, talento y logros deportivos que solo pueden contarse los grandes campeones. De jugar un torneo de fútbol playa en las fiestas del Carmen de Corralejo, en tres meses ya era campeón de Canarias, en un año competía con el equipo campeón de España y en dos años estaba en la Selección Española.

Aquel torneo de pueblo fue en el año 2011, y a punto de cumplirse ocho años de aquello, Pablo Pérez ya forma parte de ese reducido grupo de futbolistas majoreros que ha desarrollado una carrera profesional, acumulando una trayectoria por clubes de toda Europa, y un interminable palmarés en fútbol once, fútbol sala y sobre todo fútbol playa, una disciplina para la que tiene cualidades innatas. El Ayuntamiento de La Oliva ha reconocido al futbolista de Corralejo por su carrera profesional.

En fútbol playa, cuenta con más de treinta convocatorias con la Selección Española (4º en una Eurocopa), es bicampeón de la liga italiana, la más importante del mundo, campeón de la liga española, y campeón de la Copa de América y del US Open, además de máximo goleador y mejor jugador en incontables torneos. En fútbol sala, ha sido campeón de la liga inglesa, entre otros muchos títulos.

A sus 34 años le queda cuerda para rato, militando a día de hoy en cinco clubes de otros tantos países al mismo tiempo, y hace dos años ha iniciado un interesante proyecto de formación, la Escuela de Tecnificación y Fútbol Playa Pablo Pérez, que ya tiene a 70 niños y niñas entrenando, y controlando el cupo para prestarles una buena atención. Es el resultado de contar al frente de este proyecto con uno de los referentes mundiales del fútbol playa.

El majorero Pablo Pérez tiene unas cualidades innatas para el fútbol playa, gracias a su gran físico, potencia y juego aéreo. «Metía goles de chilena cuando casi ni sabía hacerlas», dice riendo. «Me di cuenta que, si entrenaba en cuerpo y alma, me podía dedicar a esto. Me puse a entrenar mucho, yo solo, a fijarme en los mejores jugadores para hacer lo mismo, y conseguí subir el nivel».

De la generación de 1985, se inició tarde en el fútbol playa, a los 27 años. Pero antes de eso ya era un buen futbolista. «Jugaba en primera regional de fútbol con La Oliva, y me llama un equipo de Segunda División de fútbol sala de Gran Canaria, llegando a disputar el ascenso a Primera».