Juan José Hernández Cabrera, de doce años, con la cerámica que está completamente decorada, la parte superior con mamelones, algo excepcional. / Javier Melián / Acfi Press

Un niño localiza de manera casual una vasija única de los aborígenes

La cerámica es ovalada, pequeña y de decoración profusa, seguramente de carácter votivo. El chico la ha donado al Museo Arqueológico, en Betancuria

Catalina García
CATALINA GARCÍA Betancuria

Ovalada, completamente decorada, de pequeño tamaño, la vasija encontrada por el niño Juan José Hernández Cabrera tiene todo para convertirse en una pieza única dentro de la morfología de la cerámica de la cultura de los mahos en Fuerteventura. El Museo Arqueológico Insular presentó ayer el hallazgo casual donado por el chico junto con el díptico 'El Pueblo Majo. El legado de un pasado', un folleto divulgativo sobre la importancia de los materiales arqueológicos de los aborígenes y sobre cómo actuar hacer frente a los hallazgos casuales, que es lo mismo que hizo Juan: no tocar nada y avisar a las autoridades competentes en Arqueología.

A falta de los análisis de los expertos, la vasija podría tener un carácter votivo, es decir los mahos la usaban en ceremonias mágico-religiosas, aunque no tiene nada en su interior que pueda corroborar su uso. Es pequeña, si se la compara por ejemplo con un tofio, una de las cerámicas más habituales de los mahos: siete centímetros de alto, 15,5 centímetros de longitud y doce centímetros de ancho. También resulta excepcional por su un estado de conservación regular, con varias grietas longitudinales en su fondo y cierta erosión en sus paredes exteriores, pero entera.

La cerámica es ovalada, también algo único en la morfología de la cerámica de la cultura de los mahos, y de base plana. Ahora bien, su máxima rareza reside en la decoración profusa: en la parte de arriba, tiene dos filas de mamelones o pequeñas protuberancias, que sólo se han visto en otra pieza: una vasija del Museo Arqueológico que sólo tiene una fila. A los mamelones, se añaden los típicos surcos verticales hasta la base de la cerámica, que son muy característicos de la decoración del pueblo maho.

La pieza es de color negro es su exterior y anaranjado en el interior, lo que hace necesario realizar un mayor análisis para comprobar si las partes negras corresponden al propio proceso de reducción de la cerámica durante su cocción, o si la causa es su uso doméstico y reiterado contacto con el fuego.

Una mañana de domingo, cuando con su familia lo llevó a ver los volcanes, en una cuevita que le pareció «distinta a las demás», casi una grieta en el malpey, Juan José Hernández Cabrera enfocó dentro con la linterna del móvil y chilló: «Encontré una cerámica».

El Museo Arqueológico, dependiente de la Consejería de Patrimonio Histórico del Cabildo y sito en Betancuria, no expondrá por ahora la pieza sino que debe someterla a las labores de restauración, consolidación y análisis.