La talla más antigua, que data de hace unos 60 años y que va de casa en casa, con Amparo Hernández, vecina que donó el suelo del centro cultural donde luce la otra imagen de Fátima en mármol. / C7

Cada Virgen de Fátima en su lugar en Mesque

Dos tallas. La imagen de la Virgen de Fátima en mármol luce en el centro cultural de Mesque. La antigua talla, comprada por los vecinos, pasa de casa en casa desde hace unos 60 años

Catalina García
CATALINA GARCÍA Puerto del Rosario

Mesque, en el municipio de Pájara, tiene dos imágenes de la Virgen de Fátima y una misma devoción. El origen data de hace unos 60 años, cuando los vecinos de Mesque, Buen Paso, el Bienvenido, la finca del Marqués y Ternemoy hicieron una colecta para adquirir una primera talla, en la que jugó un papel importante la maestra María Jesús Sosa Saavedra y también Teresa Mayor. Esta primera Virgen pasa desde entonces de casa en casa cada día en la caja de madera elaborada por el carpintero Juan Sánchez Ramos. La segunda imagen luce en mármol de Carrara, esculpida por el artista Juan Miguel Cubas hace diez años, y desde el fin de semana está a la vista de todos en una hornacina construida por el Ayuntamiento de Pájara en el centro cultural.

No se sabe por qué surgió la devoción precisamente por la Virgen de Fátima en Mesque, sí que desde mediados del siglo XX comenzó a calar en la época rural y agrícola, sin agua y sin luz, como casi todo el resto de Fuerteventura. Tampoco había una ermita donde ir a misa o donde bautizar o recibir la primera comunión. En cada casa, trabajaban el marido y la mujer en los tomateros y el ganado.

Sí había una escuela al frente de la que estaba María Jesús Sosa Saavedra, la señorita María Jesús, como la conocían todos. En torno a ese colegio que aún se levanta en Ternemoy, se juntaron todos los deseos: tener una imagen de la Virgen de Fátima, preparar a los niños y las niñas para hacer la primera comunión (que lo hacía la propia docente) y celebrar una fiesta de final de zafra el 13 de mayo. Los chiquillos iban casa por casa para pedir dinero para los golosinas y los refrescos de ese día que transcurría, tras la ceremonia religiosa en la misma escuela, entre asaderos, teje y baraja.

El resto del año, la imagen iba de casa en casa cada día, salvo alguna vez que enfermaba alguien de gravedad y permanecía más tiempo. Así se repitió hasta que, a mediados de los años 70, cerró el colegio y se dejó celebrar la misa, de reunirse mirando al barranco y de prepararse para la primera comunión. También cambió el ritmo laboral, que marca la vida: los 80 trajeron el turismo y los vecinos empezaron a trabajar fuera de la zona.

El rito se rescató sobre 2003, cuando el Ayuntamiento de Pájara levantó el centro cultural en el suelo donado por Amparo Hernández Navarro y se volvió a la fiesta del 13 de mayo presidida por la imagen que paraba por un día su itinerario, ya con la cajita de madera elaborada por el carpintero Juan Sánchez Ramos. En 2005, no hubo celebración por la enfermedad de unos vecinos.

A la talla inicial que va de familia en familia, se sumó la esculpida en mármol por el artista Juan Miguel Cubas hace diez años. La misma que, desde este fin de semana, luce en la hornacina del centro cultural. En el acto, coincidieron las dos Fátimas y Amparo Hernández Navarro retomó el turno de la imagen casa por casa.