Belinda de León Cabrera, en la fase eutímica, cuando vuelve a ser ella. / Mónica armas

Belinda: «Yo no soy bipolar, padezco desde hace 20 años ese trastorno»

Socia de Asomasamen, convirtió su enfermedad en material de un trabajo de clase de la Escuela de Arte de Fuerteventura para mitigar el estigma que pesa sobre la salud mental

Catalina García
CATALINA GARCÍA Puerto del Rosario

Belinda de León Cabrera lo dice bonito, muy bonito: « Quiero disolver el miedo» que envuelve a los padecen una enfermedad mental. La suya, la que sufre y capea desde hace unos veinte años, es el trastorno bipolar que ella matiza muy bien: «Yo no soy bipolar, padezco este trastorno».

Miembro de la Asociación Majorera por la Salud Mental ( Asomasamen), Belinda ha normalizado tanto su trastorno que lo convirtió en materia educativa cuando era alumna de Fotografía en la Escuela de Arte de Fuerteventura. Y lo hizo en primera persona: ' Autorretrato, los estados de ánimo en el trastorno bipolar' que está ilustrado con fotografías de Mónica Armas.

Belinda (Toto, Pájara, 1959) empieza su trabajo por definir su enfermedad. «Afecta tanto al estado de ánimo como a la conducta. Los que padecemos este trastorno afectivo, pasamos por estados emocionales extremos, que van desde la energía excesiva y la euforia hasta la depresión más profunda y los pensamientos suicidas. Nuestros estados de ánimo cambian bruscamente de un extremo al otro». Estos mismos síntomas se los detectaron hace unos veinte años, cuando era una mujer como otra cualquiera, dedicada a equilibrar la crianza de los tres hijos con el trabajo de profesora de Educación Física.

Belinda expresa así cómo se siente en la cresta de la ola, que es como llama a la fase maniaca de la enfermedad bipolar. / mónica armas

Desde entonces, su mente sabe del entusiasmo, la energía, la autoconfianza, la velocidad de asociación mental, la fluidez del pensamiento y el estado de ánimo alto, que son las características de la primera de las tres fases: la maniaca o eufórica. Pero pasa rápida por ella para explicar la fase depresiva, «la más dolorosa para los que padecemos la enfermedad. Simplemente no deseas vivir». Hasta de esa fase se sale a flote para pasar a la tercer y última: la eutímica, que «no es más que la normalidad de la conducta y del ánimo».

Esta fase de normalidad suele tener una duración variable, dependiendo de la persona, del tipo de trastorno que padezcas y otros variados factores. En el caso de Belinda, diagnosticada de trastorno bipolar tipo 1, «mis períodos de eutimia entre los cuatro episodios que me han sobrevenido han sido los dos primeros de cuatro años cada uno, al tercer episodio le siguieron ocho años de normalidad y el último episodio maníaco me sobrevino en agosto del 2015».

La fase depresiva, que define como el pozo más profundo de la desesperanza. / Mónica armas

En estos cuatro episidios, requirió ingreso hospitalario. Desde marzo de 2016, cuando realizó el trabajo para la Escuela de Arte de Fuerteventura, sin embargo gozaba de un período de fase eutímica postdepresión «que sueño que continúe por mucho tiempo».

Dentro de esa eutimía postdepresión, Belinda reconoce que tiene altibaljos en su estado de ánimo casi a diario. «Podemos tenerlos incluso durante una semana completa, pero eso no es una enfermedad. Nos pasa a todos. Nuestro carácter y personalidad nada tienen que ver tampoco con la tendencia a desarrollar la enfermedad», confirma en 'Autorretrato'.

El luto, que es la fase depresiva no profunda. / mónica armas

Ella lo sabe: el próximo estadío en llegar será la fase maniaca, «bastante efímera, pero contundente». Pero, si no acostumbrada, sí tiene la confianza de que su familia la ve venir con antelación y la ponen sobreaviso. «Y tomamos medidas» -y lo dice en plural- «y si es necesario me ingresan de nuevo en la Unidad de Internamiento Breve del Hospital General de Fuerteventura durante quince días».

Tras esa estancia en el Hospital, «vuelvo a poner los pies sobre la tierra y, aunque bastante deprimida, decidiré afrontar ese período de recuperación hasta que llegue el optimismo que me había abandonado y que es tan característico de mi personalidad».

Así es Belinda de León, risueña y sociable. / mónica armas

Ese carácter de Belinda se empezó en forjar en Toto, en el municipio de Pájara, donde nació con doña Saturnina, la partera del pueblo, como le gusta contar. «Cuatro de mis cinco hermanos nacieron allí, menos la última en Gran Canaria. Mi padre Silvestre de León García y mi madre Teresa Cabrera Sanabria vivieron en Toto casi toda su vida y hasta se casaron allí. Tenían una tienda y, en 1964, se mudaron con todos los hijos a Puerto del Rosario donde abrieron una zapatería».

Aún quedaban años para que se insinuaran los primeros síntomas del trastorno bipolar que, a veces, la hace volar, otras tropezarse contra el suelo, pero siempre remontar.