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El condenado, durante el juicio con jurado que le consideró culpable. EFE / Quique Curbelo
18 años y medio de cárcel por asesinar a un okupa con unas tijeras amarradas a un bastón con cinta aislante

18 años y medio de cárcel por asesinar a un okupa con unas tijeras amarradas a un bastón con cinta aislante

La Sección Sexta de la Audiencia Provincial de Las Palmas condena a Jesús M.L. por matar al que había denunciado hasta en cuatro ocasiones por vivir en un piso de su propiedad

Catalina García

Puerto del Rosario

Miércoles, 2 de diciembre 2020, 17:32

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A 18 años y seis meses de cárcel, la Sección Sexta de la Audiencia Provincial condena a Jesús Millán por el asesinato en 2018 del hombre al que había denunciado en cuatro ocasiones por vivir en parte de un piso de su propiedad en Morro Jable, en el municipio de Pájara. La sentencia aprecia alevosía en el delito por cuanto el acusado se valió de medios ejecutivos, esto es media hoja de tijera amarrada en un bastón con cinta aislante, «que limitaron de forma ostens

A 18 años y seis meses de cárcel, laSección Sexta de la Audiencia Provincial condena a Jesús Millán por el asesinato en 2018 del hombre al que había denunciado en cuatro ocasiones por vivir en parte de un piso de su propiedad en Morro Jable, en el municipio de Pájara. La sentencia aprecia alevosía en el delito por cuanto el acusado se valió de medios ejecutivos, esto es media hoja de tijera amarrada en un bastón con cinta aislante, «que limitaron de forma ostensible cualquier defensa que hubiera podido desplegar la víctima: el ataque en un recinto de pequeñas dimensiones, el aprovechamiento de la superioridad y la ventaja que le otorgaba estar armado frente a la víctima desarmada (o armada con una silla y una litrona de Cruzcampo)».

La Audiencia Provincia considera probado que el ahora condenado, la noche del día 21 de enero de 2018, se desplazó desde su casa en Costa Calma hasta Morro Jable. Allí, localizó al okupa que entró en un bar gritando «se va a liar» y «me quiere matar» perseguido por Jesús que estaba armado lo que, según describe la sentencia, «en apariencia simulaba ser un bastón de madera, en cuyo extremo se había insertado media hoja de tijera con cinta aislante».

Dentro del bar, el agresor golpeó a la víctima con el bastón «de forma que se le clavara la tijera en múltiples ocasiones en el tórax, zona pectoral y extremidad superior derecha, defendiéndose lanzando botellas y otros objetos que encontró, así como una silla que utilizaba a modo de escudo».

A pesar de las heridas, el hombre pudo salir del bar y escapar unos 30 metros, pero le persiguió hasta darle alcance y propinarle un nuevo golpe con el bastón terminado en hoja de tijera que echó por tierra a la víctima. Aprovechando que estaba en el suelo, Jesús Millán cogió una piedra con la que le golpeó en la cabeza «en al menos una ocasión, propinando igualmente varias patadas, no cesando en estos golpes sino hasta ser inmovilizado por una tercera persona».

No trastorno mental

Los testigos del bar confirmaron que el acusado no usaba el palo de una forma normal, se puede leer en la sentencia, «pues no intentaba golpear (haciendo los testigos gestos similares al uso de un bate) sino que intentaba pinchar, de lo que es fácil deducir que el acusado conocía que el bastón acababa en un objeto punzante. Del mismo modo los testigos que se encontraban en el interior del bar señalan que ninguno de ellos se dio cuenta de la existencia de la hoja de la tijera, hablando de una pelea normal».

La Audiencia coincide con el jurado -que emitió un veredicto de culpable el pasado 13 de noviembre- en que no se da el eximente incompleta de trastorno mental transitorio en el condenado. Y lo hace basándose en que, durante el juicio oral celebrado a mediados de noviembre, de tres peritos que habían estudiado al acusado, «dos niegan cualquier tipo de patología mental o psicológica y la que si lo afirma descarta influencia en los hechos».

Por lo que se refiere a la responsabilidad civil, la Audiencia condena al asesino a pagar 150.000 euros para el hijo del fallecido y 100.000 para la madre.

La sentencia realiza una reflexión sobre el fenómeno de los okupas. «Nos encontramos ante unos hechos que no deberían haberse producido, (...). más entiendo que se trataba de una muerte evitable de haber concedido a los Juzgados y Tribunales medidas eficaces para prevenir o en su caso solucionar con rapidez por medio de medidas cautelares, la usurpación inmobiliaria».

ible cualquier defensa que hubiera podido desplegar la víctima: el ataque en un recinto de pequeñas dimensiones, el aprovechamiento de la superioridad y la ventaja que le otorgaba estar armado frente a la víctima desarmada (o armada con una silla y una litrona de Cruzcampo)».

La Audiencia Provincia considera probado que el ahora condenado, la noche del día 21 de enero de 2018, se desplazó desde su casa en Costa Calma hasta Morro Jable. Allí, localizó al okupa que entró en un bar gritando «se va a liar» y «me quiere matar» perseguido por Jesús que estaba armado lo que, según describe la sentencia, «en apariencia simulaba ser un bastón de madera, en cuyo extremo se había insertado media hoja de tijera con cinta aislante».

Dentro del bar, el agresor golpeó a la víctima con el bastón «de forma que se le clavara la tijera en múltiples ocasiones en el tórax, zona pectoral y extremidad superior derecha, defendiéndose lanzando botellas y otros objetos que encontró, así como una silla que utilizaba a modo de escudo».

A pesar de las heridas, el hombre pudo salir del bar y escapar unos 30 metros, pero le persiguió hasta darle alcance y propinarle un nuevo golpe con el bastón terminado en hoja de tijera que echó por tierra a la víctima. Aprovechando que estaba en el suelo, Jesús Millán cogió una piedra con la que le golpeó en la cabeza «en al menos una ocasión, propinando igualmente varias patadas, no cesando en estos golpes sino hasta ser inmovilizado por una tercera persona».

No trastorno mental

Los testigos del bar confirmaron que el acusado no usaba el palo de una forma normal, se puede leer en la sentencia, «pues no intentaba golpear (haciendo los testigos gestos similares al uso de un bate) sino que intentaba pinchar, de lo que es fácil deducir que el acusado conocía que el bastón acababa en un objeto punzante. Del mismo modo los testigos que se encontraban en el interior del bar señalan que ninguno de ellos se dio cuenta de la existencia de la hoja de la tijera, hablando de una pelea normal».

La Audiencia coincide con el jurado -que emitió un veredicto de culpable el pasado 13 de noviembre- en que no se da el eximente incompleta de trastorno mental transitorio en el condenado. Y lo hace basándose en que, durante el juicio oral celebrado a mediados de noviembre, de tres peritos que habían estudiado al acusado, «dos niegan cualquier tipo de patología mental o psicológica y la que si lo afirma descarta influencia en los hechos».

Por lo que se refiere a la responsabilidad civil, la Audiencia condena al asesino a pagar 150.000 euros para el hijo del fallecido y 100.000 para la madre.

La sentencia realiza una reflexión sobre el fenómeno de los okupas. «Nos encontramos ante unos hechos que no deberían haberse producido, (...). más entiendo que se trataba de una muerte evitable de haber concedido a los Juzgados y Tribunales medidas eficaces para prevenir o en su caso solucionar con rapidez por medio de medidas cautelares, la usurpación inmobiliaria».

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