Chicas y chicos del IES Guía se reúnen una vez por semana en el patio del centro para hablar de igualdad. / Cober

Frente al negacionismo, activismo en las aulas

Comité de igualdad. El IES Guía fomenta a través de un taller específico las relaciones de respeto entre géneros. Los chicos y chicas «activistas» defienden su necesidad

Patricia Vidanes Sánchez
PATRICIA VIDANES SÁNCHEZ

Coincidiendo con la celebración del 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, se suceden los actos reivindicativos, informativos e incluso simbólicos en torno a la lucha contra la desigualdad por razón de género y más concretamente contra la violencia hacia las mujeres, el máximo exponente de la sinrazón machista. En el IES Guía la llegada del 25N es una excusa más para seguir trabajando como lo hacen desde más de una década desde el Comité de Igualdad como eje. La subdirectora del centro educativo y coordinadora de Igualdad, Alicia Vega Rodríguez, se reúne en el patio junto a veintena larga de chicas y chicos cada miércoles, en el horario de recreo. Allí debaten sobre los temas que les preocupan, situaciones de desigualdad a las que se enfrentan en su vida diaria o sobre la más rabiosa actualidad desde una perspectiva de género.

«Aquí -en el instituto- hay negacionistas de la violencia de género como también hay negacionistas de la covid», señala la docente. Unos negacionistas que dicen los últimos estudios crecen en número. Tanto que uno de cada cinco jóvenes varones cree que la violencia de género no existe y que es un «invento ideológico», según se recoge el Barómetro Juventud y Género 2021, realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD). Esta llamativa cifra detrás de la que hay rostros, supone el doble del porcentaje recogido en el estudio fechado en 2017.

Pero esos negacionistas no se encuentran entre los miembros del Comité de Igualdad del IES Guía, donde abrumadoramente dominan las chicas frente a los chicos. Breixo Alemán Aguiar, de 17 años, y Francisco José Santana Alonso, de 16, estudiantes de 2º de Bachillerato de la rama sanitaria, lo explican. «Es importante que haya variedad de opiniones y no solo chicas», señala Breixo, mientras que Francisco José destaca que la minoritaria presencia de chicos en el taller de igualdad responde a que «pueden sentirse ridiculizados por pertenecer a un grupo de chicas», motivo más que suficiente ya para defender la necesidad de este grupo de trabajo.

«Hay compañeros que no piensan que sean iguales que nosotras». Frente a eso trabaja el Comité de Igualdad

En esta misma línea se expresan las chicas del Comité de Igualdad del IES Guía. «Los chicos piensan que si están aquí, van a estar discriminados», reconoce Leyre Almeida Santiago, de 14 años. Y es que «todavía hay chicos que piensan que hay cosas de chicos y de chicas». Colores, juguetes, objetos, expresiones artísticas, prácticas deportivas... la mirada sesgada del machismo está presente en el día a día, también de los más jóvenes, que por edad además sienten una gran necesidad de aceptación por parte del grupo.

Y el patio de cualquier centro educativo es un lugar de dominio. Relegado el fútbol o el baloncesto para evitar precisamente situaciones de dominio, aglomeraciones y contacto en tiempos de pandemia, la mesa del ping pong se ha convertido en espacio de poderío. «Ahí también vemos las relaciones de poder», apunta la profesora Alicia Vega, y la estudiante Daniela Mendoza Hernández lo corrobora. «Vengo al Comité porque apoyo la causa del feminismo, y que haya un espacio como este, donde se da voz, me parece muy bien. Soy una activista». Y defiende Daniela la necesidad de su activismo con casos prácticos: «Yo antes jugaba al fútbol, y se priorizaba que estuvieran las chicos frente a las chicas. No se fomenta el juego» femenino, la práctica deportiva sin discriminación por razón de género, sino que «se da prioridad a ganar».

Julia de Souza-Pinto Cabrera -14 años, estudiante de 3º de la ESO-, lleva dos años en el Comité de Igualdad del instituto, desde donde, señala, se pueden hacer muchas cosas para romper prejuicios. «Me gusta la idea de que la gente de mi edad sea respetuosa». «Noto el machismo por la calle, en comentarios que no vienen a cuento; en situaciones que parecen normalizadas». De ahí la necesidad de aprender a ser tolerantes y respetuosos, como apunta Inés Aguiar Santiago. «No debería, pero hace falta este Comité de Igualdad, porque la gente no está concienciada». Y eso también se palpa en un centro educativo. «Hay compañeros que no piensan que sean iguales que nosotras; que nos ignoran; que se consideran mejores». Pero frente a eso, «nosotras somos luchadoras, y eso se lleva al resto de la vida».