«El que está al mando en EE UU no tiene empatía»

El grancanario Juan Francisco Martínez, un referente en el mundo de la danza explica cómo vive la lucha contra la pandemia desde Nueva York, ciudad en la que lleva residiendo desde que llegó hace ya más de 25 años.

David Ojeda
DAVID OJEDA

Juan Francisco Martínez habla con ese deje en el que se entremezclan los rejos de su acento nativo y la rutina de llevar 25 años residiendo en Nueva York. Sereno. Con la precisión que evidentemente han tallado en él tantos años siendo un referente en el mundo de la danza. Hoy da clases en la prestigiosa Academia Julliard y asiste a la evolución de la pandemia desde su casa en el East Village. «El problema que tenemos en Estados Unidos es que el que está al mando no tiene ninguna empatía», estima.

Martínez lleva un cuarto de siglo en Estados Unidos. Tiempo suficiente para descifrar la realidad de un país que en este tiempo ha pasado por momentos tan complicados como los atentados del 11 de septiembre.

«Esta situación nos ha pillado encima en año electoral. Trump está haciendo campaña las 24 horas del día siempre y ahora mucho más», indica este reputado profesional salido de Gran Canaria y del que en su hoja de servicios destacan sus años en la Compañía Nacional de Danza o en el Ballet royal de Wallonie.

Nueva York es un estado peculiar dentro de una país en el que el presidente recomienda beber lejía. Su gobernador Andrew Cuomo llleva sus propios ritmos con su singular carácter.

Martínez, no obstante, muestra también su sensación de cómo ha funcionado el relato de estos días para la historia. « Desde enero estábamos viendo las noticias de lo que sucedía con el coronavirus. Y me extrañaba que no se tomará ninguna medida. Aquí viven nueve millones de personas, a la que viene gente de todo el mundo todo el rato. Y era imposible que no nos tocara de una forma masiva», indica.

Ahora, confinado, sigue con su tarea docente pero en un escenario muy complicado. «Todos los espectáculos del semestre se han cancelado. Es caótico porque estamos trabajando en línea, pero dar una clase técnica de danza es muy complicado. A nuestros estudiantes le estamos ofreciendo dos horas de clases de una hora cada día de la semana. Esta es una escuela de artes escénicas muy famosa, con unos estándares y unas audiciones muy duros, en danza solo aceptamos 24 candidatos cada año de 800 personas que se presentan al año. Con una población muy internacional, y mucho alumnado asiático», señala.

Por lo pronto sigue con su rutina y con unas restricciones más laxas que en España. «Yo salgo todas las tardes a dar un paseo cerca de mi casa. Si pides un café al Starbucks lo tienes que hacer por internet y te lo tienen preparado, ya prepagado, en una mesa fuera del local. Pero ves cómo todas debilidades del sistema, a pesar de que este país ha vivido de la arrogancia de su apogeo del siglo XX y ve cómo se le escapa de las manos de la forma más surreal y simple», dice.

«Nueva York no está vacío. Vivo muy al este y frente a mi casa hay viviendas de protección oficial donde ves a gente que no puede dejar de ir a trabajar. Por eso ha habido una incidencia tan grande en las minorías. Este virus no discrimina pero cuando tienes que salir a trabajar estás más expuesto. Y se ve la diferencia social que existe con un sistema de atención médico privado y con un líder con tan pocos valores éticos», resume sin ambages.

Currículo.

Sintetizar la trayectoria profesional de Juan Francisco Santana, al que sus allegados conocen como Pillo, es muy complicado. Formado en Gran Canaria con Lorenzo Godoy y a partir de ahí despegó. Lleva desde 2009 enseñando en la Julliard, pero antes pasó, por ejemplo, por sitios como Les Grands Ballets Canadiens de Montreal, BJM Danse-Ballet Jazz de Montreal, Boston Ballet o Alvin Ailey American Dance Theater...