Carretera que atraviesa Las Ledas. / AHORA.PLUS

En busca de Ismael, desaparecido en 1949

Misterio. En 1949, cuando explotó el volcán de San Juan, un vecino de la zona de las Breñas desapareció. Algunos creen que se trata de la única víctima que se cobró la erupción. Otros cuestionan esa versión

TONI FERRERA (AHORA.PLUS) Las Palmas de Gran Canaria

En La Palma coexisten dos municipios que se llaman casi igual: Breña Alta y Breña Baja. Las casas, por lo general, son pequeñas y rectangulares, alargadas, de colores claros y suaves. No hay masificación de viviendas. No hay bullicio. No hay caos. Al este de la isla, esta zona está caracterizada por su clima templado: en verano, hace fresco; en invierno, también. Es como si la población residente viviera en constante armonía con la naturaleza y el entorno, como si estuviera gritando todo el rato: aquí no pasa nada, aquí no se pierde ni una mosca.

En el Valle de Aridane, donde explotó el volcán sin nombre hace dos meses, se escuchan los pasos al caminar por la acumulación de cenizas. En las Breñas, al otro lado de la isla, ocurre lo mismo porque directamente no hay nada más. Aquí se dio una de las mayores catástrofes que ha sufrido La Palma en su historia reciente: 26 personas murieron por una trágica riada que arrastró árboles, piedras de gran tamaño, casas y cultivos el 16 de enero de 1957. Marquitos, que tiene su finca junto a una de las zonas devastadas, apunta a distintos puntos del barranco donde antes había vida. «Mira, eso era un pajero, ¿ves la pared? Había una yunta de toros y [la crecida] se la llevó. Dicen...», agrega Marquitos, que prefiere no hacer afirmaciones categóricas porque no es de la zona «a pesar de haber estado 50 años aquí».

En esa riada ya no estaba Ismael, del barrio de Las Ledas, Breña Baja. Según cuenta el periódico 'La Tarde,' una cabecera tinerfeña que dejó de publicar en 1982, durante la erupción del volcán de San Juan de 1949 «salió de su domicilio con dirección al monte, el vecino Ismael Pérez Bravo, sin que hasta la fecha se haya vuelto a saber de él. Grupos de vecinos han recorrido los sitios por donde fue visto por última vez el mismo día, a las 12.30, resultando infructuosas las pesquisas realizadas para encontrarlo. Era un sujeto extravagante y sencillo, muy popular en este pueblo, pues estaba constantemente cantando y riéndose». El artículo señala que «salió con intenciones de traer leña, pero por el camino dijo a alguien que pensaba ir a ver el volcán, a partir de cuyo instante, como se ha dicho, no se ha vuelto a tener noticias suyas».

A Ismael lo recuerdan como alguien que estaba «perdido de la cabeza» qye iba continuamente «de allá para acá»

Hay otro relato similar. En el libro 'El volcán de San Juan. Crónica de una erupción del siglo XX', el cronista oficial del municipio de Fuencaliente [sur de La Palma], Juan Carlos Díaz, recoge el testimonio de Francisco Sánchez Pérez, del barrio de Las Manchas. «Hasta que bajó la lava por Mazo, la gente venía a montones. Fue una catástrofe para algunos, pero dio crecimiento a la isla y solo un desaparecido por la zona de las Breñas, que estaba algo trastornado. Por lo demás, no hubo desgracias». Ismael es el «desaparecido» que recogen otras informaciones periodísticas actuales para contar las consecuencias que dejó ese proceso eruptivo. Es el hombre que subió a la montaña y nunca regresó.

En el bar Balcón Canario se miran extrañados. Entre café y café sale la pregunta: ¿conocen la historia de Ismael? Nadie sabe o dice nada. Los allí presentes, todos de entre 40 y 50 años, nombran la figura de un señor que quizá podría ayudar: Elías Bienes, que vive a unos 200 metros del local, justo en la misma calle. Allí, en una casa rosada con grandes ventanales, abre la puerta una mujer. Elías mira desde el final del pasillo, con la curiosidad de un niño que quiere entender qué está pasando. Después de unos minutos, se acerca; ha escuchado el nombre de un muchacho con el que se relacionó de joven.

«Ismael, uno que vivía por el caminito hacia abajo... A él no sé qué le dio. Ese muchacho andaba por ahí, no hacía daño, nunca faltaba al respeto. Algunas personas se lo llevaban cuando cavaban papas, él se ponía a juntar y después le daban un saco. Porque era gente pobre», detalla Elías. «Yo era chico. Él era un hombre al que le decían cualquier cosa, tenía una hermana y una madre, pero todos fallecieron ya. A él lo dieron por perdido, nadie sabía nada, nadie lo había visto. Y entonces se creyó que si se fue a ver lo que pasaba con el volcán. A lo mejor cayó por una zanja o se asfixió... Pero creo que el cuerpo nunca lo encontraron».

Elías describe con precisión a Ismael. Dice que «no tenía conversación, que venía con un cuento y si le dabas un recado aquí para que se lo diera a un vecino allí, se olvidaba». Que estaba «perdido de la cabeza, se la pasaba por aquí en la carretera, de allá para acá». Que era conocido por todos «de vista». «Yo era más pequeño que él, muy chico, nací en el 32 y lo conocí así».

«Oficialmente», recuerda, «nunca se supo que murió en el volcán. Lo que sucedió es que, como él iba de un sitio para otro, no llegaba a la casa a la hora de la comida... Y entonces, después de que reventó el volcán, como siempre andaba por estas carreteras, los vecinos decían: ¿Ismael? ¿Está enfermo? Fueron a la casa y le preguntaron a la madre y a la hermana. (...) Y dicen: ay, m'hijo, pues yo no sé de Ismael hará como cuatro días. No lo vieron más». Según Elías, él «se ponía a hablar del volcán, disparates... Las facultades no le daban para más. La gente le echaba bromas... Y eso, pasando miseria y trabajo. Él de esta zona no salía nunca. Y después del volcán fue cuando desapareció. Ya después de eso... No se ha oído más nada, ni datos... No se supo». Lea el reportaje completo aquí.