Un cuarto de siglo en colores

Santa Cruz de La Palma celebraba en 1993 el 500 aniversario de su fundación. La ciudad bullía perfilando eventos, actuaciones o publicaciones. Y como la ciudad, los artistas que integraban El Taller querían hacer algo grande. ¡Y vaya si lo hicieron! Su acción de pintar de colores las casas de los balcones, lo más emblemático de la ciudad, aún pervive.

ROSA RODRÍGUEZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE

Se planteó como una acción para 24 horas, pero lleva 24 años casi inalterada. Santa Cruz de La Palma se rindió al color cuando sus paredes, por imperativo legal, solo se podían pintar de blanco. Fue un 6 de noviembre de 1993, cuando Facundo Fierro y el foro artístico El Taller retiraron la tela que cubría los seis edificios más emblemáticos de la ciudad, la casas de los balcones de la avenida Marítima. Los que esperaban a que cayera aquel telón quedaron «fascinados».

Tanto gustó la propuesta que fueron los propios ciudadanos, deslumbrados por el cambio, los que reclamaron al Ayuntamiento que las casas de los balcones permanecieran pintadas de aquellos colores.

Facundo Fierro recordaba desde la infancia los colores de las casas de la ciudad reflejadas en acuarelas de distintas épocas y un día empezó a hurgar en los desconchones de las paredes para descubrir que «bajo la pintura blanca había otra ocre y más abajo otra añil, eran como páginas de la historia cromática de la ciudad». Luego rascó en otras casas y, con las muestras en la mano, se preguntó «qué había pasado para que la ciudad perdiera, bajo la dictadura del blanco, los colores que había acumulado a lo largo de 500 años de historia». De esa pregunta surgió la reflexión y de ella una acción artística sin precedentes que casi 25 años después aún es el emblema de la ciudad.

Resulta curioso que la carta de colores de la arquitectura de Santa Cruz de La Palma, que tiene su base en la cal y en pigmentos naturales, principalmente los óxidos de las tierras de cada lugar, se adoptara en otras ciudades, como La Laguna o La Orotava, «en vez de rascar y buscar sus propios colores». Y, sin embargo, en la capital palmera, el Ayuntamiento quisiera imponer, como antes el blanco, los colores que descubrió Fierro. El artista se negó. Él quería que la gente eligiera libremente y que su gama cromática fuera solo una opción.

Al final, aquel cromatismo solo lo mantienen unos pocos edificios porque las casas tradicionales palmeras «están ahora pintadas de colores químicos, estridentes, que nada tienen que ver con el rico patrimonio cromático de la ciudad», lamenta Fierro.

«Sería una ocasión entrañable -dice el artista- que el próximo año, cuando se cumple el vigésimoquinto aniversario de aquella acción artística, las casas de los balcones pudieran lucir otra vez los matices con los que se pintaron en 1993 y que tan importantes han sido para la cultura popular».

500 años de historia en una carta.

«Tras 500 años de historia, grabada en sus paredes, hoy Santa Cruz de La Palma parece ignorar ese patrimonio. La posibilidad de utilizar paletas de miles de colores artificiales permite borrar, tal vez para siempre, esa herencia, ese testimonio de una historia tan particular como la nuestra». Con esta reflexión, Facundo Fierro no solo vuelve a poner de actualidad aquella acción artística que dio color a la ciudad y que se plasmó en una carta cromática (arriba), «una joya requerida por ciudades, barrios y pueblos» de medio mundo, sino que llama la atención sobre cómo se da la espalda a un patrimonio tan frágil que el artista teme «que se esté borrando».