Hospital Perpetuo Socorro

Gastroenteritis aguda en periodo invernal

25/01/2018

Las crisis de diarrea por gastroenteritis aguda representan una de las principales epidemias durante la temporada invernal.

La mayor parte de los casos en esta época son producidos por virus que contagian cada año a millones de personas en todo el mundo y, sobre todo, a los niños. “En nuestro entorno geográfico, la gastroenteritis aguda por rotavirus es la de mayor prevalencia. Otros virus, también pueden ser responsables de estos cuadros de gastroenteritis virales, como adenovirus entéricos, astrovirus o norovirus, que ocasionan cuadros de diarrea más leves”, explica el doctor Juan Cabrera, especialista en Aparato Digestivo de Hospital Perpetuo Socorro.

Los pacientes afectados presentan deposiciones de consistencia blanda o líquida debido a un exceso de agua en las heces, lo que determina que las deposiciones tengan mayor volumen y frecuencia. El cuadro suele aparecer de forma brusca y habitualmente no se prolonga más de siete días. Esta diarrea suele estar acompañada de otras manifestaciones como náuseas, vómitos, dolor abdominal de tipo cólico o retortijón y a veces fiebre, aunque, generalmente discreta. La principal complicación es la deshidratación, particularmente en el caso de niños de corta edad, pacientes con enfermedades crónicas y ancianos, en los que puede ocasionar descensos importantes de la tensión arterial lo que puede producir una perfusión renal deficiente con desarrollo de insuficiencia renal aguda más o menos grave , que puede, incluso, evolucionar a la cronicidad.

Los pacientes afectados presentas deposiciones de consistencia blanda o líquida.

Respecto al tratamiento, diversos estudios avalan el efecto beneficioso de determinadas cepas de probióticos como el Lactobacillus casei, Lactobacillus casei y Saccharomyces boulardii, en especial en aquellas ocasionadas por virus entéricos. En los casos más severos, que cursan con vómitos frecuentes, estos puede aliviarse administrando fármacos que favorecen el vaciamiento del estómago, y los dolores abdominales puede calmarse con calor local sobre el abdomen, recurriendo a la toma razonable de espasmolíticos, en caso de persistencia del dolor, asegura el doctor Cabrera. Ante la diarrea nocturna, el paciente puede reducir el número de deposiciones con algunos fármacos pero no es aconsejable un uso abusivo porque es un mecanismo defensivo que intenta evacuar los agentes infecciosos o tóxicos responsables de la gastroenteritis

“La automedicación es uno de los errores más frecuentemente cometidos y puede dar lugar a una alteración severa de nuestra propia flora intestinal, que es uno de los mecanismos defensivos frente a la replicación de bacterias exógenas que pudieran estar ocasionando la diarrea. Esta situación favorece en la salmonella, una bacteria responsable de gastroenteritis trasmitida por los alimentos, que el paciente quede como portador de esta bacteria y transmitir la enfermedad. Si el origen es un virus, como ocurre en la mayoría de los casos, los antibióticos no tienen ningún efecto beneficioso y sí los citados perjuicios. Por tanto, en casos de diarrea severa, que se acompañe de fiebre elevada sostenida, dolor abdominal intenso, hipotensión perdida de sangre o vómitos reiterados, es necesario recurrir al médico, que después de rehidratar y aportar los electrolitos necesarios al paciente por vía endovenosa, decidirá en función de estudios microbiológicos y resultados de los diversos parámetros analíticos y características de cada paciente, cuál es el tratamiento más adecuado para cada paciente”, puntualiza el gastroenterólogo.

El cuadro suele aparecer de forma brusca y habitualmente durante más de siete días, explica el doctor.

Y como siempre, la prevención en lo posible es la mejor medida. Los agentes causantes de gastroenteritis vírica o bacteriana se encuentra en las heces y su transmisión es por vía fecal–oral. Por tanto, todas las medidas preventivas se basan en evitar que este agente infeccioso pase de las heces al tubo digestivo. Por ello, una medida básica consiste en un simple y frecuente lavado de manos con agua y jabón o solución de alcohol, siempre antes de preparar alimentos, después de ir al baño, después cambiar pañales, atender a pacientes en el hogar y particularmente en instituciones comunitarias. Lavar bien frutas y verduras y asegurar que las superficies donde se manipulan alimentos estén perfectamente limpias y desinfectadas son otras medidas básicas, concluye el especialista en Aparato Digestivo de Hospital Perpetuo Socorro.

Hospital Perpetuo Socorro.

Recomendaciones generales

En función de las pérdidas y el estado hemodinámico del paciente, evaluado por el número de pulsaciones y la tensión arterial, la medida terapéutica inicial más importante es garantizar una adecuada rehidratación, que en pacientes con pérdidas leves y moderadas puede conseguirse administrando, por vía oral, soluciones hidratantes que deben contener esencialmente sal y glucosa. Se debe administrar entre 200 y 400 cc por cada deposición diarréica, dependiendo de su volumen. Una solución de fabricación casera adecuada debe contener 3 gramos de sal de mesa y 18 de azúcar común disueltas en un litro de agua. Sin embargo, para evitar errores lo aconsejable es adquirir en la farmacia soluciones rehidratantes y, en casos de personas de avanzada edad con dificultades para deglutir suficientes líquidos, gelatinas elaboradas para rehidratar. Como norma general el ayuno y las dietas hipocalóricas que se usaban hace unas décadas no han demostrado beneficios. La mayoría de los pacientes puede tolerar alimentos sólidos, una vez restablecida en las primeras horas una hidratación suficiente. En casos de gastroenteritis severa se pueden perder un número importante de enterocitos, células que tapizan la pared intestinal. Con ello se pierde en parte la capacidad para digerir y absorber determinados oligosacáridos, como lactosa, fructosa o polioles. En estos casos hay que evitar, durante unos días, alimentos que contienen lactosa como leche y quesos. La dieta recomendable incluye proteínas (carne, pescado), yogur natural, zumos de naranja o piña naturales, frutas como el plátano, papaya, fresas, melón o piña natural, así como alimentos que contienen hidratos de carbono más complejos como papas guisadas, arroz, cremas de calabacines, calabaza, ñames o zanahoria y cereales, evitando verduras como espárragos, remolachas, guisantes, coliflor y cebolla además de alimentos con alto contenido en grasas.