La opinión del experto

Alzheimer: realidad y actualidad

08/01/2018

«Conocer y descifrar los síntomas de alteraciones moleculares desde joven permite adoptar medidas que mitiguen la trayectoria de esta devastadora enfermedad cada vez más frecuente».

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El envejecimiento y la enfermedad en la sociedad actual van unidos de la mano, más aún en los países desarrollados donde las personas viven cada día más. Las medidas higiénicas y sanitarias adoptadas progresivamente desde el siglo pasado como el desarrollo de los antibióticos y vacunas entre muchas otras, han permitido aumentar o ampliar la duración normal de la vida humana.

En este contexto las patologías neurodegenerativas, con la enfermedad de Alzheimer a la cabeza, configuran una lista cada vez más amplia de procesos que son cada vez más comunes y familiares para los médicos, profesionales sanitarios de diversas ramas y toda la sociedad por su elevada incidencia y prevalencia.

En la búsqueda de la respuesta a la interesante pregunta de ¿cómo se ha podido saber que la enfermedad de Alzheimer comienza mucho antes que aparezca la demencia con todas sus manifestaciones clínicas?, reflexionamos en base a la interrelación de importantes temas como la prevención, detección precoz y la manera de retrasar las manifestaciones clínicas más impactantes en presencia de lesiones moleculares en base a los que estructuramos el artículo de hoy.

Las modernas técnicas de neuroimagen como el SPECT, PET y resonancia magnética y biomarcadores entre otras confirman alteraciones en el cerebro de las personas con Alzheimer, estas técnicas nos permiten mirar dentro del mismo.

La enfermedad de Alzheimer, descrita a principios del siglo XX ha ido adquiriendo una importancia creciente, acentuada en el curso de las últimas décadas, en paralelo a su progresiva expansión acaecida durante el último medio siglo en el contexto del espectacular envejecimiento poblacional mantenido a lo largo de la última centuria.

En la actualidad se le considera una epidemia del siglo XXI en toda regla, no superada o controlada en materia de salud, al lado o incluso por encima de otros problemas sanitarios de procesos crónicos importantes como la diabetes o la osteoporosis entre muchas otras.

La enfermedad de Alzheimer se considera una enfermedad compleja en la que participan factores de riesgo y de protección, tanto genéticos como ambientales a lo largo de toda la vida. El resultado de todo ello se manifiesta habitualmente en la senectud porque la vejez incrementa el tiempo de exposición a noxas externas, ambientales y puede ser muy larga.

Una educación y estimulación mental continuada, actividad física y llevar una dieta adecuada desde la infancia empiezan a ser importantes cimientos de la protección.

Junto a los importantes aspectos clínicos, son muy importantes en este sentido los datos referentes a las alteraciones moleculares que pueden detectarse con los modernos instrumentos de introspección física, en periodos muy iniciales del desarrollo patológico.

Las afecciones patológicas mentales se van conociendo progresivamente con mayor profundidad, permitiendo establecer relaciones y discrepancias entre diversas alteraciones, cuyo diagnóstico permite reconocer analogías y diferencias en la causalidad de múltiples enfermedades.

La enfermedad de Alzheimer es sigilosa, las lesiones que la producen progresan lentamente acumulándose a lo largo de décadas en el cerebro.

La más interesante de las propiedades de las neuronas es su extensa red de conexiones sinápticas que recibe información y que una vez procesada transmite por su axón a otras neuronas, y es que a pesar de que las neuronas son unidades aisladas, descubrimiento que valió el premio nobel al doctor Santiago Ramón y Cajal, constituyen una red de conexiones donde se encuentra nuestra mente, con todo lo que ello implica en contenido intelectivo, emocional, motor y conciencia.

Progresivamente la medicina se va personalizando, a lo que contribuyen el desarrollo y perfeccionamiento de los medios de diagnóstico así como el conocimiento de la genética y sobre todo de la epigenética, se trata de mecanismos de regulación de una extraordinaria y maravillosa complejidad cada vez más cerca de nuestro alcance.

La inmensa mayoría de los casos de Alzheimer son esporádicos, aparecen en la vejez, por encima de los 75 años y no tienen una determinación genética identificable.

La edad es el principal de riesgo para padecer enfermedad de Alzheimer, que crece exponencialmente conforme envejecemos, alcanzando en las personas que superan los 90 años una prevalencia cercana al 40-50%.

Pero hay muchas personas que no padecen la enfermedad aunque superen los 80,90 o 100 años, aunque sin lugar a dudas es un factor favorecedor para parecerla.

La prevención cuanto antes mejor, cualquier forma de prevención cuanto antes se inicie mejor.

No existe edad tope para prevenir, es posible establecer medidas preventivas sea cual sea la edad del paciente y situación evolutiva del proceso.

La reserva cognitiva es un mecanismo que compensa en el cerebro humano el efecto deletéreo tanto de lesiones agudas como traumatismos e ictus como crónicas incluyendo la propia enfermedad de Alzheimer en sus fases iniciales, es una reserva que se fragua en la infancia, pero que se puede incrementar a lo largo de la vida, incluso con deterioro mental mediante la rehabilitación cognitiva.

Conseguir una digna atención al paciente con Alzheimer u otras demencias es cada vez más difícil y costoso en nuestra sociedad.

Datos prácticos

Cada ser humano es único en cada momento de su vida, tanto desde el punto de vista biológico como intelectual y cultural.

Se debe incrementar el saber para prever y así poder prevenir en la mayor medida que sea posible el impacto de las enfermedades neurodegenerativas.

La enfermedad de Alzheimer en sus distintas etapas, preclínica, prodrómica y presintómatica van marcadas por un distinto grado de afectación neuronal que paulatinamente conducen a situaciones irreversibles.

Los datos procedentes de la investigación actual están proporcionando datos que no solo permitirán un tratamiento de amortiguación sino que permitirán una prevención activa.

Todos los seres humanos somos iguales en dignidad y debemos serlo también en oportunidades de disfrutar los avances médicos y mucho más en lo que se refiere al funcionamiento de la mente, sin discriminaciones por razones de edad cronológica sin otras consideraciones.

Si duda alguna el principal bien es la salud, que permite ejercer las facultades distintivas de la especie humana, toda inversión en recursos financieros, técnicos y personales para conservar la calidad de vida al envejecer es primordial.

El alzhéimer se debe intentar prevenir siempre, cada día gana más fuerza la necesidad de una prevención activa, independientemente del desarrollo y posible aparición de fármacos más eficaces de los que se dispone en la actualidad.