María Pujalte y Javier Cámara, en 'Vamos Juan'.

'Vamos Juan': el éxito de saber mudarse la piel

La secuela de la serie de Javier Cámara ofrece un demoledor retrato de la clase política a través de un estupendo abanico de personajes perdedores

MIKEL LABASTIDA Valencia

Lo peor que le puede pasar a una serie es que no sea valiente. Y aunque sorprenda no es algo que resulte poco habitual. A menudo les ocurre a muchas que, tras una primera temporada con éxito, a la hora de continuar tratan de arriesgar lo menos posible con el fin de no perder seguidores. Y, o bien se copian a sí mismas y se vuelven repetitivas, o estiran las tramas sin dejar que avancen, lo que puede provocar la decepción de quien las ve. Esto no le ha sucedido a 'Vamos Juan'. Quizás porque su predecesora, 'Vota Juan', no tuvo un exito arollador que atase a sus guionistas y se vieran obligados después a calcar la fórmula para conseguir idénticos resultados. No logró al menos el éxito que yo creo que merecía. Porque aquella primera parte sorprendía por la caricatura que hacía de los políticos, por el abanico de personajes de ese entorno profesional que proponía y por el acertado retrato que hacía de cada uno de ellos, así como por un guion ágil que iba ganando enteros a medida que avanzaban los capítulos.

Más allá de su repercusión (que en este momento, con la sobreabundante oferta de ficciones que hay, es difícil de calibrar) no hay duda de que 'Vota Juan' fue uno de los mejores títulos de 2019, por resultar inédita en un país en el que la política parecía intocable y por unas intepretaciones estupendas ( Javier Cámara ganó el Feroz y el premio de la Unión de actores, pero cualquiera de sus compañeros de reparto - María Pujalte, Nuria Mencía, Adam Jezierski o Esty Quesada- merecían galardones similares). Entonces sus creadores ( Juan Cavestany y Diego San José) nos contaron el periplo de un mediocre ministro hasta la vicepresidencia del Gobierno a base de golpes de suerte y de torpes zancadillas.

La continuación de aquella sátira (estrenada en TNT con sus siete episodios ya disponibles) es una propuesta mucho más compleja, que ahonda en el patetismo de los personajes, que no tiene piedad a la hora de pasar el bisturí a la clase política y empresarial y que no renuncia al humor aunque esta vez sea mucho más negro. En realidad la variación del nombre, de 'Vota Juan' a 'Vamos Juan' (en lugar de optar por construir una segunda temporada al uso), ya advierte al espectador de que está ante una obra diferente, aunque guarde similitudes con la original. Son los mismos mimbres pero utilizados de diferentes modos, y llevándolos a otros lugares tal vez más oscuros.

Un fotograma de la serie.

Puede que a muchos seguidores les cueste en un principio aceptar el cambio de tono, que les sorprenda el registro en el que está concebida esta especie de secuela. No hay periodo de adaptación. 'Vamos Juan' empieza a saco, sin transición, sin concedernos tiempo para acostumbrarnos. Ya desde la primera secuencia nos devuelve a los protagonistas de la anterior serie pero en una situación denigrante en la que no esperábamos encontrarlos, a Juan como triste profesor de instituto vejado por sus alumnos, y a Macarena, la que fuera su mano derecha (o izquierda, nunca nos aclaran de qué tendencia son), como redactora jefa poco motivada de un periódico local. Los dos de regreso a un Logroño gris, que a ambos les pesa como una losa. Han pasado un par de años desde la última vez que los vimos y en este tiempo han sido desalojados de sus relevantes cargos implicándoles en un caso de corrupción en el que no participaron, pero en el que a nadie le habría extrañado que hubieran participado. Se reencontrarán cuando él acuda a buscarla con el fin de proponerle que retornen a Madrid para crear un nuevo partido con el que presentarse a las elecciones que están a punto de convocarse.

A partir de ahí vamos a asistir a una huida hacia delante en su regreso a la capital para conseguir un trozo de pastel a costa de lo que sea, sin importar la ideología ni el modo de lograrlo. Eso les va a llevar a ambos a bailarles el agua a una panda de empresarios sin escrúpulos, a procurar obtener recursos económicos a cualquier precio, a tratar de sacar rédito a la desgracia ajena y a humillarse ante cualquiera con el fin de conquistar una pequeña parcela de poder. Si 'Vota Juan' se desenvolvía bien en el chiste ocurrente, 'Vamos Juan' se regodea en las bromas. Si aquella llevaba a los protagonistas a situaciones rocambolescas, esta les hace tocar fondo y no se cansa de verlos ahí tendidos. Si en la original nos insinuaron que el ministro y sus acólitos no tenían remilgos, en esta secuela nos muestran sus miserías sin filtro.

Que conste que la serie predecesora ya habían amagado en alguna ocasión por alajarse del sainete plagado de entuertos y aproximarse más a la comedia negra con dos fracasados al frente. Lo comprobamos en la temporada anterior cuando el personaje principal acudía a una cena con sus compañeros de curso y era el hazmerreír de todos, como lo había sido ya de niño. O cuando Macarena mendigaba un polvo de una noche con un camarero o con un antiguo amante. Esta vez van sin red y los protagonistas caen, provocando vergüenza ajena (y sí las similitudes con 'Vergüenza', la serie de Movistar, son evidentes y lógicas estando Juan Cavestany en el equipo de guionistas).

Esty Quesada, en un fotograma de la serie.

La serie discurre a un ritmo envidiable. Nos cuenta el desembarco de Juan y Macarena en una antigua fábrica de cocinas que van a convertir en sede del partido y en cómo consiguen poner nervioso al mismísimo presidente del Gobierno cuando teme que un ser como Juan Carrasco regrese al campo de batalla. Incluso se permite deleitarse con un episodio que funcionaría él solo de forma independiente (una suerte de 'Lost in Translation' cañí) con unos Javier Cámara y Anna Castillo inmensos. Y por muchas sonrisas que esbocemos al verlos somos conscientes de que estamos asistiendo a un drama. Esa es la sensación constante con la serie, pero en ese capítulo (el sexto) se explota de manera sublime. Por cierto que lo dirige el propio Javier Cámara, que también esa faceta la desarrolla bien. Qué suerte tienen algunos. Él se une al equipo de dirección, en el que están Víctor García León (que repite) y Borja Cobeaga (que debuta).

Dicen los autores de 'Vamos Juan' que en ningún momento se plantearon plasmar situaciones reales, pero yo creo que mienten, porque en cada entrega, de media hora, se disecciona la labor de nuestros dirigentes y se plantean situaciones que inevitablemente nos recuerdan a hechos reales. Y si no repasemos tres momentos, tres momentazos, que sirven como manual de cómo se comportan los políticos patrios. Y de paso esta selección también funciona como guía sobre el modo en que la serie ha sabido transformarse y salir ganando.

1. «¿Tú sabes lo que es la ecdisis? Lo que hacen las cigarras, pero no lo hacen así como así, mudan su piel»

Difícilmente vamos a olvidar lo que es la ecdisis, la muda por la que pasan muchos animales en el mundo. Juan Carrasco explica este concepto a sus alumnos y más tarde lo utiliza para convencer a Macarena para que vuelvan a la política. No recurre a argumentos sobre la necesidad que tiene el país de voces nuevas o porque haya dado vueltas a un programa que no podría poner en marcha en ninguna otra formación. Simplemente quiere resarcirse de su abrupta salida anterior y recuperar el poder arrebatado.

Hace unos años hubiese resultado poco creíble una idea así, que una persona pudiera en este país montar un partido de la nada, con apenas fundamento e ideario, y que con él convenciese a un número representativo de electores. Hoy hemos comprobado que es posible. Que cada cual coloque a continuación sus ejemplos. También se podría aplicar a aquellos políticos que han mudado de piel en los últimos años para saltar a otro grupo con una facilidad pasmosa.

Por cierto que la propia serie (aunque no sea una chicharra ni un cangrejo) ha experimentado lo de la ecdisis, cambiando de piel, y en este caso con el mismo fin con el que los artrópodos asumen el proceso, para poder crecer.

2. «Cada partido político tiene que tener una víctima»

La búsqueda de referentes en el nuevo partido que puedan atraer votos provoca varias de las secuencias más despiadadas de la temporada, tanto que da apuro hasta reírse. El nuevo jefe de gabinete de Carrasco le da la clave sobre la necesidad de encontrar a alguien con un drama lo suficientemente emocional como para que cualquiera se pueda sentir identificado con él. Y así ponen como ejemplo el superviviente de un tsunami o la madre de una niña muerta que ha acabado como senadora. Finalmente se inclinan por la mujer de un soldado desaparecido en Afganistán. Cualquier parecido con la realidad, de nuevo, no es pura coincidencia.

En este contexto un diálogo entre Juan y Macarena resume a la perfección ese espíritu canalla y despiadado con el que está escrita toda la temporada. Que en nuestra ficción haya hueco para este tipo de guiones da cuenta de la buena salud de la que goza, puesto que en otros tiempos la clase política era intocable para según qué cuestiones. «¿Cómo se llama esto que estamos haciendo?», le dice al exministro a su colaboradora. «Política», responde. «No, digo lo de aprovecharnos de una víctima de Aluche para ganar votos», le matiza. «Política», responde de nuevo.

Con escenas y tramas así, ahora sí se nota que 'Vamos Juan' es heredera de las mejores comedias políticas, que se han hecho en Inglaterra ('The thick of it', por ejemplo), y en Estados Unidos (en 'Veep' a la vicepresidenta Meyer no le temblaban las piernas a la hora de sacar provecho de cualquier desgracia ajena). Es heredera sí, una digna heredera.

3. «Hay gente a la que no le queda bien tener pelo y hay gente a la que no le queda bien dejar la política»

Nuestro protagonista acude a Estambul a ponerse pelo. Es tan pobre moralmente que se deja comprar por su anterior partido a cambio de un buen número de folículos en su calva. Allí se va a encontrar con Montse, que ha llegado para acompañar a su padre que también quiere dar remedio a su calva. Ella aprovecha las vacaciones para tratar de poner orden a su vida, algo que no parece sencillo. Ha dejado a su novio y a su psicólogo. «Yo siempre estoy en un momento de cambio, entonces al final se convierte en rutina», confiesa. La chica (interpretada por una soberbia Anna Castillo) reconoce al político porque él dio una conferencia hace años a la que ella asistió y que le resultó muy importante. «Se notaba que eras una persona que no te habías preparado la charla», le espeta. Y él se lo toma como un halago. Por primera vez Juan se siente admirado por alguien y se agarra a ella como a un clavo ardiendo, a pesar de que es una tóxica de manual. El encuentro entre ambos, los dos perdidos, los dos desorientados, los dos solos, se alarga toda la noche y resulta un revulsivo finalmente para ambos.

El capítulo resulta la guinda del pastel, un ejercicio de estilo que solo pueden hacer las obras cuando están maduras y una prueba de fuego para Cámara que lo dirige con solvencia. La estructura y la exposición del protagonista sirven para descubrir todas las posibles caras (la más triste, la más ruin, la más vulnerable, la más sonrojante) de un personaje que en definitiva es más complejo de lo que parece.

Anna Castillo, en un fotograma de 'Vamos Juan'.

Un buen trabajo actoral

Javier Cámara vuelve a demostrar que no hay papel que se le resista y que en todos ofrece su mejor versión. Qué miradas perdidas, qué manera de autoengañarse y convencerse con sus mentiras, qué capacidad para resultar patético y ser creíble todo el rato. No se queda detrás María Pujalte, escudera perfecta, que tampoco tiene problema en participar en el aquelarre que la serie tiene preparada para ella. Dos de los momentos más divertidos los protagoniza ella, el de la peluquería de Aluche, en el que le perpetran una permanente imposible para conseguir la atención de un posible fichaje que quieren hacer para el partido, y la entrada a la boda (vestida con un traje de su empleada de hogar boliviana) con sus excompañeros de partido recitando sus desgracias. Con este par de talentos es complicado destacar y aún así lo vuelven a hacer Jerazski (que fue asesor pelota de Juan y ahora es chivo expiatorio), ya estuvo bien antes y se mantiene, y Queseda, que gana protagonismo (y lo defiende bien) y entra para cubrir la baja de Mencía, a la que se echa de menos. El fichaje más importante es el del ganador del Goya Jesús Vidal, del que nos quedamos con ganas de más. Es una de las pocas pegas que tiene esta producción, que peca también de repetir algunos gags (como cuando Juan confunde a Danza Invisible con Presuntos Implicados y a estos con Amistades Peligrosas y más tarde a los chicos de Take That).

Espero que en 2021 tengamos un 'Viva Juan', o 'Venga Juan', o 'Vino Juan'. Porque esta historia todavía da mucho de sí. Y que sus creadores no dejen de ser valientes.

'Vota Juan' está disponible en Sky, Movistar y Amazon Prime Video, mientras que 'Vamos Juan' la está emitiendo ahora TNT.

Vídeo. El tráiler de 'Vamos Juan'.