Shira Haas, en una escena de la serie.

'Unorthodox' no es brillante, pero sí reveladora

Basada en la autobiografía de Deborah Feldman, la ficción de Netflix cuenta la historia de una joven que se liberó de la comunidad jasídica, en Nueva York, y comenzó una nueva vida en Berlín

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Una impactante imagen, con el rostro dolido de la actriz Shira Haas en primer término, mientras una maquinilla rapa su testa, ha sido, con toda probabilidad, el primer acercamiento que la gran mayoría de espectadores ha tenido a 'Unorthodox'. La serie saltó a la portada del servicio de Netflix a finales de marzo y en estas semanas de confinamiento se ha convertido en un fenómeno del boca a oreja, situándose estos días en el quinto puesto de lo más visto en España, por detrás de 'La casa de papel'. Tanto es así que la plataforma también ha colgado un 'cómo se hizo' de la ficción, algo no tan habitual. Pero, ¿qué es lo que hace tan especial a la serie creada por Alexa Karolinski y Anna Winger? Posiblemente, el hecho de que revela un mundo ajeno y desconocido para una gran parte del público.

Basada libremente en las memorias de Deborah Feldman, 'Unorthodox' arranca cuando Esty Saphiro (Haas), una joven que ha crecido junto a su abuela y su tía en la comunidad ultraortodoxa judía Satmar de Williamsburg, Brooklyn, decide abandonar a su esposo, Yanky ( Amit Rahav), y mudarse a Berlín en busca de su madre, que abandonó la comunidad siendo ella una niña. No teman, no hay ningún 'spoiler' porque es así como la ficción da comienzo. Lo interesante de la misma es que se estructura en dos planos temporales: el del presente, que cuenta cómo Esty se hace a su nueva vida y va descubriendo un universo insospechado para ella, y el de un pasado alienado en una comunidad con un marcado carácter religioso en la que la mujer solo cuenta para procrear.

El problema de la serie de Netflix es que solo consigue armar un buen relato cuando ahonda en el pasado de la joven, cuando utiliza la narración para describir con todo lujo de detalles cómo es la vida en una comunidad jasídica, lo más interesante de la ficción, sobre todo para quienes desconocen esta realidad. Así, a base de 'flashbacks', el espectador asiste a la forma en la que las familias urden los noviazgos, ve los férreos controles que la comunidad realiza sobre sus miembros, entiende en qué rincón queda relegado el sexo, siente la marginación que sufren quienes abandonan la comunidad, asume esa vida permanentemente anclada al pasado y a los horrores que ha vivido el pueblo judío, y es testigo de excepción de una boda ultraortodoxa. Es tan revelador como hipnótico y fascinante.

Tres fotogramas de la serie.

En cambio, el segundo plano temporal, el que describe la llegada de la joven a Berlín, tiene aspectos sonrojantes, quizá porque las guionistas se ven en la obligación de que la narración tenga algo más de fuste e intriga. Y eso que toca aspectos interesantes, como esa vergüenza que la joven, que está tratando de liberarse también de sí misma y de sus propios prejuicios, siente al ver por vez primera a su madre con una pareja. El problema es que esta historia de exploración, aprendizaje y descubrimiento es demasiado tosca y poco realista -esos amigos que se hace nada más llegar, las pruebas del conservatorio, la fiesta de electrónica- y la trama en la que su marido y Moishe Lefkovitch ( Jeff Wilbusch), un ultraortodoxo con negocios oscuros que abandonó la comunidad y ha vuelto, la persiguen por Berlín para que regrese a Nueva York da, sencillamente, vergüenza ajena. Y aún así tiene hallazgos como ese momento en el lupanar. Sorprende la burda forma en la que se ha movido la serie por este territorio, que podía haber dado grandes alegrías. No obstante, es cierto que igual cuatro capítulos, de 55 minutos cada uno, no eran suficientes para desarrollar esta parte de la historia.

Eso sí, sí hay algo excepcional en la serie y es el equilibrado trabajo de Haas, actriz hasta ahora desconocida fuera de Israel y que ha visto como sus seguidores en Instagram crecían un 82% hasta los más de 200.000 gracias a la serie. Su corta estatura y su aspecto infantil -tiene 24 años- esconden una intérprete capaz de traspasar la pantalla y de tocar todos los registros con una soltura encomiable. Por cierto, tuvo que aprender idish, lengua principal de la ficción.

'Unorthodox' está disponible en Netflix.

Vídeo. El tráiler de la serie.