Pablo Ibar en el momento de su detención en 1994, a los 22 años, acusado de un triple homicidio.

Pablo Ibar: ¿inocente o culpable?

El Festival de San Sebastián estrena una apasionante serie documental que desmenuza el crimen que llevó al corredor de la muerte al sobrino de Urtain y sus 26 años de calvario judicial

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Hay un momento en 'El Estado contra Pablo Ibar' en el que Cándido Ibar, padre del preso que se ha pasado 26 años en prisiones estadounidenses, 16 de ellos en el corredor de la muerte, contempla el exterior del caserío Urtain en Zestoa. El recuerdo del mítico púgil, que se tiró de un décimo piso en 1992, inunda entonces de fatalismo el relato. El abuelo, José Ibar, murió en una demencial apuesta en la que quince parroquianos de un bar saltaron sobre su estómago hasta reventarle. El propio Cándido, hermano del boxeador, hizo dinero como pelotari en el Jai Alai de Miami antes de arruinarse con una mala inversión en un restaurante. Se divorció de la madre de Pablo, acabó de ebanista en Georgia y ha consagrado su vida a intentar sacar a su hijo de la cárcel. De momento, ha logrado que la pena de muerte se haya convertido en cadena perpetua.

Los seis absorbentes episodios de una hora de 'El Estado contra Pablo Ibar', cuyo estreno mundial tendrá lugar en el Festival de San Sebastián, no están concebidos para demostrar la inocencia de su protagonista. En la estela de apasionantes 'true crimes' como 'Making a Murderer', 'The Jinx' o 'Wild Wild Country', la serie nos agarra de las solapas desde sus primeros compases y es tal la avalancha de información que en un momento no dudamos de la culpabilidad de Ibar y al otro estamos convencidos de que no asesinó a tres personas en el lejano verano de 1994. «¿Que si creo en su inocencia?», responde el director de la serie, Olmo Figueredo (Sevilla, 1980). «Yo nunca me voy a posicionar, quiero que el espectador saque sus propias conclusiones. Estoy en contra de la pena de muerte y quería sacar a Pablo del corredor. Tengo clarísimo que tendría que estar en la calle. Si es culpable ya lleva 26 años en la cárcel y debería estar libre; si no lo hizo, se le ha infligido el castigo más cruel, arrebatarle un cuarto de siglo de su vida».

Las primeras imágenes de 'El Estado contra Pablo Ibar' son del año pasado, cuando Izaskun Bilbao pidió al Parlamento europeo que se posicionara contra la pena de muerte y rogó para que el sobrino de Urtain dejara de vivir «una película de terror». De ahí saltamos a la ciudad de Miramar, en Florida, para contemplar las imágenes (restauradas) de las cámaras de seguridad que capturaron el crimen. Las víctimas fueron Butch Casey, un empresario de la noche relacionado con la mafia, y dos jóvenes amigas, Sharon Anderson y Marie Rogers. Los dos autores del brutal robo no sabían que estaban siendo grabados. Cuando, veinte días después, Pablo Ibar fue detenido al intentar allanar una casa y abatir un perro a disparos se le relacionó con los asesinatos. Su aspecto se parecía mucho al de uno de los asaltantes. La serie no solo entrevista a todas las personas relacionadas con el caso (periodistas, abogados, fiscales, familiares de las víctimas y acusados), sino que ha tenido acceso a imágenes hasta ahora inéditas, desde las 400 horas de vídeos con encuentros sexuales que atesoraba la víctima a los escalofriantes 22 minutos de la matanza.

«Este no es un documental sobre Pablo, sino sobre la gente que le rodea», matiza Figueredo, productor de películas como 'La trinchera infinita' y 'Adiós', que trabajó como asesor en 'En el corredor de la muerte', la serie de Movistar donde Miguel Ángel Silvestre era Pablo Ibar. «Hemos rodado 2.000 horas a lo largo de seis años y entrevistado a 50 protagonistas de una odisea judicial que dura ya 26 años. Admiro a la familia Ibar, sobre todo a Cándido, que se fue a buscar el sueño americano y encontró una pesadilla. Es como Sísifo, alguien que ha estado empujando una piedra montaña arriba y al llegar arriba se venía abajo. Pero su esfuerzo incesante no ha sido inútil. Pablo sigue en la cárcel, pero Cándido le ha dado dos veces la vida: cuando nació y en mayo del año pasado, cuando fue condenado a cadena perpetua. El dinero del Gobierno español y del vasco no ha sido malgastado, se ha invertido bien en salvar la vida a una persona. No han podido celebrar la libertad, pero sí la vida».

La escena del crimen, con los cuerpos de las tres víctimas asesinadas en 1994. Pablo Ibar ante el juez Dennis Bailey en el tribunal estatal de Florida en Fort Lauderdale el pasado 24 de enero de 2019 y póster de la serie documental.

Los protagonistas de 'El Estado contra Pablo Ibar' parecen sacados de una serie americana de juicios: la mujer del condenado y madre de sus dos hijos, Tanya Ibar, que tenía 16 años en el momento del crimen y ha permanecido a su lado durante todo este tiempo; un fiscal ya jubilado que se resiste a abandonar el caso para desesperación del reo; un carismático abogado defensor que muere de cáncer de páncreas en el punto culminante del proceso… «En EE UU hay una industria de lo legal y judicial», explica el director de la serie. «Es una puesta en escena teatral, casi Shakespeare. Una partida de ajedrez donde importa más cómo se dice que lo que se dice. Pablo ha tenido la suerte de tener una grandísima representación legal gracias al apoyo desde España, de otra manera no podría haberlo hecho». La cámara de Figueredo fue la única autorizada en el último juicio. Grabó por completo todas las sesiones, incluidos los susurros y discusiones de los participantes.

'El Estado contra Pablo Ibar' es un thriller que pretende convertir a su espectador en un miembro más del jurado, «como si fuera 'Doce hombres sin piedad», apunta su autor. Nos permite curiosear en la escena del crimen, leer los resultados de la autopsia, entender cómo funciona una prueba de ADN que, muchos años después, vuelve a incriminar a Pablo Ibar, y admirar el amor de un padre que nos rompe el corazón al verle salir del Senado madrileño arrastrando su trolley. «Yo creía que conocía el caso y me di cuenta de que no sabía absolutamente nada. Tengo la sensación de que esto le pasa a la totalidad de la sociedad española», asegura Olmo Figueredo. El sumario judicial sigue acumulando páginas, la familiar Ibar recaudó más de un millón de dólares para afrontar el nuevo juicio y nadie sabe qué tiene qué pasar por la cabeza de un hombre de 48 años que ha pasado más de la mitad de su vida entre rejas. «Por mucho que queramos, nunca sabremos la verdad», zanja el director.