Mamoudou Athie y Dina Shihabi, en un fotograma de la serie.

Miedos, cultos satánicos y cintas de vídeo en 'Archivo 81'

James Wan, responsable de 'Insidious' y 'Expediente Warren', produce esta ficción que retuerce el concepto del 'found footage'

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Los primeros compases de 'Archivo 81' dejan claro que estamos ante una ficción muy especial. Basada libremente en un podcast homónimo, sobre dos investigadores que se dedican a catalogar la obra de un cineasta desaparecido, la serie de Netflix sigue los pasos de Dan (Mamoudou Athie), un profesional de la restauración de las cintas de vídeo y los rollos de película, que trabaja para el museo de la imagen de Pittsburgh limpiando todo tipo de material. Un día llega al complejo museístico una cinta de videocámara casera, hecha polvo. Al parecer, uno de los benefactores del museo ha solicitado su restauración y la jefa pone a Dan a trabajar en ello.

Al recuperar la cinta, se topa con una joven estudiante de Antropología llamada Melody (Dina Shihabi), que en 1994 decide mudarse al edificio Visser, un emblemático bloque de apartamentos que se construyó sobre las ruinas de una mansión que se incendió en los años treinta. La joven, cámara de vídeo en mano, planea hacer entrevistas a quienes conforman esa comunidad. Contento con el trabajo de Dan, el propietario de la cinta le propone a Dan trabajar en el resto del material que la joven grabó antes de que el Visser volviera a incendiarse. Para ello, deberá mudarse a una mansión ubicada a las afueras de la ciudad -un guiño a la magnífica 'El resplandor', de Stephen King-, donde no hay cobertura y en el que la localidad más cercana está a 22 kilómetros.

Reticente en un primer momento, Dan finalmente acepta el encargo tras encontrar en la cinta una posible vinculación con su pasado. A partir de ahí, inmerso cada vez más en su trabajo, tratará de desentrañar los misterios que encierran todas esas cintas de vídeo, con la ayuda en la distancia de Mark, su mejor amigo y el responsable de un podcast de historias sobrenaturales.

Dina Shihabi, en un fotograma de la serie.

La ficción va jugando con ambas líneas temporales, la de Melody y la de Dan, exprimiendo retorciendo el concepto del 'found footage' (algo así como 'metraje encontrado', un subgénero del cine de terror que dio sus primeros pasos con la cruenta y genial 'Holocausto caníbal' (Ruggero Deodato, 1980) y se consagró con 'El proyecto de la bruja de Blair' (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999) o cintas como 'REC' (Jaume Balagueró y Paco Plaza, 2007) en donde son los propios protagonistas quienes filman su historia, contribuyendo a la veracidad y al realismo del relato. No es el caso de 'Archivo 81', que aprovecha las cintas grabadas por Melody en 1994, pero que no tiene ningún reparo en recrear una parte de ese relato de forma más cinematográfica, sin el constante traqueteo de las cámaras de mano.

No pierde, sin embargo, interés alguno pues el misterio se va enrollando y desenrollando con un tempo ajustado, casi perfecto, jugando con el amor por el celuloide, las cintas de vídeo, el VHS, el grano o los artefactos de la cinta -resultan muy gratificantes los primeros planos en torno a la restauración de las cintas- e incorporando en la mezcla elementos propios del Hollywood dorado, de 'La semilla del diablo' -los cultos satánicos- de la ya mentada 'El resplandor' -¿se está volviendo loco o está pasando?- o del espiritismo de 'Poltergeist'. Pese a todo ello, no resulta una mezcla sin ton ni son, aunque la serie se digeriría mejor si se desgranara a capítulo semanal. Genera inquietud y tensión, quizá no tanto terror.

Creada por Rebecca Sonnenshine y producida por Sonnenshine, Paul Harris Boardman y James Wan, responsable de sagas como 'Insidious' o 'Expediente Warren', 'Archivo 81' ha resultado todo un hallazgo. Su final abierto busca, sin duda, una segunda temporada.

La primera temporada de 'Archivo 81' está disponible en Netflix.

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