'Maricón perdido' se estrena en TNT el 18 de junio.

'Maricón perdido' deslumbra en Málaga

La serie autobiográfica del televisivo Bob Pop combina sordidez y lirismo para narrar la búsqueda de identidad de un chaval gordito y homosexual en la España de los 70 y 80

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Bob Pop empezó como crítico televisivo y acabó de estrella de 'Late Motiv', el programa de Andreu Buenafuente en Movistar Plus. Deslenguado, ácido, culto y letraherido, Roberto Enríquez (Madrid, 1971) se ha convertido en un prescriptor cultural para muchos y un activista de la causa LGTBI. La esclerosis múltiple que le mantiene en silla de ruedas no le impide desplegar una incesante actividad en medios y redes sociales combinando erudición y petardeo. 'Maricón perdido', brillante título que le regaló su amigo Buenafuente, es una serie de ficción basada en su vida que se ha presentado en Málaga y TNT estrena el 18 de junio (tres capítulos de media hora ese día y los otros tres que componen la primera temporada el viernes siguiente). Una ficción construida desde la verdad que salta de lo dramático a lo cómico, de lo sórdido a lo luminoso, con la sinceridad de quien se abre en canal. 'Maricón perdido', digámoslo ya, es la serie española más importante del año.

Vídeo. Tráiler de 'Maricón perdido'.

¿Cómo fue crecer en un pueblo de la España de los 70 y 80 siendo gordito y homosexual? En la primera secuencia, el protagonista se inmola en clase al aparecer disfrazado de Evita Perón con un vestido de novia para cantar 'No llores por mí Argentina'. Esto no es 'Cuéntame', no hay nostalgia dulcificada. Saltamos en el tiempo y descubrimos a Roberto ya en Madrid, buscando más amor que sexo en las saunas gays y el cruising del Retiro, dos escenarios que debe ser la primera vez que aparecen en la tele española. 'Maricón perdido' cuenta cosas terribles, como el bullying y una violación, pero también reserva espacios de felicidad y esperanza. Salta constantemente en el tiempo y hasta tiene fugas oníricas en las que suele aparecer la madre del protagonista, una Candela Peña arriesgando en su composición hasta la parodia: su afición, a la que arrastraba a su hijo, era visitar pisos piloto en zonas nobles de Madrid y robar figurillas.

Todos los actores están inmensos, en especial los dos chicos que encarnan al protagonista, Gabriel Sánchez y Carlos González. Si Candela Peña ofrece un show en cada aparición, Carlos Bardem demuestra su generosidad al encarnar al padre de Roberto, cuyo rostro nunca aparece en una aguda decisión de puesta en escena: quiere borrar su recuerdo. Alba Flores es la amiga en cuyo hombro se llora y Miguel Rellán el abuelo con el que compartir las lecturas clave en la formación: Truman Capote, Oscar Wilde, Belén Gopegui, José Donoso… La música también es vital en 'Maricón perdido', en cuya estupenda banda sonora, compuesta por Nico Casal, suenan temas de David Bowie y Caetano Veloso. El creador de la serie incluye estas referencia culturales como agradecimiento por lo que han supuesto en su vida, un faro y un bálsamo en los malos momentos. Por eso aparece el mismísimo Pedro Almodóvar interpretándose a sí mismo.

Candela Peña encarna a la madre de protagonista.

'Maricón perdido' narra la búsqueda de una identidad. Roberto Enríquez se reinventó como Bob Pop y además quiso contar un relato, que es el de tantos humillados a los que salvó la cultura y el calor de los amigos. Porque al ser narrador te obligas a encontrar un lugar en el mundo. En su caso, cuando las cosas empezaban a ir bien llegó la gran putada de la enfermedad, que también tiene cabida en la serie. Pocos momentos tan emocionantes en la ficción española de los últimos tiempos como la aparición del Bob Pop real al final del primer episodio, rompiendo la representación del relato. La felicitación del taxista que le lleva demuestra que el camino ha merecido la pena; el protagonista ha salido indemne de una época oscura mostrada sin un ápice de autocomplacencia. Bob Pop sigue siendo maricón, pero ya no está perdido.