Ana Polvorosa y Álvaro Mel, en un fotograma de 'La Fortuna'.

'La Fortuna', aventura entre despachos

Amenábar también ha dado el salto al mundo de las series, irremediablemente. Su primera apuesta se inspira en un cómic de Paco Roca, 'El tesoro del Cisne Negro'

BORJA CRESPO

Cualquier parecido con la obra de partida es pura coincidencia, podría aplicarse a 'La Fortuna', la adaptación audiovisual de 'El tesoro del Cisne Negro', el cómic de Paco Roca y Guillermo Corral publicado por Astiberri que ha dado pie a la primera incursión de Alejandro Amenábar en el formato serializado. La versión en imagen real ya cuenta con tres capítulos disponibles en Movistar +, adecuando la historia cronológicamente, más cercana en el tiempo (se cambian nombres y hay licencias evidentes). En el reciente Festival Internacional de Cine de San Sebastián pudieron verse del tirón los seis episodios que forman parte de una única temporada autoconclusiva. El maratón de cerca de cinco horas dejó claro que lo último del responsable de 'Tesis' y 'Los otros' es una propuesta entretenida y liviana que se pierde por momentos con el tono. Se deja ver con ganas, gracias a unas interpretaciones entrañables y el toque aventurero de andar por casa, pero no embelesa como debiera, quizás porque remite directamente a los tebeos de Tintín sin impregnarse de su alma y se permite el riesgo de apostar con ambición por un cruce entre el cine de Spielberg, en el apartado visual, y el toque berlanguiano en la relación entre los personajes. Una fusión tan atractiva como interesante, extremadamente difícil, que el propio director ha corroborado en alguna entrevista.

El cómic original de Paco Roca, con el apoyo de Guillermo Corral en el guión -quien vivió los acontecimientos en primera persona-, colocó en su primera edición 20.000 ejemplares, el primer día de su salida a la venta, un hito en nuestro mercado que confirmó el tirón de un autor que ha sabido conectar con el gran público. Esta vez el responsable de 'Arrugas' apostaba por la intriga y la aventura, remitiendo precisamente al famoso reportero creado por Hergé, basándose en hechos reales, el descubrimiento de un patrimonio de un valor incalculable -cerca de 600.000 monedas de oro y plata-, fruto de un naufragio en el océano Atlántico. Aceptando, como espectador inquieto, que la novela gráfica va por un lado y la versión en carne y hueso discurre por otro, siendo dos medios distintos, la miniserie de Amenábar comienza alardeando de poderío técnico, con decisiones formales que remiten al cine comercial, rayando el espectáculo, con la participación de un reparto internacional. El tesoro submarino es encontrado en alta mar por una compañía americana multimillonaria que se dedica a cazar fortunas bajo el agua. Cuando el barco pierde protagonismo y la acción toma tierra, entramos en el terreno de la política en España, con una radiografía esperpéntica de la burocracia y el funcionariado. Álvaro Mel, visto en 'La otra mirada', modelo e influencer, encarna con tesón a un joven diplomático que se topa con una misión a pequeña escala que cada vez se hace más grande. El gobierno español reclama los pecios, el preciado hallazgo, al tratarse presuntamente de un navío hundido tras el ataque de la armada inglesa. El conflicto acaba en los tribunales, acelerándose un proceso de investigación que implica una lucha de intereses entre varios frentes.

El inexperto protagonista, empujado por su ingenuidad y energía juvenil, no cesa en su empeño de conseguir demostrar lo que cree justo en el centro de un conflicto judicial internacional. Todavía no está contaminado por los vicios de la política y se enfrenta con mirada clara a la situación, realizando un singular viaje emocional. En su gesta entre despachos se topa con una aliada excepcional, una mujer funcionaria con ganas de liarla y montar su pequeña revolución a quien interpreta Ana Polvorosa. La química entre estos dos polos opuestos ideológicamente da pie, inevitablemente, a la tensión sexual. Es una pareja improbable que une fuerzas con profesionalidad para cumplir con su objetivo. Karra Elejalde interpreta al Ministro de Cultura, un cinéfilo de pro que no está dispuesto a aceptar la derrota, por principios, aunque sus compañeros de partido prefieran negociar con el millonario cazatesoros y quitarse el marrón de encima aceptando un pequeño porcentaje del tesoro. El compromiso real con lo que uno cree es el tema central de una historia que también habla de la amistad que surge en torno a una causa común, el compañerismo y los lazos afectivos, además de retratar, con un gracejo a ratos impostado -Berlanga es mucho Berlanga-, lo que supone defender la verdad, y el patrimonio cultural, en un escenario que entronca con nuestra realidad actual.

'La Fortuna' es una aventura entre despachos, más vistosa cuando sale a respirar -atención al inicio del segundo capítulo, que recrea el hecho histórico del que parte-, que puede recordar en algunos momentos a 'El Ministerio del Tiempo', con diálogos que buscan la sonrisa mientras retratan el cutrerío inherente a nuestra clase política y el maravilloso mundo de la burocracia y su reverso tenebroso. Se presenta como thriller, pero se revela como una comedia de aventuras de fácil digestión y sana diversión, clásica en su concepción. La eterna España en crisis, visto bajo el prisma del entendimiento entre bandos, como ya avanzó Amenábar en 'Mientras dure la guerra'. Su tarjeta de presentación en el ámbito de las series es efectivo, aunque no llama poderosamente la atención, como cabe esperar de un creador de su altura.

'La Fortuna' se emite en Movistar+.

Vídeo. El tráiler de 'La Fortuna'.