Una imagen del rodaje de 'Pajares & CIA'.

Auge y caída del cine del destape

'Pajares & CIA', que se estrena hoy en Atresplayer Premium, aprovecha el periplo vital del actor para radiografiar la España de la transición

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Cuenta Andrés Pajares (Madrid, 1940) que días antes de que la Academia de Cine le premiara con el Goya al mejor actor por su espléndida interpretación en '¡Ay, Carmela!' (Carlos Saura, 1990), se encontró a José Luis López Vázquez por la calle. «¡Andresito, Andresito! ¡El Goya es para ti», le dijo emocionado. «¡Te ha pasado lo mismo que me pasó a mí con 'Mi querida señorita', te ha cogido Saura, con un buen guion, y el Goya es tuyo!». Esa misma noche al actor menudo le preguntaban en la radio quién creía que iba a ganar el galardón. «Hombre, sin duda alguna, Antonio Banderas. Sin duda alguna», respondió con el ímpetu que le caracterizaba.

Tampoco Pajares las tenía todas consigo. Competía no solo con el malagueño por su papel en '¡Átame!' sino también con el Imanol Arias de 'A solas contigo'. Conforme la noche fue avanzando, el rostro pálido y casi perdido de Almodóvar, cuya película se fue de vacío pese a optar a quince cabezudos –la de Saura se llevó trece–, confirmaba que la academia iba a reconocer al fin el trabajo de un actor curtido en la comedia. «Fue emocionante», recuerda a sus 81 años Pajares. Cuando subió al escenario, Adolfo Marsillach se acercó a su oído y le dijo: «No sabes qué gusto me da entregarte a ti este premio». «Muchas gracias a todos los miembros de la academia y a las señoras también», agradeció Pajares con aquella vis cómica aplastante y en un guiño picante que la mayoría no pillo hasta que, mirando a Marsillach, espetó: «No lo han cogido». Lo que muy pocos saben es que aquel personaje tan complicado, con el que el actor obtuvo el reconocimiento de colegas que no hubiesen dado un duro por él en esas lides, «no fue tan difícil para mí», dice esbozando una sonrisa.

Lo explica en 'Pajares & CIA', una serie documental de cinco capítulos que se estrena este domingo en Atresplayer Premium, y que trasciende del biopic del actor y humorista para realizar una radiografía de aquella España que, tras cuarenta años de dictadura, se abría a la libertad y de su evolución hasta nuestros días. Producido por Producciones del Barrio, su punto de partida es la primavera de 2008, año en el que el actor vivía uno de sus peores momentos vitales. Los problemas con su exmujer y sus hijos acababan de saltar a las revistas del corazón y los platós de televisión -el propio Pajares calificó su persecución de «terrorismo televisivo»- y se había visto obligado a suspender el espectáculo que celebraba sus cincuenta años sobre el escenario por la falta de demanda. Hasta que un día acabó detenido y puesto en libertad con cargos de delitos de amenazas y lesiones, tras entrar en un despacho de abogados con una pistola que luego se supo que era falsa.

Andrés Pajares y Fernando Esteso, en 'Los bingueros'.

Con abundante material de archivo, retrocede en sus pasos para explicar el periplo vital de un cómico que triunfó en las salas de fiesta en los setenta, hizo piña en el cine con Fernando Esteso en los ochenta, se reconvirtió a actor dramático en los noventa y poco a poco fue relegado al olvido. Periodistas como Juan Sanguino o Pepa Blanes, cineastas como David Trueba, Javier Gutiérrez, Antonio Resines, María Barranco, José Sacristán, Carmen Maura o Concha Velasco y humoristas como Arévalo, Millán Salcedo o Carolina Iglesias desmenuzan no solo su trabajo ante las cámaras sino también la sociedad y la cultura que aquellos programas de televisión y películas reflejaban, propiciando interesantes diálogos en torno a la valía o no de aquellas películas, su machismo –Pajares y Esteso lo niegan radicalmente– los límites del humor o la volatilidad del éxito y la fama.

Un filete de ternera

Hijo de un camarero y de una ama de casa analfabeta, Pajares se emociona cuando recuerda que su padre, tras trabajar catorce horas por 150 míseras pesetas, se recorría el Madrid de la posguerra para conseguir un filete de ternera para su hijo. De joven, el actor robaba libros solo para hacerse con las 14 o 15 pesetas que costaba la entrada al teatro. «A mis padres nunca les gustó que me dedicará a la farándula», explica quien debutó en el York Club en 1957. Poco después conoció a la que sería la madre de su primer hijo, Carmen Burguera. Su dolorosa muerte a causa de un cáncer de pulmón fue la estructura sobre la que armó su Paulino en '¡Ay, Carmela!'.

Con la muerte del dictador, en 1975, las ansias de libertad y democracia acabaron desatando una ola de erotismo que recorrería el país entero. «España se ha puesto cachonda», llegó a describir Camilo José Cela. En ese boom de minifaldas y bikinis, cómicos como Pajares o Fernando Esteso llenaban día sí y día también salas de fiesta como el Florida Park.

Con un ojo clínico para el negocio y el entretenimiento, el director Mariano Ozores y el productor José Luis Bermudez de Castro lo vieron claro: ¿Y si los juntaban para protagonizar una película? Fueron con el proyecto a Ízaro Films, una productora de la familia Reyzábal -«Sus estrenos eran formidables, había marisco y si trabajabas con ellos sabías que cobrabas seguro», revela Sacristán-, propietaria de decenas de salas de cine y salas de fiesta a lo largo y ancho del país e incluso de la torre Windsor. Así surgió 'Los bingueros' en 1979, todo un taquillazo que superó a películas como 'Superman' o 'Aterriza como puedas'. Un millón de espectadores, de los treinta que entonces vivían en España, acudió a verla; costó quince millones de pesetas y recaudó doscientos. Había nacido la españolada y comenzaba una estrecha colaboración entre Pajares y Esteso que dio lugar a otras ocho películas en cinco años -'Los energéticos' (1979), 'Yo hice a Roque III' (1980), 'Los liantes' (1981), 'Los chulos' (1981), 'Todos al suelo' (1982), 'Padre no hay más que dos' (1982), 'Agítese antes de usarla' (1983) y 'La Lola nos lleva al huerto' (1984)-. ¿Sus ingredientes? Desnudos, comedia y asuntos sociales de actualidad, en una fórmula que siempre protagonizaron tipos corrientes con mala suerte, rodeados de mujeres despampanantes, y que acabó por tejer un retrato involuntario de aquella España caliente.

Rodajes de guerrilla

«Fue positivo, salíamos de una dictadura horrible e hicimos un trabajo social impresionante», dice Sara Mora, una de las actrices del destape, a las que la industria luego arrinconó. «Me decían que levantara la manita si estaba en una situación incómoda. No lo hice nunca porque había un respeto absoluto», explica Loreta Tovar, otra de las damas que coprotagonizaron estos filmes.

Eran unos rodajes de guerrilla, vertiginosos, con secuencias en las que, a veces, los actores solo movían la boca porque algunas de las líneas de guion ni siquiera estaban escritas. A menudo, el actor aportaba su propio vestuario. Cuenta el responsable de la escenografía de 'Los bingueros' que alucinó cuando Florinda Chico abrió su armario con toda la indumentaria de chacha que la actriz había ido adquiriendo para dar vida a sus personajes. «Pero no te preocupes, porque con esto me da para esto», le dijo enseñándole otro armario repleto de abrigos de pieles.

A mediados de los ochenta, con la apertura de las salas X y la Ley del Cine de Pilar Miro. Esteso y Pajares siguieron trabajando juntos, en una gira llamada 'En vivo' que llevaron por todas las ferias de España en 1986 y en la obra 'La extraña pareja'. Pero en 1987 pusieron punto final a esa colaboración. «Se paró porque si no, no hubiéramos salido de ese tipo de cine y no queríamos que nos encasillaran como pareja. Éramos distintos, pero nos adoramos como amigos y sabe que me tiene para lo que necesite», confiesa Pajares. «El me ha definido como el hermano que nunca ha tenido, y yo como el amigo más íntimo de esta profesión y fuera de ella», confía Esteso. Por eso, cuando se reencuentran en el documental, la emoción casi se palpa.

'Pajares y CIA' está disponible en Atresplayer Premium.

Vídeo. El tráiler de 'Pajares & CIA'.