Abril Zamora, en una imagen promocional.

«Yo soy mi peor enemiga, me boicoteo todo el rato»

Estrena este martes 'Todo lo otro' en HBO Max, una serie acerca de un grupo de treintañeros en plena crisis existencial

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Será una de las series con las que HBO Max comience su andadura en España este martes. Creada, escrita y dirigida por Abril Zamora, 'Todo lo otro' es la historia de Dafne y sus amigos, un grupo de treintañeros en plena crisis existencial. La de Dafne llega a su cumbre cuando un día, de pedo, le dice a su mejor amigo que está enamorada de él. Arranca así una ficción que se mueve entre el drama y la comedia a la búsqueda de la verdad.

-'Todo lo otro' es una de las series con las que HBO Max abre sus puertas en España. ¿Es una responsabilidad añadida? ¿Siente más presión?

-En realidad no, porque siempre me han dado a entender que les gustaba el proyecto y creían en él. Y eso me ha dado mucha tranquilidad porque no he estado pensando en si va a gustar a la gente, si no. Ellos han confiado en mí y me han dado mucha libertad para que cuente la historia como me dé la gana. Me enorgullecé mucho estar entre esas primeras series y estoy muy agradecida, pero no hay una presión añadida, solo la presión de hacer una serie para HBO Max, que ya es suficiente.

-La serie sigue los pasos de un grupo de treintañeros en plena crisis existencial. ¿No hay treintañero sin crisis existencial?

-Claro, a mí me gusta hablar de las crisis existenciales porque yo llevo en crisis desde que tengo catorce años. Tengo crisis todo el rato. Creo que es un estado normal porque somos gente inconformista, así que por muy bien que estés siempre vas a querer estar en un lugar diferente y siempre te vas a sentir un poco frustrado por el amor, el sexo, tus amistades o lo que sea. Parte todo un poco de que me apetecía contar una historia con un tono particular o que fuera naturalista, pero un poco dramático, un poco ligero, sobre todo porque creo que aquí no se hace mucho y fuera hay muchas series que se permiten hacer una pausa. Aquí nos da mucho miedo eso, todo tiene que ser información y rápido. Y, más que contar una historia de treintañeros, me apetecía explorar eso. Como quería trabajar con mis amigos y todos tienen más o menos la misma edad era inevitable que fuera una historia de treintañeros, aunque desde mi punto de vista no es una historia generacional.

-El punto de partida es cuando Dafne, tu personaje, le cuenta a su mejor amigo que está enamorada de él y luego gran parte de la serie funciona como la narración hasta ese día. ¿Por qué optaste por contarlo así?

-Es el conflicto principal del personaje y antes de saber hacia dónde va me apetecía explorar cómo habían llegado los personajes hasta ahí y presentarlos de un modo piano para ver cómo ella se va dando cuenta de que se ha enamorado. Era importante no hacer una dramaturgia estándar con un inicio, un conflicto y un desarrollo, sino que te pongo el conflicto, luego voy para atrás y llego a donde habíamos empezado que es el capítulo seis, donde se retoma qué pasa después.

-Alberto Casado, de Pantomima Full, hace la voz en off, una suerte de narrador omnisciente que sabe lo que piensan todos los personajes y juega a reírse un poco de ellos. ¿No temió que, al ser una voz tan reconocida, distrajera un poco de lo que acontecía en pantalla?

-No lo sé. A mí es que el me encanta y me hacía mucha ilusión y le hice una prueba solo a él. Me ganó desde el minuto uno cuando empezó a leer el texto. Para mí la voz en off es como la voz que tenemos todos que nos tortura todo el rato diciéndonos «¡eres fea, eres una estafadora, eres una perdedora, nunca te va a querer nadie!». Yo me lo digo constantemente. Como los personajes son muy manipuladores y solo muestran lo que ellos quieren era interesante tener una voz que nos dijera lo que estaban pensando en realidad y eso lo asociaba a la comedia y la potenciaba mucho. Él tiene una voz de tipo normal y acaba siendo casi un espectador más que dice lo que opina sobre los personajes. Además mi personaje es casi el de una adolescente, una princesa, y con su voz casi parece que todo tiene un halo de cuento.

-Sin embargo, la serie no se corta con nada. Hay varias escenas de sexo y, sobre todo, un tratamiento de las drogas mucho más real y naturalizado que en el 90% de las series españolas. ¿Por qué cree que sigue siendo un tema tabú?

-Si es que todo el mundo se droga o todo el mundo se ha drogado en algún momento, por lo menos la gente de mi entorno. Me parece lo más normal del mundo y mirar hacia otro lado es esconder una realidad y creo que es muy guay que moralmente los personajes hagan cosas que se nos han prohibido y que puedan ser como negativas para los protagonistas. Mi personaje se enrolla con un chico al que acaba de conocer, le come la polla, se traga su semen y no pasa nada; y toma M en una fiesta entre semana porque le apetece y no hay una consecuencia en plan se drogó y tuvo un accidente. La droga tienes que saber cuándo utilizarla y en qué momento y es como todo, si abusas tiene riesgos, como beber o como hacer excesivo deporte. Al igual que se habla de la frustración o de la ansiedad, creo que no podemos mirar a otro lado con las drogas. Y lo mismo con las escenas de sexo, hemos tratado de que sean lo más reales: se te corren encima y no te tapas las tetas corriendo, no tiene ningún sentido.

-¿Cúanto hay de Abril en Dafne? Da la sensación de que mucho.

-Hay muchísimo de mí y me ha dado mucho pudor en muchos momentos. Yo siempre hago un trabajo de dirección con los actores que tiene que ver con la manera de hablar con la manera de moverse y luego el personaje se va construyendo solo en función de sus actos, que lo van definiendo mucho más. Y en ese sentido, costó que ella y yo nos separáramos porque reaccionamos igual, hablamos igual, nos reímos igual, nos movemos igual y somos la misma pesada. Pero es cierto que hubo un momento en que noté que nos estábamos separando debido a nuestras distintas reacciones y eso me dio mucha tranquilidad porque empecé a sentirme muy expuesta como persona dentro de la serie. Somos igual de patéticas, de torpes, nos reímos mucho de nosotras mismas, tenemos mucha ilusión en lo que respecta al amor y somos personajes luminosos aun teniendo mucho pesimismo en la mochila, pero somos completamente diferentes para algunas cosas.

Abril Zamora, como Dafne, en un fotograma de 'Todo lo otro'. / Virginia Martín Chico

-¿Y qué hay de los miedos que tiene Dafne en torno a su transición? Las inseguridades, el miedo a no ser aceptada entre los amigos, a no encontrar el amor. ¿Usted también los experimentó?

-Los tuve, pero de un modo diferente. Cuando empecé a meterme en aplicaciones para tener citas con chicos, siempre pensé que me costaría mucho por el hecho de ser una chica trans pero cuando empecé a salir por ahí me di cuenta de que tenía mucho éxito con chicos que tenían interés en mí, más allá de un fetiche o de algo sexual. Ligué con muchos y nunca tuve un conflicto y ellos no lo tuvieron y muchos siguieron quedando conmigo. A ella le va peor que a mí en ese aspecto, pero aunque para mí no es importante la transexualidad en la serie y no se le da mucha importancia, creo que era importante señalar esa realidad. No es mi realidad porque he tenido una suerte diferente al igual que en otros aspectos: soy una creadora y directora trans y no es una tónica muy normal. A partir del capítulo dos se habla muy poco de la transexualidad porque no es relevante ni para la trama ni para el personaje.

-¿Cree que mostrar estas realidades puede ayudar a personas que estén pasando por algo similar?

-Yo creo que lo que más va ayudar a las personas trans es mostrar una realidad alejada de la transexualidad, que no se le dé ninguna importancia, que sea una chica y que su conflicto sea que está enamorada de su amigo o que tiene un trabajo que no le gusta. Eso normaliza mucho más que sea panfletaria transexual o que su trama se centre en la transexualidad. Creo que lo que ayuda a unos padres de una niña que es trans es ver referentes de gente que es feliz y que les va bien en la vida y que no todo tiene que ser un camino tortuoso porque para mí en muchos momentos lo ha sido y en muchos otros no. Pero tampoco podemos mirar hacia otro lado. Hay mucha transfobia, todos los días amanecemos con agresiones brutales y eso lamentablemente está eclipsando que también se vea que hay pequeñas esperanzas.

-Hablaba de la transfobia y del odio que se ha acrecentado hacia la comunidad LGTBI. ¿De dónde cree que surge y qué se puede hacer?

-Todo esto surge de que hay un alza de la derecha extrema y toda la gente que estaba en la caverna de pronto sale para vincularse a esa historia. Han sentido que antes estaba mal pensar así y poco a poco se han visto respaldados. No sé por qué a la gente le molesta tanto que las personas vivan sus propias vidas si no le afecta a nadie. Yo no puedo tener un debate con alguien que está en contra de lo que yo soy como humana. Cuando su opinión atenta directamente contra ti, creo que no se le debería dar voz porque atenta también contra los derechos humanos y eso no debería encajar en ningún sitio porque no es una opinión, es una agresión. Yo intento ayudar todo lo que puedo intentando hacer una ficción inclusiva, porque la televisión es educación, y ver un personaje que está normalizado en su circunstancia hace que la gente que desconoce esa circunstancia pueda empezar a normalizarlo. Ver personajes LGBT en la tele normaliza para alguien que no tiene una persona así cercana.

-Siendo una historia tan personal, ¿qué debilidades y qué fortalezas te has visto dirigiendo, escribiendo y actuando?

-Fortalezas no me veo nunca porque yo soy mi peor enemiga, me boicoteo todo el rato, siempre pienso que soy una farsante, al igual que tu y que el resto del mundo (ríe). He aprendido muchísimo como realizadora porque he hecho muy bien los deberes y por las noches siempre era planificar el día siguiente y lo primero que hacía cuando llegaba al set era hablar con el director de fotografía y contarle cómo iba a ser el rodaje. También he disfrutado mucho. Tuve la suerte de poder ensayar mucho con los actores antes y ese trabajo ya estaba hecho. Además son mis amigos en la vida real haciendo de mis amigos en la serie, así que las relaciones ya estaban muy trabajadas y ha sido muy fácil. Y cómo actriz me he sentido muy frágil en muchos momentos porque me he sentido muy expuesta y he tenido que transitar por cosas que no son muy positivas. Estoy orgullosa de haber traspasado las barreras que tenía. Nunca había hecho una escena de sexo como mujer y la he hecho y estoy contenta. Pero casi me dan más pudor las escenas de amor, que también las he hecho, que enseñar el cuerpo. Y he dirigido con mi combo completamente desnuda con mi equipo porque era lo que tenía que hacer en ese momento por el pacto de honestidad que hemos hecho con este proyecto para que sea verdadero.

-Ha dicho en alguna ocasión que actuar como Abril está siendo casi como empezar de cero. ¿Ha echado de menos a Abel?

-(Ríe). No, porque el resultado que yo daba antes no era muy guay. Siempre estaba actuando sobre algo ya actuado y antes solo estaba pendiente de lo que yo estaba proyectando frente a los demás, solo estaba pendiente de proyectar una imagen de mí que no era verdadera. Cuando quité todas esas capas, solo se quedó algo sencillo de «me está pasando esto como personaje y ya está». Nunca he estado ya pendiente de si me tengo que sentar así, si tengo que meterme la mano en el bolsillo, si tengo que parecer una persona más masculina de lo que soy. Desde que empecé mi trayectoria como actriz me he despojado de muchas cosas que eran armas y trucos, pero que no daban el resultado que yo quería y no me hacían feliz. Fue un empezar de cero, pero desde el juego que es lo que es la interpretación, como una niña frente a todo. Tuve la suerte de que en 'Vis a vis' tenía muy poco texto al principio, poco a poco me fueron dando más y aprendí muchísimo. Y aquí he hecho un montón de cosas que jamás las habría hecho si no hubiera escrito yo la serie. Nadie me hubiera dado esta oportunidad tan maravillosa de transitar por tantas cosas.

Vídeo. El tráiler de la serie.