Ariana DeBose es Anita en la nueva versión de Spielberg, papel que encarnaba Rita Moreno en el filme original de 1961.

'West Side Story' y 'Matrix' llegan al auxilio de 'Spider-Man' para salvar a los cines

Las salas españolas han recuperado cifras de taquilla anteriores a la pandemia gracias a la nueva entrega del Hombre Araña. Spielberg y las hermanas Wachowski ayudarán desde este miércoles a que se incrementen

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

A 'Spider-Man: No Way Home' le han bastado cinco días para convertirse en la película más taquillera de 2021. Estrenada el pasado jueves en aproximadamente 1.000 pantallas, la novena entrega del Hombre Araña que vemos en veinte años ha logrado que casi millón y medio de españoles vencieran su recelo a entrar en un cine. Los 9,3 millones de euros que ha recaudado equivalen al 80% de la taquilla. Sin ir más lejos, la comedia con Paco León y Miren Ibarguren 'Mamá o papá' se sitúa en segundo puesto del 'box office' con 490.000 euros, muy lejos de la superproducción de Marvel que Sony distribuye en España.

Son cifras que desbordan las previsiones más optimistas y que nos remontan a tiempos anteriores a la pandemia. Que el pasado sábado las salas acogieran a medio millón de espectadores supone una inyección de optimismo para un sector que ha sufrido cierres y limitaciones de aforo. Habría que retroceder a abril de 2019 para encontrar un taquillazo similar, 'Vengadores: Endgame', que amasó 10,2 millones en su primer fin de semana. Con la variante ómicron desbocada, no es descabellado pensar que las salas se enfrentan a un horizonte inmediato de restricciones. Las adoptarán cuando ofertan en su cartelera 'Spider-Man: No Way Home' y otros tres previsibles éxitos que se estrenan hoy: 'West Side Story', 'Matrix Resurrections' y '¡Canta 2!'.

El remake a cargo de Spielberg de uno de los musicales más célebres de todos los tiempos servirá para comprobar si solo el 'fandom' de Marvel acude a la llamada de su superhéroe favorito o el público adulto también se anima a recobrar el hábito perdido de ir al cine. En Estados Unidos no lo hizo, y 'West Side Story' pinchó en taquilla el fin de semana de su estreno con 10 millones escasos de dólares, al igual que lo han hecho a lo largo de este año los filmes dirigidos a espectadores talluditos: 'El método Williams', 'Belfast', 'Spencer'… El motivo no es solo que a la Generación Z no le gusten los musicales, como observó la revista 'Variety', sino que muchos no entienden la necesidad de revisitar una película tan vista como 'West Side Story', que forma parte de la cultura popular y ha saltado a los escenarios en miles de ocasiones, de Broadway a las representaciones en institutos.

Su éxito fabuloso en 1961 inundó las radios de todo el mundo con la partitura de Leonard Bernstein y las letras del recientemente fallecido Stephen Sondheim. Esta puesta al día del eterno tema de Romeo y Julieta reemplazaba a Montescos y Capuletos por pandillas en los suburbios de Nueva York: portorriqueños recién llegados, los Sharks, y anglosajones hijos de emigrantes, los Jets. El filme adaptaba un éxito teatral dirigido y coreografiado por Jerome Robbins, codirector de la película junto a Robert Wise. Vista hoy, las secuencias argumentales son blandas y de una alarmante cursilería. Pero 'West Side Story' no ha pasado a la historia por su carácter de tragedia sentimental: las escenas de baile a cargo de Robbins resultan memorables por su brío y energía. En ellas reside tanto la originalidad como la clave del éxito del filme.

Píldora roja, píldora azul

'West Side Story' obtuvo la friolera de diez Oscar, entre ellos los de mejor película, director y actores secundarios (Rita Moreno y el griego George Chakiris, con el rostro ennegrecido para hacer de portorriqueño); sólo en París permaneció cinco años consecutivos en el cine donde se estrenó. A lo largo de sus 151 minutos se suceden asombrosas secuencias de baile acrobáticas todavía no superadas. Por primera vez en la historia del cine, la cámara se lanzaba a las calles en pos de bailarines en vaqueros. Steven Spielberg y su guionista Tony Kushner han vuelto al musical y no tanto a la película para «reinventar», como afirman las notas promocionales de Disney, el romance interracial entre María (Rachel Zegler) y Tony (Ansel Elgort). Ahora los actores tienen sangre latina (Zegler es hija de colombiana) y el conflicto racial y social está más presente.

Keanu Reeves y Carrie-Anne Moss regresan en la piel de Neo y Trinity.

En cuanto a 'Matrix Resurrections', la cuarta entrega de la saga puede presumir de tener dos directoras al frente que en 1999 eran hombres. Las hermanas Wachowski aprovecharon en su día los hallazgos visuales del cine de Hong Kong y el anime en alucinantes coreografías al servicio de una historia que bebía del ciberpunk y en el que los humanos no tienen conciencia de hallarse en un mundo fabricado y regido por las máquinas.

Somos esclavos que podemos elegir entre la píldora roja o la píldora azul, tal como Morfeo le ofrecía a Neo por si quería despertar. Keanu Reeves, 57 tacos, regresa junto a Carrie-Anne Moss, 54, en una aparatosa aventura más divertida que las dos últimas entregas y con un punto 'camp' en las escenas de acción, que han llevado a algún crítico estadounidense a calificarla de comedia.

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