Un joven Charles Aznavour frente a la catedral de Notre Dame en una imagen del documental 'Aznavour by Charles'.

La vida de película de Charles Aznavour

El cantante, fallecido en 2018, grabó su intimidad y sus viajes por el mundo en películas caseras que ahora ven la luz en un fascinante documental que estrena en Filmin el Festival D'A de Barcelona

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Lo tenía todo en contra para triunfar. Charles Aznavour (París, 1924. Mouriès, 2018) era bajito y feo. Siempre pareció tener la misma edad y un aspecto de perro apaleado del que el cine sacó provecho en ochenta películas. Hijo de inmigrantes armenios que sobrevivieron al genocidio turco, vendió periódicos de niño en París y se impuso convertirse en una estrella cuando sufrió la miseria de adolescente. Vivió la bohemia en una buhardilla sin luz ni agua corriente asomada a la Place du Tertre y gracias a su voz angustiada dio el salto de Montmartre a los Campos Elíseos. Grabó más de 1.400 canciones, 800 de ellas compuestas por él mismo. Cantó en una decena de idiomas, amó a todas las mujeres que pudo, gastó todo el dinero que ganó y Francia le lloró como el gran gigante de la 'chanson' cuando murió a los 94 años sin haber cumplido su retirada de los escenarios, tal como anunciaba en 'J'abdiquerai' (Abdicaré).

Aznavour no tenía secretos. Su voracidad comercial, sus matrimonios, sus opiniones políticas (fue gran amigo de Chirac y Sarkozy)… Todo quedó plasmado en periódicos y revistas a lo largo de setenta años de carrera. Sin embargo, el cantante ocultaba un tesoro en una habitación de su villa de Mouriès, el pueblecito de la Provenza cercano a Arlés donde eligió morir. En 1948, Edith Piaf, de la que fue amante, letrista y chico de los recados, le regaló una cámara de Súper 8. Desde entonces, el cantante se aficionó a grabar casi de manera compulsiva sus viajes por el mundo, sus rodajes, sus amores, las celebraciones familiares, las vacaciones… Pocos meses antes de su muerte por culpa de un edema pulmonar, abrió esa habitación al realizador Marc di Domenico, amigo de su hijo Mischa. Y le pidió que hiciera una película con esos rollos de celuloide perfectamente ordenados. El resultado es un fascinante documental, 'Aznavour by Charles', que se puede ver hasta este domingo en Filmin dentro delFestival de Cine de Autor D'A de Barcelona, que se celebra este año de manera virtual en la plataforma.

'Le regard de Charles' ('La mirada de Charles' en su título original) llegó a los cines franceses el octubre pasado, coincidiendo con el primer aniversario de la muerte del artista. Todas sus imágenes, excepto algunas actuaciones con canciones inolvidables, están tomadas por el propio Aznavour, que demuestra una mirada casi etnográfica en sus viajes por Asia, África y América del Sur. El actor Romain Duris pone la voz en off con reflexiones extraídas de entrevistas y escritos del autor de 'La Bohème'. Lejos del documental biográfico al uso, el filme nos sumerge en algo así como un álbum de fotos familiar convirtiéndonos en testigos de su intimidad. Hay algo mágico en las escenas a bordo del transatlántico que llevó a Aznavour y su segunda mujer, Evelyne Plessis, a Nueva York en los años 50. Resulta hipnótico el glamour ya irrepetible de su boda en Las Vegas con su tercera y definitiva esposa, la sueca Ulla Thorsell, con Kirk Douglas y Sammy Davis Jr. de testigos. Después volverían a repetir ceremonia en París por el rito de la iglesia cristiana apostólica armenia con Johnny Hallyday y Catherine Deneuve en los bancos. Y ahí estaba de nuevo la cámara de Aznavour.

El Capri de los ricos y famosos de comienzos de los 60, el Manhattan con marquesinas de teatros y salas de conciertos rendidas al pequeño francés, el rodaje de 'Un taxi para Tobruk' (1961) junto a su amigo Lino Ventura, que también se ganaba la vida de chaval vendiendo periódicos en las calles de París… «Mi padre casi siempre tenía una cámara en la mano. Recuerdo especialmente sus cámaras digitales, después de las Súper 8», cuenta su hijo Mischa. «Nos filmó en familia, pero también a sus amigos, sus viajes y los grandes momentos de su vida. Mi padre filmaba para fijar los recuerdos». Aznavour no oculta en el documental el gran drama de su vida: la muerte de su hijo Patrick a los 25 años a causa de una sobredosis de drogas. Hay tanto amor en las imágenes caseras del joven, que apareció sin vida en el apartamento parisino que le pagaba el padre, como en las de Ulla, la mujer que puso fin a su vida crápula quemando la noche de París. «No ves mis ojos cuando te filmo, están brillando de emoción», recita.

Charles Aznavour junto a su tercera esposa, Ulla Thorsell, el gran amor de su vida. Con la mítica Edith Piaf, de la que fue amante, letrista y chico de los recados, y con la cámara de Súper-8 con la que grabó sus viajes y aspectos de su intimidad durante años.

«Aznavour y yo nos conocimos en 1999, yo era amigo de su hijo Mischa. Hablábamos mucho sobre cine y música y desarrollamos una relación amistosa de una manera muy relajada», relata Di Domenico. «Un día empiezo a filmarlo y en su biblioteca veo una puerta. La abre y descubro afiches de películas y, en un rincón, un montón de rollos de celuloide». El cantante cita en el filme una máxima de Federico Fellini que siempre tuvo muy presente: «Por las mañanas me despierta la curiosidad». Nunca olvidó su condición de hijo de emigrantes. Por eso hay tanto respeto y cariño cuando graba a los desheredados del mundo. O en su viaje a Armenia, cuando por fin conoce a su abuela y dice que le gustaría permanecer entre sus brazos, aspirando un olor familiar. «Cuando escribía canciones era muy meticuloso, nunca se dejaba llevar por el primer impulso. Por el contrario, su gesto de filmar era completamente espontáneo», valora el director.

'Aznavour by Charles' también funciona como sesión de psicoanálisis para su protagonista, a quien el éxito le saludó tan temprano que casi agarró la cámara como una manera de demostrar que todo lo que le pasaba era real. «Yo existo. Me filmo a mí mismo, pues existo», filosofa. De las tabernas de Pigalle a las piscinas de la Costa Azul. «Gano mucho dinero y no lo escondo», admite el cantante, que también apuntaba con su tomavistas a los periodistas cuando estos lo acribillaban a flashes. «Me vieron, sí, pero lo que no saben es que yo también los vi; de hecho, los estuve mirando desde el principio», confiesa el autor de 'Venecia sin ti'.