Levan Gelbakhiani, en un fotograma de la película.

'Solo nos queda bailar' y la importancia de ser libre

La propuesta, rendida a un concepto de amor universal, se ha paseado por festivales como el de Cannes o la Seminci de Valladolid, donde su actor protagonista, el debutante Levan Gelbakhiani, se llevó el máximo galardón en su categoría

Borja Crespo
BORJA CRESPO

Lírica y comprometida se antoja 'Solo nos queda bailar', producción sueca escrita y dirigida por Levan Akin, responsable de 'El círculo', que aquí está notablemente más inspirado. En su labor tras la cámara, avalada por la crítica, con un fuerte trabajo previo de documentación, describe la historia de un bailarín de la Compañía de Nacional de Danza de Georgia que descubre su homosexualidad en un entorno hostil. La tolerancia frente a las ideas tradicionales anquilosadas, la juventud y su desarrollo complicado, es la base sobre la que se construye un relato emotivo que golpea los cimientos de una sociedad conservadora. La propuesta, rendida a un concepto de amor universal, se ha paseado por festivales como el de Cannes o la Seminci de Valladolid, donde su actor protagonista, el debutante Levan Gelbakhiani, se llevó el máximo galardón en su categoría. «Cuenta una historia sobre la juventud LGTBI+ y sobre sus problemas a pequeña escala, pero también, a mayor escala, expone la historia y la situación actual de Georgia», explica el director. «Esta película no es únicamente una mirada interesante hacia una parte del mundo que no mucha gente conoce, también es una historia sincera sobre la importancia de ser libre». Cine de autor con visos de atraer a un amplio público comprometido con temáticas candentes. «En ciertos aspectos, parece que estemos yendo hacia atrás en algunos países europeos», indica Akin, preocupado con cuestiones de género y sexualidad. «Es el análisis que yo hago, pero parece que los extremos se están polarizando cada vez más en todo el mundo».

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