Patricia López Arnaiz, en 'La hija'. / Marino Scandurra

«Para hacer un trabajo no puedes juzgar a tu personaje»

Protagoniza 'La hija', el último largometraje de Manuel Martín Cuenca, un drama que pone sobre la mesa la cuestión de los vientres de alquiler

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Patricia López Arnaiz (Vitoria, 1981) no para. Desde que protagonizó 'Ane', el número de proyectos en los que se ha visto involucrada esta actriz de vocación tardía no ha dejado de subir. La guinda a su mejor año en lo profesional la pusieron el Forqué, el Feroz y el Goya por este papel de una vigilante de las obras del tren de alta velocidad en el País Vasco, madre de una joven borroka. Ahora protagoniza, junto a Javier Gutiérrez e Irene Virgüez, 'La hija', el último largometraje de Manuel Martín Cuenca. Patricia y Javier dan vida a un matrimonio incapaz de tener hijos que propone a una menor con un embarazo no deseado cuidarla durante los nueve meses en el caserón que tienen en la Sierra de Cazorla a cambio de quedarse con el bebé cuando dé a luz.

-¿Cómo lleva esto de la promoción?

-Bueno, es intenso, pero al final lo haces con mucho amor porque es un apoyo a la película y yo tengo muchas ganas de que la gente se acerque a verla, así que lo hago encantada. Es uno de esos proyectos de los que da gusto hablar porque es una cosa bonita. Ha sido un trabajo tan chulo de hacer que me encuentro a gusto hablando de ello.

-¿Qué le atrapó del proyecto?

-Lo primero fue el guion, que fue una de esas lecturas que disfrutas per se, sin pensar en más. Daba mucho gusto, estaba muy bien escrito y me atrapó. Era un viaje con un 'in crescendo' muy interesante. Más atractivo fue saber que era Manuel Martín Cuenca quien estaba detrás Era una garantía saber que iba a participar en un trabajo que iba a disfrutar como actriz por la forma en la que trabaja con los actores y las actrices. Eso lo confirmé en la prueba, que fue muy chula porque no fue una prueba al uso, me dirigió y utilizó esos metodos suyos para sorprenderte, improvisar, ejercicios que te suponen estar abierta, muy dispuesta, muy a la escucha y muy entregada a ver qué te pasa con lo que te propone porque puede ser cualquier cosa.

-Da vida a una mujer inicialmente con dudas en ese pacto, que después se muestra implacable, dispuesta a todo por un objetivo. ¿Cómo se preparó el personaje?

-La preparación fue con todos mis compañeros. Nos fuimos a la Sierra de Cazorla, 'in situ', y estuvimos trabajando intensamente, sumergidos en el lugar, el pasado de los personajes, y fuimos transitándolo e incorporándolo, como si lo hubiésemos rodado, con muchas improvisaciones, reflexión y experimentos con Manuel. Luego el personaje, que puede parecer complicado, resultó fácil porque ese trabajo previo fue muy bueno. Yo llegué a rodaje ya cargada y con toda la mochila de estos dos personajes que no se conoce en la película, pero que creo que se intuye. Y claro lo que le pasa a esta mujer es que si en un principio duda es porque sabe que si se decide, abre la caja de Pandora. La exposición al dolor y al sufrimiento que acepta a la hora de abordar este pacto supone que sea una opción de vida o muerte, de si esto no sale bien, yo me muero, por eso tiene la duda ella al principio, al ver que la niña no está convencida. Para ella es como tirarse al vacío. Cuando está segura de ello ya no hay marcha atrás. Es una tragedia griega.

-¿Es un desafío dar vida a un personaje predestinado a caer mal entre el público?

-(Ríe). Bueno, yo no no pienso en que mi objetivo es caer mal al público o que tengo que caer simpática. A veces me ha pasado, he hecho trabajos donde me han dado esas pautas, pero no. Ni yo lo he pensado ni Manuel me lo ha transmitido. Al final yo trabajo con el material que hay y en el guion esta mujer está donde está, yo la entiendo. Al final para hacer un trabajo no puedes juzgar a tu personaje, te pegas todo el viaje y no dejas de entenderla porque te estás moviendo desde su lógica y es una mujer que si la gente supiera por donde he tenido que transitar para llegar ahí creo que me acompañaría con bastante más simpatía porque es gente que ha sufrido muchísimo, que ha tenido un viaje con el tema de la maternidad y la paternidad muy duro y al borde de querer morirse, de llegar a unos sitios súper oscuros. Todo lo que pasa en la película lo hago desde un sitio totalmente entendible, desde la lógica, desde el amor y desde un sitio que me acaba llevando ahí pero yo, como actriz, no los juzgo como algo antipático.

-¿Qué fue lo más difícil del rodaje?

-Realmente, no me ha resultado un rodaje difícil porque cuando trabajas con un director, un material y unos compañeros maravillosos todo eso te lo pone muy fácil. Quizá fue duro porque era una localización muy especial, por la que hubiera apostado mil veces, pero que suponía un esfuerzo extra porque debíamos movernos todos los días prácticamente una hora, por la Sierra, en unas pickups, que llegabas a rodar con el estómago en la boca. Pero no tengo recuerdo de dificultad.

-La película pone sobre el foco en un tema muy de actualidad que son los vientres de alquiler y la gestación subrogada. ¿Cree que fomentará el debate y la discusión?

-Pues no lo sé, supongo que sí. Creo que es una película que deja esos silencios y esos espacios para que la gente se haga preguntas y la comente. Lo sabremos ahora cuando llegue al cine y nos empiecen a dar su feedback.

-¿Cual es su opinión al respecto? ¿Cree que debería ser regulada la gestación subrogada o cree que es una forma de violencia contra la mujer?

-A mí me parece que es un tema muy delicado. Para meterme en la realidad del personaje no he necesitado estudiar ni investigar esto, solo tenía que meterme en la emocionalidad de esta mujer, en su deseo, en su dolor. Antes de opinar, me gusta documentarme bien de las cosas, pero sí tengo mi opinión y creo que sí es verdad y que es una obviedad que una mujer que se expone a esto lo hace generalmente por necesidad. Hay algo ahí que no tiene que ser nada fácil y que es muy duro porque el vínculo que se genera entre una madre y un hijo... Creo que si realmente estuviéramos en una sociedad utópica, equilibrada a nivel de género y de clases, no se darían así las cosas.

Tres instantes de la película. / Marino Scandurra

-Hay un momento de la película en se llega a decir que su personaje no está bien «por no haber tenido hijos». ¿Cree que la sociedad sigue ejerciendo presión sobre las mujeres en ese tipo de cuestiones?

-Ayer nos preguntaron sobre esto y hablamos un poco de ello. En mi caso, yo no he sentido esa presión en mi vida, pero es mi circunstancia. Ayer Javier Gutiérrez comentaba de compañeras que por ejemplo a la hora de dedicarse a este oficio lo han tenido muy difícil en ese aspecto, las pocas facilidades. Esa pregunta de cuándo vas a tener hijos sigue estando ahí, pero son cómo esas preguntas que te hacen cuando eres pequeño de cuándo te vas a echar un novio y nadie piensa en la posibilidad de que pueda ser una novia. Son estas frases hechas. En ese aspecto, yo creo que esa presión cada vez va teniendo menos peso. Sí es verdad que en la maternidad o en la presión a la hora de tener una vida profesional y poder compaginarla pues todavía sigue habiendo dificultades, especialmente para la mujer.

Lo que supone un Goya

-Han pasado ocho meses desde que ganó el Goya. ¿En qué se nota?

-No sé qué decirte, la verdad, fue tan tsunami ese momento... Lo primero es el momentazo de todo el cariño que recibes, que es una locura, y luego es cierto que ahora es algo que lo tienes ahí pegado. Si alguien te conoce: «¿Eres la del Goya no?». En general no me pasa mucho que me reconozcan, me siento súper tranquila en ese aspecto porque es muy esporádico. Al final el Goya es como un símbolo que está muy extendido, no tienes que ser cinéfilo para saber lo que es y siempre está ahí. Y luego a nivel de curro pues sí, me está llegando muchísimo curro desde 'Ane' yo creo, poco antes de los premios. Con el estreno ya empecé a notar como que llegaban un montón de propuestas de trabajo.

-¿Le preocupa perder cierta intimidad?

-Sí, me da un poco de respeto todo eso. No sabes muy bien cómo encontrar ese equilibrio de poder seguir llevando la vida que he llevado siempre y estar ahí porque al final no deja de ser un trabajo que te expone y quieres que el público te vea y que le guste tu trabajo. A mí me gustaría que no me pasara algo que me cambiara la vida de repente en ese aspecto. Yo estoy como con cautela, con cuidado. Te hablo ahora, yo no sé si dentro de dos años será así o pensaré de otra manera. También hay cosas que ahora me toca hacer que en otro momento de mi vida me hubiesen asustado, con ese indice de exposición, y ahora las hago y las hago con otro tipo de tranquilidad.

-¿Como por ejemplo?

-Todo el mundo de comunicación a nivel de estrenos de alfombras rojas, toda esa parte de exposición que no tiene que ver con el rodaje de la película, que es lo que tu sabes que te gusta. Eso es un extra que viene de fuera y hay que aprender a estar ahí. Hay gente que tendrá más facilidad, pero para mí es algo que, aunque voy notando que cada vez me voy familiarizando más, me quema mucha energía. Hay algo ahí que me inquieta y por lo que no acabo de estar del todo cómoda.

Vídeo. El tráiler de 'La hija'.