El director Oliver Laxe impartirá un taller intensivo en agosto en los Estudios Melitón de Navarra. / J. Lusa

Oliver Laxe: «Un virus que impidiese ver Netflix sería una bendición»

El director de 'Lo que arde', la gran sorpresa de los últimos Goya, asegura que estos meses de confinamiento en los escenarios gallegos del filme han sido «los más felices» de su vida

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

La voz metálica y entrecortada de Oliver Laxe (París, 1982) indica que en Los Ancares, la comarca de Lugo en la que rodó 'Lo que arde', no hay muy buena cobertura. Allí nació su madre antes de emigrar a París a trabajar en la portería de un distrito rico. Cuando el realizador regresaba en verano no había carretera y bajaban las maletas en la burra de su abuelo. En esos escenarios ha pasado el confinamiento el autor de una cinta que reunió a casi 100.000 espectadores en las salas y sorprendió en los Goya con dos estatuillas, una de ellas a su protagonista Benedicta Sánchez, mejor actriz revelación con 84 años. Laxe asegura que estos meses de confinamiento han sido «los más felices» de su vida y que no pasa nada si 'Lo que arde' es su última película. Su empeño ahora está en sacar adelante un proyecto de desarrollo rural en la tierra de sus antepasados. El relizador impartirá un taller intensivo este mes de agosto en los Estudios Melitón de Lekaroz (Navarra).

-¿Cómo ha llevado estos meses de confinamiento?

-Han sido los meses más felices de mi vida. Y lo digo sin sentido de culpabilidad, he sido muy feliz. Llevaba años preparándome para esto, esperaba que sucediese algo así. Quería desde hace mucho poder hacer lo que hecho durante este tiempo. Estoy con un proyecto de desarrollo rural y agricultura ecológica de la Unión Europea y la Diputación de Lugo. Me ha dado tiempo a desbrozar y limpiar el pueblo. Venía muy cansado de la gira con la película. Todo ha coincidido bien.

-¿Cómo es que intuía que podía venirnos una pandemia?

-No hace falta ser muy sensible ni intuitivo para ello. Las dos verdades de la modernidad, que son la economía y la ecología, llevaban tiempo diciendo que esto tiene fecha de caducidad. No se sabía cómo, pero algo tenía que suceder. Tampoco hace falta ser un oráculo para saber que esta es la primera ficha de varias que van a caer.

-¿En este tiempo ha pensando en reorientar su carrera?

-Yo ya he ido corporizando estos cambios. Un cineasta es un sismógrafo, siente las cosas antes de que sucedan y nuestro cuerpo se acostumbra. Yo estoy en un proceso desde hace años de cambio. Rodar una película en la aldea donde nació mi madre, empadronarme aquí, estar con este proyecto… Para mí no ha sido un cambio ideológico profundo, sino una constatación. Es el momento. Sé que mi relación con el exterior va a cambiar, voy a tener una vida más sedentaria. No voy a viajar con una película a estrenos. Antes estaba de avión en avión, y eso no era viable. Ahora estamos todos juzgando a la sociedad, diciendo en qué tiene que cambiar. Yo me planteo qué cosas tienen que cambiar en mí. No escribo nada, intento observar a distancia, entender y sentir este momento, que es también mi rol como artista.

Vídeo. Tráiler de 'Lo que arde'.

-Siempre ha defendido la experiencia de ir al cine, la «energía misteriosa» que surge al ver una película con más gente. ¿Teme que las salas no sobrevivan?

-No lo he pensado mucho… Estoy en un momento de aceptación, no hago conjeturas sobre el futuro porque el mundo va a cambiar muy rápido todo el rato. Mi ideología, mi manera de sentir las cosas, a pesar de que la realidad se presente en forma de obstáculo o accidente, es ver que hay algo positivo detrás. Toda mi vida he trabajado en la cultura, pero ahora tengo el foco en la salida verde, en el desarrollo rural. Creo que no he visto ni una sola película desde que estoy aquí. Tampoco me ha hecho falta, a lo mejor porque he visto muchas en el pasado. ¿Sobrevivirán las salas? Espero que se puedan seguir viendo las películas en el templo del cine. De la misma manera, a lo mejor mañana hay un virus informático y no podemos verlas en las plataformas. Si yo dejo de hacer cine será porque el mundo no necesita de mis películas. Y estará bien.

-Me ha gustado eso del virus informático, ahora que el discurso audiovisual lo monopolizan las series y las plataformas. ¿Qué pasaría si la gente no pudiese ver Netflix?

-Sería una verdadera bendición. Muchos han defendido la vida Netflix, y ahora que se lo han tenido que comer durante meses han quedado enajenados. Los psicólogos tienen mucho trabajo ahora mismo. Todos los defensores de la disociación digital se habrán dado cuenta de que eso no es un modelo de vida. No eleva, sino que degrada a muchos niveles.

«No hace falta ser un oráculo para saber que esta pandemia es la primera ficha de varias que van a caer»

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«La mayor parte de las escuelas de cine son escuelas Operación Triunfo, intentan sacar supercineastas. Y no se trata de hacer buenas pelis, sino de hacer pelis que te hagan mejor persona»

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-¿Se esperaba todo lo que ha pasado con 'Lo que arde'?

-Yo hago siempre las películas con vocación de público. Después, por falta de oficio o de presupuesto, lo logro más o menos. Es muy difícil llegar al público. En Cannes me esperaban, pero ir a San Sebastián y que nos nominaran a los Goya fue una sorpresa. Yo intento que mi cine tenga varias capas, un alma que pueda ser degustada por la cinefilia, pero con una inocencia y esencialidad para que lo disfruten abuelos y niños. El logro de 'Lo que arde' es su sencillez, que ha reunido a todo tipo de espectadores. Ha sido una experiencia preciosa.

-Usted defiende que no tiene que haber tanta distancia entre el cine de autor y el comercial.

-Sí. A veces el cine de vanguardia no sale de su zona de confort, participa de un elitismo autista. Servir al espectador no quiere decir masticar las cosas para degradarlo, como sucede en un cine más desalmado, televisivo, simplificador de la realidad.

-¿Le ha cambiado el Goya la vida a Benedicta Sánchez?

-Yo creo que no. Ella se aventuró a una película así porque le gusta la gente y tiene un grado mínimo de narcisismo, como todos los actores. Benedicta es una mujer de gran sabiduría, y tocaba que esos secretos se colectivizaran. En Galicia ha sido un gran referente, hemos acabado debates y mujeres de todas las edades hacían cola para hablar con ella, niñas y ancianas.

Oliver Laxe en el Festival de Cannes, donde presentó por primera vez 'Lo que arde'.

-Fue alumno del llorado Joaquim Jordà. ¿Qué tipo de profesor es usted?

-Tengo dos herramientas. La aguja del amor, con ella pincho el globo del ego, pero luego le pongo a la gente un espejo bonito de ellos mismos. Intento ver lo bello de cada alumno, conectar con su esencia y acompañarlos. Que acepten su vulnerabilidad y su fragilidad, dos atributos que todo proceso creativo tiene que tener, aunque la modernidad nos diga que tenemos que ser fuertes y tener las cosas claras. Yo cuando ruedo siempre tengo dudas, y eso me hace estar abierto a la realidad y a lo que me dicen los miembros del equipo. La certeza para mí viene del corazón. La mayor parte de las escuelas de cine son escuelas Operación Triunfo, la de Tabakalera en San Sebastián es de las pocas que no lo es. Intentan sacar supercineastas. Y no se trata de hacer buenas pelis, sino de hacer pelis que te hagan mejor persona. A lo mejor 'Lo que arde' es mi última película, pero me ha permitido venir a vivir a este valle.

-¿En qué consiste exactamente ese proyecto suyo de desarrollo rural?

-Aquí hay un tejido asociativo muy fuerte, yo trato de juntar a la gente y de hacer que sus ideas se visibilicen. Habrá actividades de formación relacionadas con el medio rural: recuperación de bosques de castaños, silvopastoreo, apicultura, poda en altura, recuperación de oficios tradicionales… El cuerpo me tira al monte.

-Pasó doce años en Marruecos. ¿Qué aprendió allí?

-Algunos conceptos. A depurar la intención con que haces algo y a saber que si hay buena intención siempre hay un premio detrás. Aprendí la paciencia, la aceptación, la veneración… Valores que ya estaban en mi familia. La conciencia de que no somos nada. En Marruecos me hice adulto, allí la muerte existe, no tiene que venir un virus para que la gente conviva con ella. Por eso estamos, pese a la tragedia, en un momento de verdad. La situación actual se corresponde más con una situación normal que lo que existía antes. Habrá gente que crecerá con esta cercanía a la muerte y otra sufrirá tal grado de angustia que acabará neurótica. Tendremos una sociedad más polarizada.

-¿Qué espera de las elecciones gallegas?

-Estamos en las manos de Dios, ja, ja… Y después, si estamos en manos de alguien más, no es en las de los políticos.