'Moxie' está ambientada en un instituto.

'Moxie': ¿feminismo para 'dummies'?

Es el fenómeno del momento entre el público juvenil en Netflix y no es para menos. Como comedia de instituto deriva en un digerible mitin audiovisual sobre el empoderamiento femenino.

Borja Crespo
BORJA CRESPO

Feminismo pop, que no punk, aunque suene el 'Rebel Girl' de Bikini Kill a todo trapo en la cuidada banda sonora -en la que se cuela también un cover de 'Heaven' de Bryan Adams-, es lo que propone 'Moxie', trending topic en Twitter tras su estreno directo en Netflix. La popular plataforma de contenido bajo demanda ha lanzado oportunamente, a las puertas del 8 de marzo, una propuesta que explica el movimiento #MeToo para adolescentes. El resultado, sobre todo en su tramo final, no es una gran película, pero sabe emplear con efectividad los trucos propios del lenguaje cinematográfico para emocionar a la audiencia.

'Moxie' no es lo suficientemente iconoclasta, prefiere abrazar la sensiblería a la guerrilla como protesta, se mueve entre la ingenuidad lacrimógena de un telefilme de sobremesa y el espíritu combativo de un panfleto político universitario, pero todo apunta a que su obviedad, perdón por la palabra, es el secreto de su éxito. Un éxito, por cierto, absolutamente necesario (de nuevo disculpas por el manido vocablo). Basada en la novela homónima de Jennifer Mathieu, la película llega con fuerza al público juvenil, su meta, luego consigue con creces su objetivo, con recado ético incluido. Dirige la actriz y cómica Amy Poehler, vista en 'Parks and Recreation', realizadora en la divertida serie 'Muñeca rusa', donde el empoderamiento también goza de gran peso.

Vídeo. Tráiler de 'Moxie', disponible en Netflix.

'Moxie' comienza barajando todos los clichés imaginables en el ámbito de las comedias americanas estudiantiles. Describe un instituto donde el sexismo campa a sus anchas, con el guaperas de turno arrasando en el deporte ante el regocijo de las animadoras y sus compañeros de equipo, el grupo de inadaptados que sufren sus bromas pesadas, la chica guapa que no está contenta con su papel, la férrea directora de la institución que mira para otro lado ante los verdaderos problemas… La protagonista, una quinceañera inquieta, descubre, gracias a su amistad con una nueva alumna y a unas inspiradoras conversaciones con su madre, que no hay por qué acatar las normas preestablecidas en un ambiente tóxico que beneficia especialmente a los chicos, cuyos privilegios son excesivos.

Para denunciar una situación en la cual las mujeres están encorsetadas decide publicar un fanzine a la vieja usanza y distribuirlo bajo el anonimato. A base de fotocopias y el 'do it yourself' realiza un acto de protesta, aparentemente sencillo, que se viraliza en las aulas, despertando un sentimiento de defensa de los derechos de la mujer que contagia a todos los géneros. Un movimiento imparable, un #MeToo en versión high school.

Antes de que existieran las redes sociales había una manera de expresar tus ideas y exponerlas a los ojos de los demás. Bastaban unos folios, varios rotuladores, unas tijeras y algo de pegamento o una grapadora para lanzar tu mensaje. 'Moxie' recoge esta maravillosa idea, crear un fanzine, para actualizarla y llevarla a un entorno donde sigue siendo necesaria la lucha por los ideales. Como comedia juvenil, atiende formalmente a la fórmula más extendida en la memoria colectiva en este tipo de filmes. No se atreve a ir más allá y romper moldes pero apuesta por dar un agradecido volantazo en la actitud de los roles femeninos. Deliciosamente ingenua, aporta algún momento inesperado, como una cita romántica en un tanatorio, y cuenta con un reparto entregado que contagia el entusiasmo de sus personajes y principios.

La directora se reserva el papel de madre, el faro que ilumina a la teenager protagónica, lo suficientemente normativa, quizás demasiado, para erigirse como líder de la revuelta. El resultado idealiza la figura del aliado y no se atreve a cruzar ciertas barreras para no resultar del todo incómoda, verbalizando las mayores injusticias sin mostrarlas. Derrapa en su desenlace, en las maneras, pero atraca en el puerto que pretende. No deja de ser un yate y no una patera. No estaría de más que en estos días señalados se organizasen cinefórums, ese formato a reivindicar, en los institutos, con coloquios participativos después de cada proyección, con títulos como el aquí expuesto junto a 'Assassination Nation' o 'Riot Girls', por citar otros ejemplos recientes con más mala uva.

¿Qué es un fanzine?

B. CRESPO

Los fanzines, ¿se hacen a mano o a máquina? En realidad, de cualquier manera. Como desees y te apetezca. El fanzine es un formato libre, sin límites, al alcance de la mano de cualquier persona inquieta. Con unos folios, un lápiz, pegamento y unas tijeras puedes iniciar la revolución. Es la herramienta perfecta para experimentar y dar a conocer tu trabajo, sea analógico, digital o un híbrido. Los fanzines mutan a su antojo, al del lector y el creador. Do It Yourself, ¡hazlo tú mismo! En tu casa, en la calle, en el txoko, en soledad o en compañía.

No necesitas ser considerado un artista, ni dibujar según los cánones establecidos o escribir como los ángeles. Hacer un fanzine es expresarte sin tapujos, proyectar tus ideas, expulsar tus monstruos y compartir el resultado con otros seres humanos ávidos de sensaciones. Contracultura, cultura subterránea, underground, alternativa… Sea cual sea el calificativo, sea cual sea la etiqueta, el fanzine se sale de los circuitos habituales, rompe esquemas y abre nuevas vías de creación y divulgación, sin la necesidad de emplear grandes medios.

Hacer un fanzine es un ejercicio de catarsis, una manera de comunicarse, un modo de expresarse.