Sean Penn junto a su hija Dylan en una escena de la película 'El día de la bandera'. / r. c.

Sean Penn, actor y director

«Llegué a un acuerdo con mi hija, ella era la actriz y yo el director»

Protagoniza 'El día de la bandera', que se estrena hoy, en la que dirige a Dylan Penn, «algo extraordinario pero también incómodo»

MARÍA ESTÉVEZ Los Ángeles

En la primera película que dirige e interpreta, Sean Penn (Santa Mónica, California, 61 años) ha elegido trabajar junto a su hija Dylan (30) y su hijo Hopper (28), ambos fruto de su matrimonio con la actriz Robin Wright. En 'El día de la bandera', un drama familiar que adapta las memorias de la periodista Jennifer Vogel, Penn regresa tras las cámaras metiéndose en la piel de un padre que vive una doble vida como falsificador, ladrón de bancos y estafador para mantener a su hija. El relato, como el guion, se centra en la mirada de ella, la hija, revelando que la ficción puede tener sus raíces en la realidad.

- ¿El amor hacia su hija se refleja en la pantalla?

- Un privilegio de trabajar en el cine es que, si bien hay períodos de tiempo en los que uno está fuera de casa, una vez que has terminado tu trabajo, puedes acompañar como padre a tus hijos los siete días a la semana... y eso a veces cabrea a los niños. Desde la primera vez que leí el libro, quise trabajar con mi hija porque intuía su talento. Ciertas imágenes te llegan cuando lees algo, y en este caso, lo primero que vi al leer el libro fue el rostro de Dylan.

- Esta es la primera vez que elige dirigir y actuar a la vez en la misma película.

- Sí, y no creo que lo vuelva a hacer. He saboreado la extraordinaria oportunidad de representar escenas con Dylan, una joven a quien he visto crecer, cuyo rostro para mí estaba impreso en las páginas del guión. Llegué a un acuerdo con mi hija para distanciarnos de la realidad y entender que en el rodaje éramos director y actriz.

- ¿Es cierto que le dio el libro a Dylan cuando tenía 15 años?

- Me mandaron el guion por primera vez antes de leer las hermosas memorias de Jennifer Vogel. En la página treinta ya estaba imaginando a Dylan dentro del personaje y veía que no había vuelta atrás. O lo hacía con ella o no lo hacía. Esto fue mucho antes de que ella estuviera considerando ser actriz, y yo dirigir y actuar en la misma película.

- ¿Pensó en solo dirigir? ¿Qué le llevó a actuar?

- Esta película ha tenido su propio viaje, y hubo momentos en los que yo simplemente iba a dirigirla, y otros momentos en los que simplemente íbamos a actuar los dos. Pero lo que siempre tuvimos claro que ella iba a protagonizar el filme.

- ¿Cuándo se dio cuenta que su hija tenía capacidad para enfrentarse al personaje?

- Fue un día en la cocina de mi casa, hablando con ella. Dylan acababa de llegar de la escuela y estaba contándonos historias de sus compañeros a su madre y a mí. Una suerte de imitación. Y fue maravilloso descubrir su talento. De hecho, Robin y yo nos miramos entusiasmados. Siempre supe que podía ser una gran actriz, solo era cuestión de tiempo que ella desease interpretar. Con ese pensamiento, pospuse el proyecto hasta el momento en que Dylan estuviera preparada, convencido de que sería maravillosa para el personaje. Cuando terminó el rodaje, me sentí aliviado de no haberme equivocado.

- Dylan se mantuvo mucho tiempo reacia a trabajar con usted...

- No se sentía preparada y eso lo entiendo. Ella pensaba que la interpretación era un disfraz de su propia realidad, sin embargo, le expliqué lo que realmente significa la actuación. Poco a poco, encontró el respeto necesario hacia la profesión y se ha ganado el aplauso porque está maravillosa en pantalla.

- ¿Le costó verla entrar en lugares emocionalmente difíciles?

- Me costó, claro. Hubo momentos en los que sentí que debía llamar a los servicios de protección infantil contra mí mismo. No llegué a sentirme relajado viendo su vulnerabilidad porque ella quería explorar tanto como cualquier otro actor. Ser testigo de esa valentía fue muy incómodo. Hubo un momento clave en la narración que salió de una entrevista con Jennifer y me conmovió. Ambas se ayudaron para fortalecer el papel y lo hicieron sin miedo.

- ¿Se enfadó con su hija en algún momento del rodaje?

- Voy a decir que sí, porque sé que si no lo hago, ella lo hará. No fue nada grave.

- ¿Qué aprendieron el uno del otro en este rodaje?

- Dylan y yo tenemos muchas cosas en común. A ambos nos mueve una enorme fuerza de voluntad. Este rodaje ha sido un sueño al borde del precipicio, un sueño al que ambos hemos sobrevivido y que recordaremos siempre. Creativamente nos ha permitido crecer, pero, además, como familia nos hemos unido muchísimo porque nos conocemos mejor. Me enamoré de ella hace mucho, mucho tiempo, treinta años ya, cuando nació, y ese amor fluye y aumenta cada día.

- ¿Hay un público que no acepta la narración que propone en 'El día de la bandera'?

- Lo que yo lamento es que el público esté cada vez más condicionado por las modas de la sociedad. Vivimos dentro de un victimismo colectivo. Me siento muy afortunado de crecer en los Estados Unidos, pero mucho de lo que se prometió sobre lo que es el patriotismo, lo que representa nuestro país, ha fracasado.