El actor Julián López. / Jorge Alvariño

Julián López: «Los finales de temporada del Athletic me provocan amargura»

«La vis cómica es tener algo que no has pedido», define el actor, que protagoniza la comedia 'Todos lo hacen' y analiza el legado de 'La Hora Chanante', que cumple veinte años

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Julián López (El Provencio, Cuenca, 1978) reconoce que en sus últimos papeles de protagonista se corta más que cuando inundaba de surrealismo y ternura sus apariciones en comedias. Músico de formación y vocación, autor de una novela de tintes autobiográficos publicada el año pasado, 'Planetario', Julián López presentó en el reciente Barcelona Film Fest 'Todos lo hacen', donde borda a un vigilante de seguridad mentecato. Cuando se cumplen veinte años de 'La Hora Chanante', repasamos una carrera que incluye a Pedro Almodóvar y analizamos la conocida pasión del actor por el Athletic de Bilbao de sus amores.

-¿Cuántas veces le han llamado robaescenas?

-Unas cuantas. Es un halago, por eso me da pudor hablar de ello. Quizás lo asocio más a mis primeras pelis, porque los papeles eran secundarios en la mayoría de los casos, apariciones intermitentes. En los últimos tiempos sí que he hecho papeles más protagónicos en cine y televisión. Igual ahora no es pertinente que me llamen así. Aunque seguid haciéndolo, por favor.

-Le gustaba lo de salir poquito y que la gente se quedara con usted.

-Hombre, tiene su punto. Tengo un amigo que dice que se está muy bien en ese segundo lugar, porque te permite hacer chispazos y pinceladas que me venían muy bien. Creo que sabía cómo hacerlas. Aprovechaba las escenas sin ser invasivo, sabía que tenía mis balas. Esa posición es cómoda, agradecida. Si tengo papeles que salgo más tiempo me corto en determinadas cosas, porque pienso que se puede cansar el público. Si sales menos te puedes pasar un pelín de la raya. Lo echo de menos.

Julián López y el resto del equipo de 'Todos lo hacen'.

-¿Qué es para usted la vis cómica?

-Tener algo que no has pedido. Javi Cámara, que es muy amigo, siempre dice: «Julián es gracioso a su pesar». Sin embargo, me reporta trabajo y felicidad a mí y a otros. Yo no elegí la vis cómica, algo que también sé adivinar en otros. Lo pongo en el saco de la intuición y de esas cosas que no se pueden explicar. A veces les digo a los guionistas y directores, mira, no te lo puedo explicar con palabras, pero déjame hacer esto, porque lo intuyo. Ese territorio ignoto e inexplicable lo he experimentado incluso en mi etapa como músico, cuanto tocas de una determinada manera porque intuyes que puede funcionar, aunque no lo sepas argumentar.

-La vis cómica no es un impedimento para hacer papeles dramáticos.

-No. Lo sé como espectador, porque no lo he vivido en primera persona. A lo largo de la historia del cine hay ejemplos de cómicos que han hecho grandes papeles dramáticos y me han emocionado mucho. La vis cómica potencia ese talento, porque asocias a ese actor con la comedia y te sorprende. Me encantaría cambiar de registro hasta en la propia vida, hacer cosas distintas.

-¿Está esperando un papel dramático?

-Bueno, igual no lo diría así, porque parece que estoy impaciente pegado al teléfono. Me considero un privilegiado porque trabajo, ojalá muchos compañeros pudieran decir lo mismo. Pero quizá sí, lo espero. Hay algo a medio plazo, es probable que venga. Yo consumo mucho cine que no es comedia, y me gustaría jugar con otros géneros.

-Dígame un par de actores con vis cómica.

-Bill Murray y José Luis López Vázquez. Los dos son una inspiración. Me transmiten muchas cosas, no solo la vis cómica. Una emoción y unas ganas de que les ocurran cosas… Me han influido mucho.

-Encadena una película tras otra. Con permiso de Dani Rovira, es usted el actor de comedia más ocupado del cine español.

-Bueno, hay altibajos. Pasas meses en casa. Pero no me quejo, ¿eh? Leí una vez que un poeta cuando mira el cielo, trabaja. Se sentía legitimado para decir que trabajaba incluso cuando no escribía. Es difícil explicárselo a tu familia y a los amigos. Yo considero que estoy trabajando cuando observo la vida, que es de lo que me nutro. Ver películas, leer, ir al supermercado… También es necesario tener esos tiempos.

Julián López en 'Operación Camarón'.

-No se agobia si no le llaman.

-No. A veces piensas si depende de ti que no te llamen. Pero tengo una naturaleza que hace que no me ponga nervioso. Sin que suene frívolo, cuando llegó el confinamiento yo lo llevé muy bien. Sé estar muy ocupado, incluso me faltan horas en el día.

-Una curiosidad: ¿cómo fue trabajar con Pedro Almodóvar en 'Dolor y gloria'?

-Una experiencia que a estas alturas yo no contaba con ella. Llevo unos cuantos años en esto, conozco los códigos. Sé cómo comportarme en el set. Solo fueron dos escenas, pero las rodamos en el cine Doré, la sede de la Filmoteca española, con todos los extras sentados. Y cuando llegó Pedro me puse nervioso. ¿Cómo no iba a estarlo? Después miraban mis escenas en el combo Almodóvar y Antonio Banderas… Yo decía, hostia Julián, ¿esto te está pasando a tí? Me encantó experimentarlo.

-Se cumplen 20 años del primer capítulo de 'La Hora Chanante', programa que ahora parece que veía todo el mundo pero solo veíamos cuatro.

-De hecho, recelo cuando me viene un fan de 'La Hora Chanante' o de 'Muchachada Nui'. Me dan ganas de preguntarle: ¿cuán fan eres? La gente confunde los personajes, ahí empezó la cultura de las piezas cortas porque el programa se ha diseccionado mucho. Los que empezamos no sabíamos que nos íbamos a dedicar a esto.

El actor Julián López. / Jorge Alvariño

-¿Cuál es el legado chanante? ¿Se puede hablar de un humor manchego?

-Sin duda la reminiscencia manchega está ahí, muchos nos atribuyen exportar ese humor socarrón. Y la libertad que teníamos… No me van mucho las redes sociales, me supera este tiempo que estamos viviendo. Pero creo que nosotros hemos influido en el lenguaje y el concepto de piezas cortas.

-¿Hoy se podría hacer igual 'La Hora Chanante'?

-Nosotros no tocábamos temas políticos ni religiosos, pensábamos que ya estaban otros cómicos para hacerlo muy bien. Ahora siento que hay muchas ventanas, no solo la televisiva. Todo el mundo lleva mucho contenido audiovisual en su móvil. No sé si hubiéramos emergido tanto, ahora quizá seríamos uno más.

-Si el humor no se hubiera cruzado en su camino, ¿dónde estaría hoy en el mundo de la música?

-Lo pienso a veces. Me comparo con gente de mi promoción. ¿Estaría en una orquesta? ¿Sería profesor? A mí lo que más me gustaba era tocar. Quiero pensar que hubiera luchado para formar parte de una orquesta. Haría mis arreglos, daría conciertos de música de cámara…

-Sería feliz.

-Muchísimo. Aunque la música tiene una parte muy jodida de sacrificio. Hay gente que ha tocado el cielo y otra que no tiene tantas oportunidades. En mi mundo paralelo me iría de puta madre.

-Le tengo que preguntar por el Athletic y la pelea por Europa.

Este equipo nos tiene con el «a ver hoy qué va a pasar». Muchos dientes de sierra. Me voy a mojar, porque soy siempre muy comedido. Me da pena como aficionado que los finales de temporada sean lánguidos, estancados. No quiero decir que los jugadores y el entrenador no quieran ganar, pero me fastidian estos años que dejan un poso de amargura. Eso es, ahora estoy con cierta amargura como aficionado. Oye, a ver cómo escribes todo esto, a ver si no me van a dejar entrar a San Mamés…

-¿Por qué es tan comedido en Twitter, que solo pone el nombre del jugador que mete un gol? Se reprime mucho.

-Totalmente. Tengo cierta amistad o colegueo con algunos jugadores de la plantilla, sobre todo con el capitán, Iker Muniain. Adoro Bilbao, es una ciudad que me trata muy bien. En redes intento no mostrarme cómo soy, guardarme cosas para mí. Esa faceta la conoce mi familia y mis amigos, porque yo vivo mucho el fútbol. Me enfado y salto de alegría. En Twitter mantengo la frialdad, cuando en realidad es todo lo contrario. Doy otra cara.

Julián López en los Premios Feroz.

«Los políticos se toman muy en serio a sí mismos»

-'Todos lo hacen' es como una novela de Agatha Christie, con todos los personajes encerrados en una casa.

-Tiene mucho de teatral, incluso un halo onírico, como de sueño. Soy muy aficionado a ese tipo de literatura y cine. 'Un cadáver a los postres' unificaba la comedia con los crímenes, me divierte mucho. Este es el primer guion que he leído en España con estas características. Me tocaba ser el chivato, el que se erige en la autoridad. Un tocahuevos que me apetecía mucho hacer.

-Un vigilante de seguridad que es difícil que ponga orden.

Sí. Él se toma en serio a sí mismo, es esa frase de meme: «En su cabeza sonaba genial». Se ve cómo un gimnasta, un representante de la ley. Esos mentecatos son muy divertidos.

-Gente muy parodiable.

-La solemnidad sobra. Yo amo la naturalidad. Los políticos se toman muy en serio a sí mismos, y la vida no se puede tomar tan en serio porque nadie sabe explicarla.