Federico Fellini (1920-1993), en un estudio de Cinecittà, donde recreó la mayoría de sus fantasías. / R. C.

Italia se rinde a Fellini en el centenario de su nacimiento

Eventos, exposiciones y publicaciones homenajean al genial director de cine, ganador de cinco oscars

DARÍO MENOR Roma

El mundo tiene una deuda con Federico Fellini y no es sólo cinematográfica. Le debe al menos dos términos. El primero es 'dolce vita', el nombre de la más representativa película de este genial director, que tras su estreno hace ya sesenta años consiguió que no sólo en lengua italiana se llamaran así a esos momentos dorados de placer y regocijo que tanta envidia provocan en el prójimo. El otro término es 'paparazzo'. Así se apellidaba el insistente fotógrafo que acompañaba al protagonista de aquel filme mientras perseguía a los famosos. Fue Fellini quien bautizó a estos peculiares reporteros gráficos, conocidos como paparazzi desde entonces. Su impacto en el léxico internacional es uno de los reflejos de la grandeza de este maestro del cine nacido hace hoy un siglo en Rímini, una ciudad de provincias a orillas del Adriático en la que ambientó otra de sus obras maestras, 'Amarcord'.

En una nueva demostración de la admiración de sus ciudadanos por los grandes artistas, Italia se ha volcado con el centenario de Fellini, que va a ser homenajeado con una miríada de exposiciones, publicaciones y eventos en Rímini, Roma, Milán y otras ciudades. Hasta volverán a algunos cines cinco de sus mejores cintas. Junto a las ya mencionadas ' La dolce vita' y 'Amarcord', se proyectarán en todo el país hasta finales de año 'Los inútiles', 'El jeque blanco' y '8 y medio'. Que sus creaciones regresen a la pantalla grande tras ser restauradas es un reconocimiento ulterior al director, gran defensor de que las películas se vieran en las salas y no en los televisores.

El éxito a Fellini le llegó «siendo sólo él mismo y recurriendo exclusivamente a su vida, sin mostrar caminos, juzgar o querer ser un maestro del pensamiento», explica el crítico cinematográfico Francesco Gallo. El propio director contaba que no hacía filmes «para debatir tesis o sostener teorías. Los hago de la misma manera que vivo un sueño que es fascinante porque permanece misterioso y alusivo, pero que corre el riesgo de quedarse insípido cuando se explica». Fue su autenticidad para contar su propio mundo y dar vida a sus sueños la principal herramienta con la que logró conquistar cinco premios Oscar, entre ellos el que recibió como reconocimiento a toda su carrera, en abril de 1993, de manos de Sofia Loren y de Marcello Mastroianni, su actor fetiche y alter ego en la pantalla.

En aquella ceremonia de los Oscar, Fellini dio las gracias a su esposa y musa, la actriz Giulietta Masina, que tantas infidelidades le aguantó, y dijo bromeando que se esperaba el premio, pero «para dentro de 25 años». No tuvo tanto tiempo, pues falleció seis meses después en Roma. Entre las exposiciones y homenajes con motivo de su centenario llama la atención la que ofrece estos días la capital italiana por el acercamiento al Fellini más íntimo. Se trata de una selección de treinta originales retratos fotográficos de gran formato que pueden verse en la Biblioteca Angelica. «Las fotografías ponen en evidencia más a la persona que al personaje. Más Federico que Fellini», cuenta Simone Casavecchia, comisario de la exposición. Hay alguna imagen donde se pone un colirio, otra donde sopla y una donde abre tanto los ojos que parece que se le van a salir de las órbitas. «Transmiten la dimensión del creador. Muchas fotos lo retratan mientras está en el set moviendo las manos en el aire como si fuera un director de orquesta», destaca Casavecchia.

Junto a su mujer, actriz y musa, Giuletta Masina, en el Festival de cine de San Sebastián de 1957.

En la exposición se muestra además un documento privado inédito, la llamada 'dieta del astronauta'. Se trata de una lista que Fellini habría elaborado en el apartamento que tenía en Cinecittà y en la que, decorada por un dibujo de un cohete y una mueca, ofrece una relación ordenada con los alimentos que los astronautas tenían que tomar para tener una dieta perfecta. Es un texto fruto de una de sus fiestas con otros personajes del cine en aquella casa donde Fellini tenía contratada a una cocinera para que, a la hora de comer, pudiera invitar a sus amigos y colaboradores. La 'dieta del astronauta' bosquejada entre colegas refleja bien el ambiente de aquellos años y la capacidad del director por ir más allá, haciendo así gala de la célebre cita que acompaña siempre a sus biografías: «El único verdadero realista es el visionario».