'Venom: Habrá matanza'.

Un festival de excesos con Tom Hardy como efecto especial

'Venom: Habrá matanza' apuesta por el humor autoparódico y el desparrame digital aunque eso signifique eclipsar al villano que encarna Woody Harrelson

OSKAR BELATEGUI

'Venom' cayó simpática hace tres años por alejarse de la trascendencia de otros personaje de la Marvel. Tom Hardy, un actor ya de por sí proclive a los excesos, encarnaba a un reportero que acaba albergando a un extraterrestre simbionte, un villano casi indestructible que al final de la cinta se revelaba más cachondo que pérfido. Las conversaciones entre ambos ponían el contrapunto de humor al festival de acción, que en sus títulos de crédito finales ya anticipaba al invitado de esta secuela: Cletus Kasady, un asesino en serie preso en San Quintín, cuyo cuerpo alberga asimismo a otro alienígena con muy mala leche, Matanza, también conocido como Carnage.

Si Tom Hardy ha hecho de la sobreactuación y el histrionismo una marca de estilo –ahí está su cargante 'Capone'–, Woody Harrelson también acostumbra a desbarrar de manera divertida cuando no tiene a un director que le sujeta. 'Venom: Habrá matanza' destrozó en su estreno estadounidense el récord de 'Viuda Negra', con 90 millones de dólares. El director Andy Serkis, el actor que más lejos ha llevado la tecnica de captura de movimiento gracias a su personaje de Gollum en 'El señor de los anillos', es consciente de que tiene que potenciar todo lo que funcionaba en el filme original, así que apuesta por un tono claramente de comedia con un humor autoparódico. Los diálogos entre el personaje de Hardy y Venom ya son directamente chanantes, hasta tal punto de que eclipsan al verdadero villano de la función, que Harrelson encarna con energía pero que queda retratado como poco más que un loco peligroso. Hay peleas, baños de sangre, persecuciones y un aparatoso despliegue digital, pero el mejor efecto especial sigue siendo Tom Hardy.