Javier Cámara y Nicolás Reyes Cano en 'El olvido que seremos'.

Fernando Trueba ensalza la bondad y el libre pensamiento

'El olvido que seremos', Goya a la mejor película iberoamericana, adapta la novela de Héctor Abad Faciolince, un hermoso canto de amor de un hijo a su padre

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Goya a la mejor película iberoamericana, seleccionada por el Festival de Cannes que no se celebró el año pasado y elegida por Colombia para competir en los Oscar y por el Festival de San Sebastián como cinta de clausura, 'El olvido que seremos' no puede estrenarse en un momento más oportuno. Su héroe protagonista, Héctor Abad Gómez, es un médico, profesor y activista en la Colombia de los años 70, que defiende la sanidad pública, ensalza la necesidad de las vacunas y anima a la gente a pensar por sí misma.

Vídeo. Tráiler de 'El olvido que seremos'.

Un buen hombre que se convirtió a su pesar en una figura incómoda cuando dio el salto a la política y que contemplamos desde la mirada de su hijo, el escritor Héctor Abad Faciolince, bajo una pátina de nostalgia y cierta ensoñación. Fernando Trueba elige el blanco y el negro para el presente y el color para el pasado, porque, en este caso, cualquier tiempo pasado sí fue mejor. El acento colombiano de un Javier Cámara rebosante de humanidad sorprende los primeros cinco minutos, antes de que nos dejemos arrastrar por esas celebraciones familiares que el director (ocho hermanos en la vida real) retrata con conocimiento de causa. Habrá quien vea al protagonista como un santo camino del martirio. Los reproches de su familia, que sienten sus ausencias, y el fatalismo ante un trágico final anunciado enturbian el buen rollo que desprende este canto a la buena gente, el homenaje más bello que un hijo puede hacer a su padre.