Peter Dinklage encarna a Cyrano de Bergerac.

Un Cyrano diferente y musical

Peter Dinklage, estrella de 'Juego de Tronos', protagoniza una nueva versión del clásico de Edmond Rostand dirigida por el virtuoso Joe Wright

Borja Crespo
BORJA CRESPO

Joe Wright es un cineasta aficionado a lucirse con el uso recurrente del plano secuencia, como bien demostró en 'Expiación, más allá de la pasión', sin darle la espalda al ingenio y la modernidad, como dejó claro en un cuento diferente, la reivindicable 'Hanna', mezcla de elementos propios de un cuento de hadas, de ahí probablemente su interés en el proyecto, con el thriller, otorgando al espectador la oportunidad de degustar una action-movie diferente que se ha convertido en una serie de Amazon Prime Video con tres temporadas disponibles en streaming. Con 'Cyrano' filmada en plena pandemia, el responsable de la adaptación cinematográfica de 'Orgullo y prejuicio' retoma su atracción por el cine de época y se apunta al género musical de la mano de un popular personaje literario que encarna en esta ocasión Peter Dinklage, el pequeño gran hombre de 'Juego de Tronos'.

Esta producción británica se inspira en la obra teatral, de Erica Schmidt, creada a partir de 'Cyrano de Bergerac', de Edmond Rostand. Haley Bennett ('El diablo a todas horas') y Kelvin Harrison Jr. ('El juicio de los 7 de Chicago') completan el reparto principal de una versión recibida con agrado por la crítica especializada. Nominada al mejor vestuario en los Oscar, su recreación del siglo XVII, con toques modernos, es digna de aplauso, así como las notables interpretaciones de un elenco estrella que eleva el trabajo del director de 'Anna Karenina' y 'Pan (Viaje a Nunca Jamás)', quien ofrece al público su particular visión del conocido triángulo romántico.

Ben Mendelsohn y Haley Bennett en 'Cyrano'.

Cyrano goza de una verborrea poética fascinante, pero traumatizado por su apariencia física no normativa cree que no es digno del amor de la mujer de sus sueños, a quien conquista con su palabra pero con el cuerpo de otro, generándose una situación de enredo, entre la tragedia y la comedia. Dos hombres, una mujer y el drama en cinco actos. Suenan las canciones. Wright firma un canto a la vida enclavado en Italia. «En tiempos de crisis, como narradores, tenemos la responsabilidad de reunir a nuestra comunidad, grande o pequeña, alrededor de una fogata proverbial e intentar ayudarla a sanar», señala el cineasta. «Lo hacemos usando el poder de nuestra imaginación para contar historias con verdades emocionales. Para ofrecerles luz cuando el mundo parece impenetrablemente oscuro. Para ofrecer un lugar donde conectar con sus emociones y un conducto para expresarlos. Un lugar de belleza, quizá belleza en un mundo feo. Un lugar sin cinismo ni ironía. Un lugar de amor y compasión. Siempre he adorado el drama. Todas mis películas plantean la misma cuestión central: «¿Cómo conecto con otros y por qué a menudo no lo consigo?». El drama, para mí, es un intento por conectar con los demás y, al mismo tiempo, una expresión de lo difícil que resulta».