La compañía teatral protagonista de 'El amor en su lugar'.

La cultura en medio del caos

Rodrigo Cortés viaja al gueto de Varsovia en 'El amor en su lugar' para reivindicar el oficio de actor y la humanidad del arte aun en las circunstancias más difíciles

OSKAR BELATEGUI

Un virtuoso plano secuencia de once minutos nos sumerge en el gueto de Varsovia. Seguimos a una de las actrices de una obra de teatro que se representa en medio del horror, del exterminio nazi, el frío y el hambre. Así ocurrió en la realidad. La vida seguía en el gueto, donde de 400.000 judíos solo sobrevivieron 50.000. Los zapateros seguían remendando zapatos, los ricos comían, los pobres morían y la gente del teatro intentaba que el público sacara las manos de los bolsillos venciendo al frío para aplaudir.

Vídeo. Tráiler de 'El amor en su lugar'.

Durante cuatro semanas, el teatro Fémina acogió la representación de un vodevil con canciones que se reía de la cotidianidad de la ocupación alemana: las familias hacinadas, la corrupción de la policía judía... Rodrigo Cortés es un director al que le gustan los retos, valga como prueba 'Buried', que transcurría en el interior de un ataúd. 'El amor en su lugar' se sucede en el tiempo real de la representación de la obra. Dos de los actores tienen la oportunidad de escapar del gueto. Mientras deciden qué hacer, no pueden dejar de actuar. A un lado del telón risas, al otro una intriga en la que los protagonistas se juegan la vida.

Rodada en inglés por actores de varias nacionalidades y sin un rostro conocido en el reparto, 'El amor en su lugar' remite en su juego dentro y fuera del escenario a, claro está, 'Ser o no ser' de Lubitsch. Su defensa de la cultura como resquicio de la humanidad y la civilización en medio del caos también recuerda a 'El pianista', de Polanski, y hasta a 'La vida es bella', de Roberto Benigni', donde un padre cambiaba la mirada de su hijo para que no percibiera el horror.

De ritmo frenético, brillantemente interpretada por actores que también saben cantar, 'El amor en su lugar' reivindica la belleza de un oficio que no se entiende sin el público y defiende que hasta en los peores momentos una sonrisa, un chiste, puede, literalmente, salvarnos la vida.