La directora Ángeles González-Sinde y la escritora y guionista Gabriela Ybarra en el BCN Film Fest. / marta pérez

«'El comensal' quiere ayudar a que la sociedad vasca supere su trauma»

Gabriela Ybarra y Ángeles González-Sinde estrenan este viernes la adaptación de una novela autobiográfica que reivindica la memoria y el duelo

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI Barcelona

«Cuentan que en mi familia siempre se sienta un comensal de más en cada comida. Es invisible, pero está ahí. Tiene plato, vaso y cubiertos. De vez en cuando aparece, proyecta su sombra sobre la mesa y borra a alguno de los presentes». Así comienza 'El comensal', la novela autobiográfica que Gabriela Ybarra (Bilbao, 1983) publicó en 2015 y con la que ganó el Premio Euskadi de Literatura al año siguiente. En ella abordaba un doble duelo: el del asesinato de su abuelo a manos de ETA en 1977 y el fallecimiento de su madre, Ernestina Pasch, por un cáncer en 2011. 'El comensal' es asimismo una película que llegará a las salas el 27 de mayo. El filme, presentado en el Barcelona Film Fest, llega este viernes a la cartelera supone el regreso de Ángeles González-Sinde a la dirección 14 años después de 'Una palabra tuya'.

En el filme, Javier de Ybarra, el abuelo que Gabriela no llegó a conocer, se llama Javier Arriaga. Alcalde de Bilbao, presidente de la Diputación de Bizkaia y de EL CORREO, ETA consideraba a Javier de Ybarra el referente intelectual de Neguri. Pidió 1.000 millones de pesetas en su secuestro. Su cuerpo sin vida fue encontrado en las estribaciones del Gorbea. Iñaki Miramón da vida a este hombre recto, religioso y apasionado de la cultura vizcaína, que en un brillante detalle de un guion coescrito por González-Sinde e Ybarra cuando es secuestrado deja un plato puesto en la mesa que nunca recibirá a su comensal.

Vídeo. Tráiler de 'El comensal'.

La cinta salta con fluidez del presente al pasado. Una muerte trae el eco de otra por la que nunca se hizo duelo. Susana Abaitua (Nerea en 'Patria') ve cómo el cáncer se lleva a su madre (Adriana Ozores) cuando su padre (Ginés García Millán) todavía no ha superado el secuestro y asesinato del abuelo del que nadie habla en la familia. «Tú no sabes nada, hija, esto yo ya lo he vivido», le espeta este hombre arisco y amargado, que nunca ha superado el crimen. 'El comensal' se sustenta en ese acercamiento padre-hija en nuestros días, mientras viajamos a los terribles días del secuestro, cuando los hermanos trataban de reunir 1.000 millones de pesetas sin que el banco ni los amigos les ayudaran.

Pocas veces el cine español ha reflejado el trauma cotidiano de dos personajes marcados por la violencia. Mientras Icíar (Susana Abaitua) cree ver un encapuchado en los alumnos a los que da clase, el padre mira debajo del coche y se siente observado por las miradas y las pancartas a favor de los presos. «El sur es más tranquilo», apunta. Otro agudo apunte de guion: cuando ETA deja de matar y el padre puede, al fin, prescindir del escolta, ya casi no se acuerda de cómo se conduce un coche.

«Tengo una sensación curiosa después de ver la película», reconoce Gabriela Ybarra. «No son unos personajes cualquiera, se supone que ahí estoy yo y mi familia en la pantalla, aunque estemos pasados por el filtro de mi ficción primero y por la imaginación de Ángeles después. Tengo la sensación de asistir a una especie de terapia extraña con actores interpretando mi vida». La escritora confiesa que la primera vez que la vio no paró de «llorar como una magdalena» desde los títulos de crédito.

'El comensal' se ha rodado en Getxo, Mundaka y Bilbao, entre otros escenarios.

«Tú eres más pausada que el personaje, ella tiene mucha energía», le apunta Ángeles González-Sinde, con una rosa de Sant Jordi en el regazo. La transmisión de la memoria es uno de los grandes temas de 'El comensal', explica la exministra de Cultura. «No es algo fácil de hacer individualmente como familia ni socialmente como país. En España, a diferencia de otros países europeos, no tenemos memoria social de hechos violentos, no hemos ordenado ese desorden. Y eso se refleja después en las familias. Todos hemos aprendido a callar para tirar hacia adelante y sobrevivir».

Quitar el dolor

Los recortes de EL CORREO, los secretos guardados en un cajón y los silencios resquebrajados del padre irán conformando la investigación de la protagonista, que tan solo quiere saber. «Una familia es un laboratorio en el que aprendes a convivir con los que son distintos que tú. Ese lado de la novela también me interesaba mucho», observa Sinde. En un momento dado, el personaje del padre le dice a la hija que escribir un libro no servirá para nada.

«Los libros sirven de una manera que no te imaginas cuál va a ser», reflexiona Gabriela Ybarra. «Yo no sabría explicar cómo me ha servido a mí 'El comensal'; desde luego, escribir un libro no cura un trauma. Pero te proporciona una herramienta más para nombrarlo. Yo considero que este libro es una enunciación: esto es lo que ocurrió, mataron a mi abuelo. Estamos tapando todo el tiempo los hechos violentos. Pues bien, aquí se constata de forma casi notarial».

Por su parte, Ángeles González-Sinde detectó en la novela a una narradora que hacía algo con su dolor buscando una transformación. «La gente te dice que el tiempo lo cura lo todo, en mi caso han pasado tres años desde que perdí a mi pareja (el editor Claudio López Lamadrid). Pero no estás mejor porque ha pasado ese tiempo, sino porque ha habido cambios. Otras veces pasa el tiempo y todo sigue igual, como con la violencia de la Guerra Civil. Un libro no va a traer a la persona que falta ni te va quitar el dolor espantoso, pero cuando has propiciado un cambio interno se suceden otros. Eso es lo único que puedes hacer con la pérdida».

Ginés García Millán y Susana Abaitua en 'El comensal'.

'El comensal' llega justo cuando desde la ficción y el documental se repasa la violencia que azotó hasta anteayer al País Vasco. «Cuando me pongo a escribir nunca pienso en esa batalla por el relato que se supone que existe, yo lo hago de manera egoísta para estar mejor. Pero 'El comensal' viene acompañado de otras historias, forma parte de un diálogo. Porque esa es la manera de que el País Vasco, una sociedad traumatizada, supere ese trauma. Me emociona mucho que el libro le haya emocionado a lectores en la antípodas de mi ideología», se felicita Gabriela Ybarra. «El asesinato de mi abuelo es público, y eso es doloroso porque tienes que compartir tu duelo. Y eso nunca es agradable».