Borja González Santaolalla en el rodaje de #Luimelia.

Borja G. Santaolalla: «'Algo pasa con Mary' cuenta cosas del amor que no cuenta Bergman»

El guionista y director bilbaíno se encarga de la cuarta temporada de #Luimelia, una serie convertida en fenómeno viral

Borja Crespo
BORJA CRESPO

La serie '#Luimelia' ha estrenado cuatro temporadas en dos años. Nació como una webserie modesta, disponible en la plataforma de pago de Atresmedia, y ha ido creciendo hasta una nueva sesión recién estrenada en streaming que adopta el formato y la duración de una sitcom al uso. Paula Usero ('La boda de Rosa') y Carol Rovira ('Presunto culpable') protagonizan esta propuesta basada en los personajes de Luisita y Amelia de 'Amar es para siempre'. La relación sentimental entre ambas encandiló a numerosos fans que pedían a gritos un spin off, convirtiéndose en un fenómeno viral con el hashtag que da título al proyecto. Los guionistas Diana Rojo ('El Ministerio del Tiempo') y Borja González Santaolalla ('Bloguera en construcción') decidieron trasladar sus tribulaciones a la actualidad y el volantazo ha dado sus frutos. La continuación sitúa a la pareja frente a la toma de grandes decisiones en su vida, como comprarse un piso o casarse.

Santaolalla, cineasta bilbaíno afincado en Madrid, se encarga de la dirección junto a Daniel Romero, además de coordinar los guiones al alimón con Diana Rojo. Su sueño es rodar una película en la ciudad que le vio nacer y jugar en el Athletic, consciente de que solo puede cumplir uno de ambos deseos. Producida por Atresmedia TV, en colaboración con Diagonal TV (Banijay Iberia), '#Luimelia' tiene alcance internacional y completa su reparto principal con Jonás Berami ('Como la espuma'), Lucía Martín-Abello ('Los Quién´) y Alba Gutiérrez ('Acacias 38'). En la cuarta temporada se han incorporado al elenco Francesco Carril, Roi Méndez, Ariana Martínez y Javier Botet, además de dejarse ver Joaquín Climent, Ana Labordeta, Carolina Rubio, Claudia Traisac, Ondina Maldonado, Cristina Gallego, Carolina Iglesias, Enrique Villén y Mariano Venancio.

-Habéis rodado y terminado la serie en tiempo récord, ¿no?

-Es nuestro sino. Las anteriores eran más cortas e hicimos dos del tirón... Cuando Antena 3 nos pidió la cuarta temporada en plazos meteóricos, pensé que quizá habíamos extendido un cheque que no íbamos a poder pagar. Encargó la cuarta temporada en enero y estábamos rodando el 15 de abril con la premisa de emitir en verano. Es una auténtica locura, aunque luego ves 'The Good Fight' y un hecho real ocurrido el 6 de enero, el asalto al Capitolio, es la piedra angular de una de las tramas de la temporada que se está emitiendo ahora.

-Los americanos saben aprovecharse de la actualidad en la ficción.

-Si este ritmo para nosotros es demencial, no me imagino para ellos. En cualquier caso, pese a que hubiéramos preferido tener más tiempo para escribir, y sobre todo para rodar y postproducir, estamos acostumbrados a ritmos frenéticos. Principalmente en la escritura. Al fin y al cabo, Diana y yo veníamos de escribir y coordinar 'Amar es para siempre', una serie diaria en la que se sacan más de 300 páginas a la semana.

-¿Qué diferencias destacarías respecto a las anteriores temporadas?

Vídeo. Tráiler de la cuarta temporada de '#Luimelia'.

-Esta temporada pisa más tierra firme. Las tres anteriores tenían un formato corto con el que decidimos experimentar. Jugamos con la narrativa, el metalenguaje, formatos y tonos. Lo mismo teníamos un capítulo en blanco y negro que se enfocaba en otra pareja que no era la protagonista que hacíamos un falso documental ambientado en los platós de 'Amar es Para Siempre'. Ahora tenemos más minutos y esto significa que podemos profundizar en cosas que antes no podíamos. Además, introducimos más personajes, otras tramas... aunque la identidad sigue siendo la misma.

-¿Cómo vivís el fenómeno viral de la serie?

-Con bastante estupor, todo hay que decirlo. Por un lado, te sorprendes cada día con la cantidad de gente que sigue la serie y, por otro lado, mi madre no sabe quiénes son Luisita y Amelia. Creo que el éxito de estos fenómenos que surgen en internet son muy relativos. Tiene una parte buena y es que suele haber consenso alrededor de ellos. «Es un éxito», te dice siempre mucha gente, sobre todo de la profesión...

-… y lo más probable es que no la hayan visto.

-De hecho, no la habrán visto, pero la imagen de '#Luimelia' en un momento como éste, en el que cada semana se estrenan cinco o seis series diferentes, es la de unaserie que es un éxito, y creo que eso es muy importante para la propia serie y para los que la hemos hecho. Quizá una de las cosas que pretendíamos en esta cuarta temporada es que más gente se acercara a la serie, o que mi madre supiera distinguir a Luisita de Amelia.

-La rubia y la morena, son como Zipi y Zape. A todo artista de hoy, ¿no le queda otra que meter horas en las redes sociales para promocionarse?

-Efectivamente, creo que no queda otra. A mí me da especial pudor dar la turra con la serie en Twitter. Pero luego veo a otras personas que lo hacen sin ningún tipo de escalofrío y les funciona y pienso que por qué no lo voy a hacer yo también. Normalmente me cuesta llegar a esta reflexión, porque cuando veo que alguien satura sus redes con promoción me siento como en una conversación con una persona que no para de hablar de sí misma. Me agota. Pero pasado ese momento, siempre pienso: me estoy comiendo un spam terrible del libro de fulano o la peli de mengano... ¡voy a hacer yo lo mismo!

Borja González Santaolalla en el rodaje de #Luimelia.

-Es terrible tener que trabajar también como agente publicitario de ti mismo. ¿Habéis contado con más medios en la producción en esta cuarta sesión?

-Siempre bromeamos con la idea de que ahora estamos haciendo una serie de verdad, pero lo cierto es que para nosotros siempre lo fue, independientemente del presupuesto anecdótico de las temporadas anteriores, o la duración de los capítulos. En esta sesión ha aumentado en tiempo y en consecuencia el presupuesto, pero sigue siendo una serie muy pequeñita. Antes rodábamos diez páginas al día... y ahora siete. Ahora contamos con más equipo, más medios, pero sigue siendo una auténtica locura. Tiendo a pensar, para consolarme, que es parte del ADN de '#Luimelia'.

-Hay personajes secundarios nuevos, que siempre dan juego.

Por supuesto, aunque siempre hemos tenido en mente que la serie son Luisita y Amelia. El resto de personajes tiene vida propia y trama, pero siempre nos sirven para contar una idea. Todas van encaminadas a refutar el mensaje que queremos dar en la temporada.

-Seguro que te lo pasaste bien rodando con Javier Botet...

-Es que Javi es un genio. Creo que es el único actor en el mundo capaz de aterrorizarme con un personaje y hacer que me descojone con otro. El talento de Javier Botet para la comedia es estratosférico. Es de esta gente que sabes que te va a mejorar un chiste o va a sacar otros seis de una frase aparentemente anodina. En España hay muy pocos como él, con ese talento. Aparte, no hace una toma igual. Es el infierno para el montador, pero una bendición para el set de rodaje porque no sabes por dónde te va a salir. Los mayores ataques de risa de la temporada han venido de sus planos. Recuerdo una secuencia, en el último capítulo, en la cual le dejé dos minutos hablando solo, improvisando. Evidentemente, de ahí salió magia.

-¿Cómo compartes el trabajo con Diana Rojo?

-Veníamos de coordinar una serie diaria y ahí, si no tienes una metodología muy concreta, es muy probable que te caigas con todo el equipo. Ese método lo hemos seguido manteniendo. En el fondo, no es ningún misterio. Hablamos mucho, muchísimo, y no escribimos una sola coma hasta que no tengamos todo claro. Luego sentamos las bases de la temporada, lo trasladamos a los capítulos y después repartimos el juego al resto de guionistas que incorporan sus ideas.

-Aunáis la labor de guionista con la producción ejecutiva, y en tu caso sumas la realización. La palabra de moda en el sector: showrunner.

-Palabra que detesto, por cierto. Pero es cierto que tenemos que estar encima de todo el proceso y, en mi caso, al ser también el director, muchas veces tenemos que repartirnos el trabajo. Uno supervisa una cosa y el otro otra. Nos gusta controlarlo absolutamente todo y por suerte confiamos plenamente el uno en el otro.

-¿Cómo decidís los temas a tratar?

-Normalmente suele ser lo que nos dicen las tripas. El otro día me dí cuenta de que, en el fondo, siempre hablamos de lo mismo, le damos vueltas al mismo tema, la incomunicación. Con uno mismo, con tu pareja... Cómo afecta en tu vida y a los que te rodean. Hemos escrito cuatro temporadas con este tema revoloteando de una forma u otra en cada capítulo y ésto sólo puede ser porque es algo que nos afecta en nuestro día a día, supongo.

-Supones bien. La música es bastante importante en la serie.

Soy muy melómano. Y una de las cosas que más disfruto, y creo que mejor se me da, es ponerle música a las secuencias. Incluso mientras estoy escribiendo. De hecho, en esta temporada el 90% de las canciones que hemos utilizado estaban en el guión antes de empezar a escribir una sola palabra. El problema es que casi todas son canciones que gustan más a la gente de mi generación. Pero esto es algo que me hace especial ilusión, sobre todo sabiendo que el público al que va dirigido está en las antípodas de mí musicalmente hablando. Muchas veces me siento como mi padre poniendo Mocedades en el coche mientras yo quería escuchar Guns N Roses: yo negué la mayor mucho tiempo y con el paso de los años, cada vez que escucho «Eres tú», «Secretaria» o «Tómame o déjame» se me ponen los pelos de punta. Y es que hay canciones que caen de pie. Da igual cuando las escuches, o qué edad tengas, son incontestables. Quiero hacer lo mismo con la chavalada de ahora.

Carol Rovira y Paula Usero, en la cuarta temporada de '#Luimelia'.

-Menudo atrevimiento. ¿Qué te llevó a optar por el medio audiovisual como profesión?

No recuerdo el momento exacto de cuando hice click. Siempre me ha gustado mucho el cine pero creo que mi convencimeinto fue muy poco glamuroso: fue viendo las tv movies de sobremesa de Perry Mason. Quería ser abogado, como Mason, hasta que descubrí que lo que me gustaba no era resolver el caso sino inventarlo. A partir de ahí entendí que la pasión que sentía por el cine iba a ir más allá del hobby. Quería contar historias. Escribirlas pero, sobre todo, dirigirlas.

-Antes de dirigir '#Luimelia', trabajaste con José Mota y Leticia Dolera...

-Con José Mota codirigí un especial de Navidad, que fue muy divertido... y con Leti hice su primera webserie, 'Bloguera en construcción', que era una especie de embrión de lo que sería su primera película, 'Requisitos para ser una persona normal'. De hecho, la serie la iba a dirigir y protagonizar ella junto a mí. Yo iba a hacer de actor y al final fue al revés, la dirigí yo y llamamos a un chico gallego al que yo había visto en un par de cortos y que me hacía mucha gracia para interpretar mi papel. Ese chico se llama Manuel Burque y ahora él y Leticia son pareja artística. Escriben e interpretan juntos 'Vida Perfecta'.

-¿Qué recuerdas de tus comienzos filmando cortos?

Recuerdo que no llegaron hasta la universidad. Me hubiera gustado que fuera antes, pero no tenía gente a mi alrededor que compartiera la misma afición al cine, hasta que llegué a la universidad y empecé a grabar cosas compulsivamente con mi compañero de piso. Además, coincidió con el momento en que se empezaban a democratizar todos los sistemas de edición, era más fácil montar, antes tenías que hacer virguerías con dos reproductores vhs.

-Ahora se rueda mucho en Bilbao, ¿te gustaría levantar algún proyecto por tu tierra?

-Tengo un proyecto, el que espero se traduzca en mi primera película como director, que se desarrolla íntegramente en Bilbao. Tengo dos sueños en esta vida: rodar mi película en Bilbao y jugar en el Athletic. Lo segundo lo veo complicado pero lo primero puede que se dé algún día.

-También has trabajado como guionista en plató, ¿en qué consiste?

-Es complicado, pero te lo resumo: es aquella persona que apaga fuegos a diario y tiene la serie en la cabeza, tanto o más que el director. Sabe hacia dónde va y de dónde viene, unifica criterios e intenta no engordar ni quedarse calvo por el estrés.

-Algo habitual en el medio audiovisual. A finales de año se estrena por fin 'Way Down', la nueva película de Jaume Balagueró en cuyo guión participaste. Demasiados nombres salen en los créditos en este apartado.

-La empezamos a escribir hace once años y el proceso ha sido largo y tedioso. Rafael Martínez, Andrés Koppel y yo tuvimos la idea del proyecto, la pitcheamos y empezamos el desarrollo con Telecinco. El proyecto era complicado de financiar y más con los coletazos de la crisis. En un momento dado, terminamos las versiones de guión que teníamos pactadas con ellos y el proyecto se congeló. Poco después incorporaron a otro guionista, Michel Gaztambide, y más adelante a otro inglés, Rowan Athale, para que hiciera una nueva versión en ese idioma, ya que se ha rodado así. Finalmente, cuando la película entró en preproducción, volvimos al proyecto para hacer la última versión. Es un proceso extraño en España pero esto es algo, que se da mucho fuera, y lo vimos como algo normal.

-Sueles dejarte ver por el festival de Sitges, ¿te gusta el cine de género especialmente?

-Sitges es el Shangri-La del cine de género. El mejor festival del mundo, no tiene competidor. La experiencia de ver ahí una película es mágica y soy un fan absoluto del cine de terror desde siempre. De pequeño vi el videoclip de 'Thriller' de Michael Jackson y me provocó tanta impresión que tenía que verlo tres o cuatro veces al día. Luego no dormía. Más tarde, llegó mi fascinación por los hombres lobo y descubrí a John Carpenter. A partir de ahí, no hay salida.

-Sin embargo, '#Luimelia' va por otros derroteros...

-Si hay un género que me provoca más sensaciones que el terror, es la comedia, sobre todo la romántica. No sé explicar por qué, pero las historias de amor contadas desde la comedia me parecen las más verdaderas. 'Cuando Harry encontró a Sally', 'Annie Hall', 'Algo pasa con Mary' o 'Friends' cuentan cosas del amor que no cuenta Douglas Sirk o Bergman, por ejemplo. Odio que se mire a la comedia romántica por encima del hombro. Odio que alguien diga: «bah, no está mal, te ríes». Me parece absurdo y cateto.

-Seguramente has herido el orgullo de algún cinéfilo. Por cierto, os suele gustar exprimir el metalengüaje...

-Es una obsesión que afortunadamente comparto con Diana. Me encantaría decir que viene del teatro de Bertoldt Brecht y de cómo le gustaba romper la cuarta pared, pero la realidad es que viene de 'Salvados por la Campana', 'Todo en un Día', de John Hughes, y de un espectáculo de La Cubana que vi de pequeño en el teatro Arriaga. La señora que estaba a mi lado empezó a gritarle a uno de los actores recriminando lo mal intérprete que era y lo aburrida que estaba siendo la obra. Cuando me dí cuenta de que esa señora y su actitud eran parte de la obra, me explotó la cabeza. Me pareció algo fascinante. Creo que en estas situaciones se establece otro pacto de lectura entre el espectador y los creadores. Es como estar interpelando a la audiencia directamente, sin intermediarios. No sólo rompiendo la cuarta pared. Se crea un diálogo muy especial. '#Luimelia' nació por los fans y el uso del metalenguaje hace que ese diálogo con ellos sea más directo. 

-¿Qué le recomendarías a alguien que empieza en este mundillo?

-Que vea menos cine y series y que viva más. Si quieres aspirar a crear algo, creo que no debes encontrarlo en otras series o películas, y sí en tu propia experiencia. Entenderte a ti mismo, o a quien te rodea, te va a servir más que entender a Tony Soprano.