Alex Txikon en el Manaslu, en una imagen del documental 'Anwar'.

Alex Txikon: «Vivo con una mano delante y otra detrás»

'Anwar', un documental presentado en el Festival de Trento, muestra la labor social en África y Asia del montañero vizcaíno, cada vez más volcado en el activismo

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

A estas alturas, a Alex Txikon (Lemoa, 1981) le hace más ilusión una bombilla que se enciende en una remota aldea de Pakistán gracias a las placas solares que sumar un nuevo ochomil a los once en los que ha hecho cumbre. «No vas mal encaminado», sonríe. «Todavía voy a estar en la montaña y me quedan algunas expediciones más, pero es verdad que ese tipo de acciones me apasionan». El alpinista atiende a EL CORREO mientras vuela para la ciudad italiana de Trento, donde se celebra el festival de cine y montaña más importante del mundo. Acompaña la proyección este sábado de 'Anwar', un documental en el que deja claro su tránsito del himalayismo al activismo social.

Vídeo. Tráiler de 'Anwar'.

Escrito y dirigido por Rosa García Loire, el filme acompaña a su carismático protagonista de las heladas cumbres del Nepal a los míseros arrabales de Freetown, la capital de Sierra Leona, hasta llegar a las imposibles carreteras de las pedregosas montañas de Pakistán. Las películas de montaña suelen tener un tono épico y un final feliz. 'Anwar' luce majestuosos planos aéreos y paisajes que dejan sin aliento, pero arranca con la crónica de un fracaso. Tras dos inviernos intentándolo, Txikon no pudo coronar los 8.163 metros del Manaslu. «Curiosamente, es el más sencillo de todos los ochomiles, pero en invierno se las trae», justifica.

Al menos, la expedición puede presumir de ser la primera no contaminante. La Fundación EKI suministró instalaciones fotovoltaicas portátiles de dos kilovatios para evitar usar un generador alimentado con gasolina. Gracias a ellas conseguían la energía solar necesaria para iluminarse y cargar los móviles, drones y demás aparatos electrónicos. Las heces iban a un bidón con cal viva y el papel se quemaba en el sitio. Las pilas se traen de vuelta para reciclar. «Dejamos el menor rastro posible», explica Txikon. «En un campo cuatro del Everest, en las zonas más concurridas, sigues encontrándote basura, pero cada vez se están haciendo mejor las cosas. El propio Gobierno de Nepal ha realizado este año una campaña de limpieza de las montañas. En vez de gastar en limpiar habría que hacerlo en concienciación y en normativas».

Alex Txikon en Sierra Leona en una imagen de 'Anwar'.

Alex Txikon tocó a los tres años la Cruz del Gorbea. A los 21, subió su primer ochomil, el Broad Peak en el Karakorum pakistaní. La primera cima invernal del Nanga Parbat en 2016 se cuenta entre las hazañas de este deportista, que jura no estar desencantado de su profesión. «Hago lo que me motiva, lo que a mí me llena. Lo acojonante es que en treinta años jamás un patrocinador me ha obligado a nada», confiesa. «Son nuestros propios egos los que nos invaden y nos matan. Con la incertidumbre y el miedo de aparentar, de querer ser el mejor, pierdes el norte y eres capaz de pisar a los demás».

Energía solar

Txikon explica que el Himalaya ha cambiado mucho con la tecnología. «Yo viví una época bonita con 'Al filo de lo imposible' y en las expediciones de Edurne Pasaban», recuerda. «Ahora hay touroperadores que captan a clientes sin experiencia, y eso no tiene un valor alpinístico. En 2004 estábamos 16 personas en un campo base del Makalu, instalamos las cuerdas y subimos sin oxígeno. Ahora allí te puedes encontrar a 150 tíos en la primavera. Con una cuerda de subida y otra de bajada».

Alex Txikon juega con unos niños en los suburbios de Freetown, capital de Sierra Leona.

El escalador asegura que no tiene casa ni coche. «Vivo de prestado, es lo bonito. Con una mano delante y otra detrás». Sin embargo, para conseguir los 250.000 euros que vale ir al Everest en invierno sabe cómo convencer a los patrocinadores y fascinar al público de sus charlas. En 'Anwar', Txikon conoce de primera mano la labor de la Fundación EKI en Sierra Leona, instalando paneles de energía solar que permiten la autonomía energética de escuelas y hospitales. Las niñas le cuentan que quieren ser abogadas, doctoras y hasta presidentas del país. La realidad es que algunas se prostituyen con nueve años. Esos mismos paneles solares son los que transportará el alpinista por los caminos de cabras de Pakistán. Su destino es la escuela Günther Messner en Sair, una zona que el año pasado visitaron 16 turistas (10 eran del equipo de Txikon). 14 horas desde Islamabad por carretera. 3 horas más en todoterreno hasta donde se acaba el camino rodable. Y 12 kilómetros a pie, con 1.000 metros de desnivel.

«La putada es que el mundo está repartido de manera geográfica: depende de dónde hayas nacido tienes futuro o no»

«Esta gente tiene que caminar doce kilómetros de ida y doce de vuelta solo para cargar su teléfono móvil. No tienen nada», denuncia el alpinista y comunicador, que está en tratos con un club de fútbol bilbaíno para «una acción espectacular» en África, aunque todavía no se pueda contar nada. «La putada es que el mundo está repartido de manera geográfica: depende de dónde hayas nacido tienes futuro o no», concluye Alex Txikon, que al final de 'Anwar' tiene un recuerdo para su compañero de ascensión al Nanga Parbat, Ali Sadpara, fallecido el año pasado en el K2.