Aitana Sánchez-Gijón, como Beatriz, en 'La jefa'.

Aitana Sánchez-Gijón | Actriz

«Llego a tener síndrome de Estocolmo con mis personajes»

La actriz protagoniza 'La jefa', donde da vida a una gran diseñadora de moda que ofrece a su aprendiz un trato para quedarse con el hijo que está gestando

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

No es fácil el papel que Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 53 años) se echa a la espalda en 'La jefa'. La ópera prima de Fran Torres, director curtido en el mundo de la publicidad, llega este viernes a la cartelera y toca un tema tan oscuro y perturbador como atractivo: los vientres de alquiler. La actriz da vida a Beatriz, una diseñadora de moda de gran éxito, que ofrece a Sofía, su flamante aprendiz un trato: quedarse con el hijo que está gestando, a cambio de la promesa de tener una sólida carrera profesional en el futuro.

-¿Cómo llega este papel a sus manos?

-A través de mi agencia. Es una propuesta directamente hecha por Fran Torres, el director de la película, y sus productores. Me llega el guion, lo leo y me parece que ahí hay material potentísimo y me siento a charlar con Fran, al que no conozco porque es su primera película. Vi material suyo como director de publicidad, que tiene una trayectoria impresionante, y también había dirigido dos cortos muy potentes y con un trabajo actoral muy interesante. Hablando con él me doy cuenta de que el material que hay en 'La jefa' es un material muy bueno para desarrollar una historia de personajes y que Fran tiene la sensibilidad y la capacidad como para conducir esa nave. Y ahí decidimos que para hacer esta película, que es una producción pequeña, que se va a rodar en cuatro semanas, es absolutamente fundamental tener un periodo de ensayos suficiente, que fue de casi un mes, para trabajar muy a fondo, indagar en los personajes, hacer improvisaciones, probar, quitar, poner, modificar ese guion que fue cobrando otra dimensión hasta conseguir que el género estuviera al servicio de esta historia de personajes y no al revés, una historia de personajes al servicio de un género.

-Es, como dice, una historia básicamente con dos personajes y una localización... Con tan pocos mimbres, ¿no es más difícil mantener la intensidad del relato?

-No lo fue por el trabajo previo exhaustivo y porque se creó una burbuja creativa entre Fran, Cumelén (Sofía) y yo, en la que Fran logró un ambiente de trabajo, que uno puede pensar que acabaría siendo catastrófico porque el tiempo se nos echaba encima por aquello de que se trataba de una producción pequeña y expuesta a mil avatares, en el que siempre nos hizo sentir que teníamos todo el tiempo del mundo y que lo único importante éramos nosotras. A partir de ahí, se pudo crear esa atmósfera necesaria para contar esta historia que de otra manera hubiera sido imposible.

-¿Cómo se prepara una para un papel así que tiene tantos registros? Pasa de la exigencia, pero también dulzura, del mentor, a la desesperación por cumplir un deseo.

-Pues estás ahí con la linterna de espeleóloga, intentando entrar en la cueva e iluminar todos los recovecos para comprender esa alma, ese lado oscuro y esas motivaciones y las razones que la llevan a ser como es y a actuar como actúa. Y ahí descubres una herida profunda, que ya por guion obviamente está, y esa herida es el oro desde el que se genera todo lo demás.

-¿Y uno acaba entendiendo a sus personajes?

-Sí, tanto es así que llego a tener síndrome de Estocolmo con ellos. O sea, yo tengo síndrome de Estocolmo con Beatriz, lo tuve con Medea, que asesinó a sus hijos; con Nora, que abandonó a los suyos... Con todas. Acabo entendiéndolas tanto que hasta puedo llegar a justificarlas y ahí me tengo que frenar un poco (ríe).

-La película, sobre todo a la hora de abordar el personaje de Sofía, también refleja una realidad que es la de la mujer que, en un momento determinado, tiene que optar por avanzar en su carrera profesional o apartarla a un lado y tener un hijo.

-Esto, lamentablemente, sigue siendo así. La cinta plantea ese dilema moral en el que ella se encuentra: decidir si tiene ese hijo o no lo tiene. Y de pronto se encuentra con un trato aparentemente muy ventajoso y en el que ella cree que puede manejarse tranquilamente. Bueno, las dos creen que pueden entrar en esas aguas y salir indemnes y la verdad es que la realidad les demuestra que no, que la cosa se escapa de su control. Son dos mujeres que creen controlar mucho sus destinos y muy poderosas. En realidad, una es el reflejo de la otra, las dos se miran en el mismo espejo y Beatriz se ve reflejada en esa Sofía joven y Sofía querría ser como Beatriz. Esa relación simbiótica les hace creer que aparentemente lo que van a llevar a cabo puede hacerse tranquilamente y la realidad les demuestra que no.

Cumelén Sanz, como Sofía, en primer término; detrás, Aitana Sánchez-Gijón.

-La cinta toca un tema polémico y de actualidad que es el de los vientres de alquiler. ¿Qué opinión tiene al respecto? ¿Ha cambiado durante el desarrollo de la película?

-No, la película no me ha hecho cambiar de opinión, simplemente me sigue generando preguntas, que es lo que me ocurre desde que soy consciente de esta situación. Conozco a personas de mi entorno que han tenido hijos de esta manera y al mismo tiempo me genera un problema ético porque son mujeres en situación de necesidad; una vez más el cuerpo de la mujer al servicio de alguien que lo puede pagar... Tengo muchas preguntas y pocas respuestas.

-¿Cree que una película así puede hacer cambiar la opinión de quien la vea?

-No creo que sea la intención de la película, en absoluto. La película está planteando cosas que están en el aire, que nos suceden como sociedad, y las coloca en una trama en la que dos seres humanos están atravesando por una serie de circunstancias y de cosas que les influyen y decisiones que toman con las cartas que creen que tienen en la baraja, pero más allá de eso, el cómo modifique al espectador que vea la película, yo creo que va más allá de las intenciones de la película.

-A menudo se decía que no había personajes maduros en el cine, que una vez que una mujer cumple los cuarenta la carrera se acaba. ¿Cree que está cambiando?

-Sí, afortunadamente sí. De unos años a esta parte las cosas están cambiando, aunque todavía no lo suficiente, pero creo que vamos por buen camino y esta película es un ejemplo, sin ir más lejos. Creo que esto también ha sido fruto de la proliferación de series, de plataformas, de que ya llevamos muchos años viendo ficción que nos llega de otros países y que nos llevan la delantera en este sentido, con personajes femeninos potentes, complejos y de todas las edades desde hace más tiempo y, afortunadamente, estamos tomando nota y ejemplo.

-¿Le ve alguna contraindicación a la explosión de plataformas y contenidos?

-Sí, por supuesto. El tema del algoritmo, de hacer productos como churros, de consumo rápido, fácil y en los que los autores ya no son autores, sino que son productos de tal plataforma. Lo que hacemos debe pasar por otro lado, ¿no? No te digo que no exista la vocación comercial, tiene que existir, por supuesto, pero sí que un director sea dueño de su trabajo y de la historia que está contando. Si no, se convierten también como en cadenas de consumo rápido y eso desvirtúa el mundo creativo.

Vídeo.

-Pese a todo, serán más los beneficios, ¿no?

-De momento, proporcionan mucho trabajo y a mayor cantidad de cosas más probabilidad de que surjan producciones interesantes, aunque haya un gran porcentaje que no lo sea.

-Lleva trabajando muchos años. ¿Hay algún momento en el que esta incertidumbre en la que vive el actor se acabe?

-Jamás. No.

-¿Cómo se gestiona eso?

-Como se puede, con mucha ansiedad y con esa sensación permanente de incertidumbre y de vivir bastante al día, en realidad.

-¿Le han dicho muchas veces que no en su profesión?

-Me han dicho que no en ocasiones, pero afortunadamente me han dicho más veces que sí (ríe). He tenido mucha suerte.

-¿Le fastidió mucho no llevarse el Goya?

-La verdad es que todo el mundo me había convencido de que me lo iba a llevar, incluso las encuestas de los medios, y claro fue un bajón, pero forma parte del juego. Yo tenía clarísimo que mis compañeras nominadas se lo merecían tanto o más que yo, no era una cuestión de que un trabajo fuera mejor que otro, sino de que parecía que pesaba mucho el hecho de que yo no hubiera estado nominada nunca, y todo el mundo me convenció de que esto iba a ser así y cuando no sucede... Ahora he aprendido que debo ir con cero expectativas, como a los Platino el domingo (ríe).

-¿Cómo fue trabajar con Almodóvar?

-Fabuloso. Fue un regalo. La verdad es que todos los actores y actrices de este país y de gran parte del mundo han fantaseado alguna vez con trabajar con Pedro y de repente que sea con un personaje como el de Teresa, que es un bombón, uno de estos personajes icónicos de la filmografía de Pedro, que tiene una entidad, un peso y una personalidad tan fuerte y tan especial... Ha sido fabuloso.

-Hace unas semanas, Maribel Verdú explicó en un programa de televisión que al negarse a hacer según qué cosas, personas con poder en la industria del cine española la habían apartado. ¿Ha vivido usted algo similar?

-¿Sabes qué pasa? Yo no he vivido situaciones traumáticas en las que me hayan colocado. Las he vivido en la vida, no en la profesión, como mujer, en el cine, siendo niña, me metió mano nosequién y lo único que se me ocurrió fue cambiar de asiento... Me llega a pasar ahora o le pasa a mi hija y te aseguro que se arma la marimorena porque eso de tolerar cosas ya ha cambiado, yo ya no pasaría por ciertas cosas. En la vida me ha pasado, sin ninguna duda, muchísimas veces. Y en la profesión sí he tenido esta sensación de tener que andar con cuidado, con cintura, pero no ha habido situaciones de abuso. En mi caso, no las ha habido.