Canarias7
Francisco José Fajardo

Tribunales

Perdomo y Quintana llegaron tarde y perjudicados

La de ayer fue una mañana esperpéntica, de esas que costará olvidar, sobre todo por el escenario donde se produjeron los hechos –ante el tribunal del jurado– y con protagonistas de la relevancia de Celso Perdomo y Mónica Quintana, cabezas visibles del caso Eólico. Una vista que, después de 14 años, permitiría escuchar al que fuera el exdirector general de Industria del Gobierno canario y su pareja, reconociendo o no, unos hechos que el resto de la trama iba a desenmascarar en la misma comparecencia, justo después que ellos.

Pues no fue así. Perdomo y Quintana no hicieron acto de presencia a las 9.30 horas y, tras numerosas llamadas de sus abogados, fueron localizados durmiendo después de haber consumido importantes cantidades de tranquilizantes, como admitieron posteriormente. El magistrado presidente Pedro Herrera, dio un tiempo prudencial a ambos para que compareciesen o, si no, serían detenidos, pero una hora más tarde, la pareja llegó a la sala mostrando signos evidentes de encontrarse perjudicados. Miradas perdidas, bostezos, amagos de quedarse dormidos, tambaleándose en ocasiones y portando unas recetas en las que tenían prescritos ansiolíticos y antidepresivos, se sentaron en el banquillo junto a sus letrados. «Aquí no todo vale y el hecho de que sus letrados hayan dicho que tuvieron un imprevisto conectado con una medicación que tomaron, es anómalo, extraño y una falta del debido compromiso que deben de tener», dejó claro Herrera a Perdomo y Quintana nada más comenzar la vista oral.

El magistrado no estimó procedente que fuesen examinados por un forense o suspender la vista en tanto que no habían informado antes al tribunal de que habían tomado esos fármacos ni tampoco presentaron ningún justificante de su situación.

No declararon.

El primero en ser interrogado fue Celso Perdomo, el presunto cabecilla de esta trama corrupta, que se sentó como pudo en el banquillo y respondió con un «no señoría, no me encuentro en condiciones», a la pregunta del magistrado presidente de si iba o no a declarar antes de ser interrogado por el fiscal Luis del Río.

Ante la negativa de Perdomo, el representante del Ministerio Público trasladó al jurado todas las preguntas que tenía preparadas y, a continuación, pidió que se escuchasen los pinchazos telefónicos realizados en su época a Perdomo donde ofrecía todos los detalles de presuntos sobornos, pagos y demás corruptelas. Conversaciones entre Perdomo y el empresario Enrique Guzmán en las que el segundo lo invitaba a conducir un Fórmula Uno, le insistía en «meterle mano a los miembros de la mesa de adjudicación» del concurso, llamaba «gilipollas por querer ganar dinero» a Honorato López, funcionario que luego también aceptaría sobornos, hacer las cosas sin que «se nos vea el plumero», ofrecerle «un millón por megavatio concedido», amenazarle con partirle «la cabeza» por no atenderle una llamada, o reconocer que le había transferido 9.000 euros a una cuenta que había creado Quintana en un banco de Luxemburgo. «Honorato ya está ganado y se ha tirado a la piscina pero hay que convencerlo y se me ocurrió decirle que ustedes ya le habían pagado a Luis Soria –exconsejero de Industria y hermano del exministro–, contó también Perdomo a Guzmán mientras tramaban los amaños.

Estas fueron algunas de las frases que se escucharon en las conversaciones telefónicas, mientras Celso Perdomo se esforzaba para no quedarse dormido en el estrado, aunque más de una vez incluso se recostó sobre la mesa.

Por su parte, su novia Mónica Quintana tampoco quiso declarar argumentando lo mismo y escuchó en la sala los pinchazos telefónicos que demostraban como compró libros a costa del presupuesto del Gobierno y era conocedora de que la cuenta que estaba a su nombre era la utilizada para ingresar los sobornos.

Después de este retraso, y tras el escrito de fiscalización, así como de las intervenciones de las acusaciones --Ministerio Fiscal, Gobierno de Canarias y acusación popular-- y de las defensas, los abogados de Honorato López, Enrique J. Guzmán, José Ignacio Esquivel y de Alfredo Briganty, han avanzado que sus clientes reconocerán los hechos de los que se les acusa y colaborarán con la justicia, lo que les valdrá su correspondiente atenuante.

Las grabaciones telefónicas evidencian los sobornos

Cabe reseñar que el exdirector general de Industria del Gobierno canario Celso Perdomo, negoció por teléfono sobornos por amañar el concurso de parques eólicos de 2004 y acordó comprarse libros por miles de euros con dinero público, algo que decidió hacer, según conversaciones intervenidas difundidas este martes, «con dos cojones».

«Si me quiere denunciar el que venga, que me denuncie», le dijo por teléfono Perdomo a su novia, Mónica Quintana, también procesada por cooperar con él en sus actos delictivos, al hablar sobre la compra de esos libros con cargo a fondos de su departamento tras saber que iba a cesar en su cargo.

En este sentido, el Jurado que juzga el caso ha escuchado en la Audiencia de Las Palmas las conversaciones en las que el entonces director general y su pareja hablaban de los ingresos que esperaban o recibían de empresarios participantes en la trama de sobornos a través de una cuenta que abrió en un banco de Luxemburgo Mónica Quintana, aludiendo expresamente a los nombres de los autores de esas transferencias.

En esta sesión del juicio, Perdomo y Quintana se han acogido a su derecho a no declarar, a diferencia del alto funcionario del Gobierno de Canarias Honorato López, también implicado en la trama, que ha confesado los delitos que le imputan y ha querido «manifestar públicamente su arrepentimiento» por su proceder, que ha atribuido a que entonces él pasaba por «un momento complicado