Canarias7
Rosa Rodríguez

El patrimonio olvidado

Las casas terreras, las que salpican todos los paisajes del archipiélago, son el máximo exponente de la arquitectura tradicional canaria. Y pese a esa relevancia, están abocadas a desaparecer, bien por el desconocimiento que los propietarios tienen de su valor patrimonial, bien por la desidia de las administraciones.

Ambos motivos, juntos o por separado, son los que mantienen en la ruina ejemplos extraordinarios como la Hacienda La Miravala, en Tegueste, la que, contrariamente a lo que la tradición popular dice, fue la casa principal de Amaro Pargo (1678-1747), cosario tinerfeño tenido hasta hace bien poco por pirata y cuya figura se está recuperando en los últimos años, con publicaciones que enmendan errores biográficos y lo colocan en el lugar que le corresponde. La que fuera su casa favorita, La Miravala está corriendo, sin embargo, el camino contrario: se desmorona adosada «a un mamotreto infame», como denuncia el artista Luis Eduardo Fierro, cabeza visible de un movimiento que desde hace años lucha por salvar las casas terreras.

No está solo, la plataforma digital que ha creado para denunciar el abandono de las edificaciones tradicionales tiene cerca de 4.000 seguidores. Y como él, han denunciado el abandono y destrucción de las casas terreras el lagunero Álvaro Santana, doctor en Sociología por Harvard y profesor en el Whitman College de Washington, que sistemáticamente llama la atención desde Estados Unidos las aberraciones que se comenten en La Laguna, ciudad Patrimonio Mundial. También el colectivo que publica la revista Rincones del Atlántico, que recuerda que ya apenas se pueden percibir elementos de la arquitectura tradicional, devaluados y prácticamente desaparecidos, y la Asociación Nuestro Patrimonio, que lucha por salvar el patrimonio inmueble de Santa Cruz de Tenerife amenazado por la especulación y, en algunos casos, por el propio Ayuntamiento.

Proteger.Fierro tiene claro que las administraciones lo que «priorizan es la ley, no el patrimonio», cuando a su juicio debería ser al revés. «Si el patrimonio se está cayendo hay que salvarlo, pero la ley lo que hace es dejarlo caer», asegura tremendamente enfadado porque, a su juicio, «la prioridad política, «por el rédito electoral que supone», dice, son los bienes religiosos» que protegiéndolos benefician a un único propietario: la Iglesia, asevera.

«Los dueños de las casas deberían estar obligados a restaurarlas y conservarlas y si no disponen de recursos, las administraciones deberían proporcionárselos, porque el patrimonio es de todos aunque la propiedad sea particular», sostiene.

La Miravala, la hacienda de Amaro Pargo es solo un ejemplo de abandono, pero casas terreras (y caseríos completos, como en Valles de Ortega o , en Fuerteventura) con techos derruidos, balcones a punto de caer, despojadas de cualquier elemento valioso -tejas y madera, sobre todo- salpican pueblos y también muchas ciudades de las islas. Ni siquiera a las pocas que están catalogadas como Bien de Interés Cultural (BIC) se salvan «por la pésima gestión política», dice Fierro.

El director general de Patrimonio, Miguel Ángel Clavijo, afirma que la administración autonómica está atada de pies y manos y que son los ayuntamientos los que tiene que proteger, en sus planes general, los inmuebles, como es el caso de las casas terreras, con valor patrimonial.

En lugar de eso, denuncia Fierro, «frente a las casas terreras, en las que no vive nadie, los ayuntamientos las insultan poniendo los contenedores de basura en sus fachadas».

400 adosados.La casona de la Hacienda La Miravala (arriba y 1ª  dcha.) sigue en pie de milagro. Donde todavía está, en El Socorro (Tegueste), se iban a levantar 400 adosados. Los vecinos lograron pararlo y hasta el Ayuntamiento anunció su rehabilitación. Donde estaba la bodega hay hoy un mamotreto de bloques.