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Exceso de sal, déficit de salud

El exceso de sal en la alimentación puede conllevar problemas no sólo a nivel cardiovascular sino también metabólico. Se relaciona con la hipertensión arterial, accidentes cerebrovasculares, patologías cardiacas e insuficiencia renal además de mayor predisposición a padecer patologías del metabolismo óseo, como la osteoporosis. Por otro lado, el déficit de sodio también puede tener consecuencias negativas en el organismo, en ocasiones derivado de la toma de algunos fármacos o quizás de un cuadro de gastroenteritis que suele tener una mayor incidencia en esta época del año.

Las necesidades fisiológicas de sal varían según diversos parámetros, entre los que destacan el nivel de actividad física y los antecedentes médicos de cada persona. La sal contiene sodio, que es un nutriente esencial necesario para el mantenimiento y funcionamiento normal de las células, relacionado con el mantenimiento del volumen plasmático y el equilibrio ácido-básico.

El organismo no necesita consumir cantidades excesivas de sal. Por ello, y «teniendo en cuenta que el verano es la estación del año, donde los snacks salados están en cualquier terraza o forman muchas veces parte de los aperitivos habituales, es importante recordar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda consumir no más de cinco gramos diarios. En España consumimos entre diez y doce gramos de sal al día, más del doble de lo recomendado, por lo que una gran parte de la población supera esta cantidad en su alimentación diaria. Y este exceso en su consumo puede dar lugar a múltiples patologías», expone la doctora Glenda Bautista, especialista en Medicina Interna y máster en Nutrición y Dietética de Hospital Perpetuo Socorro.

Una dieta con un excesivo consumo de sodio da lugar a un aumento de tensión arterial y favorece un riesgo mayor de enfermedades relacionadas con patologías coronarias y renales, entre otras.

Para reducir su consumo es aconsejable limitar la ingesta de snacks como papas fritas, cacahuetes, aceitunas o anchoas. «A esto debe sumarse la sustitución de la sal por otras alternativas más saludables como el limón o lima; las hierbas aromáticas, como la pimienta, laurel, albahaca, perejil; las verduras picadas, como cebolla o ajos o el jengibre. Asimismo se debe limitar el uso de condimentos, las conocidas como pastillas de sabor, para realzar los sabores de los platos típicos de nuestra tierra como los potajes», pormenoriza la doctora Bautista.

En términos generales, por tanto, se debe recomendar cocinar con poca sal, evitar el consumo de sopas de bote y cubitos de caldos preparados, alimentos precocinados o enlatados, aperitivos industriales o salsas preparadas. Esto no sólo es aplicable durante los presentes meses de verano sino en cualquier época del año. Esta limitación en la ingesta de productos que contengan sal debe ser aún más estricta en las personas que padezcan patologías como la insuficiencia cardiaca porque pueden favorecer un empeoramiento clínico de su patología.

Algunos consejos en el hogar que puede contribuir a reducir el consumo de sal los conforman la limitación del consumo de aperitivos salados o alimentos procesados así como la elección de productos con menos sal y formas de cocción saludables como al vapor. No agregar sal durante la preparación de los platos ni poner el salero en la mesa constituyen otras medidas adecuadas. Y si se come fuera de casa una ensalada por ejemplo, es recomendable pedir que traigan la salsa o el aderezo que la acompaña al lado, de forma que pueda controlarse directamente la cantidad que se sirva sin olvidar la gran cantidad de sal que suelen contener este tipo de condimentos.

Asimismo, el clima de Gran Canaria atrae a muchos deportistas a entrenar largas horas, pedaleando en la bicicleta o corriendo, con las cantidades extras de sal que reclama esta circunstancia para evitar la deshidratación. En este caso se podría optar por frutos secos acompañados de abundantes líquidos enriquecidos.

El consumo de sal favorece la retención de líquidos. La ingesta de excesiva cantidad en la dieta aumenta la sensación de sed, que no suele aliviarse tomando agua, sino habitualmente tomando bebidas gaseosas o alcohol, sobre todo en verano. «Cuando hablamos de educación nutricional para mantener el peso adecuado es relevante educar a nuestras papilas gustativas. Así poco a poco iremos reduciendo nuestro consumo de sal, para dar sabor o sazonar nuestra alimentación», apunta la experta en Nutrición y Dietética.

A la hora de reducir la ingesta de sal, nada mejor que optar por una alimentación rica en alimentos frescos que deben consumirse con asiduidad como frutas frescas, verduras, legumbres, lácteos, cereales hasta comenzar a elaborar una nueva lista de la compra que se interiorice. Todo ello con una lectura en profundidad del etiquetado alimentario.

«Si consumimos otro tipo de productos debemos elegir aquellos que contengan menos sal. Esto no sólo mejorará nuestro bienestar sino que conseguiremos tener una dieta más saludable y muy probablemente nos ayude a mantener un peso más adecuado», concluye la especialista en Medicina Interna y máster en Nutrición y Dietética del Hospital Perpetuo Socorro.