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J.M.R. / Lanzarote

Timanfaya, un enclave propio del planeta Marte

Más de un millón y medio de personas visitan cada año el Parque Nacional de Timanfaya, en Lanzarote, testimonio todavía candente de una de las mayores erupciones de las que se tiene conocimiento en tiempos históricos en todo el planeta. La mayoría sale de él con la impresión de haber pisado durante unas horas otro planeta... Y no exageran: los astronautas piensan lo mismo.

La Agencia Espacial Europea (ESA) desplazó a Timanfaya hace unos años, durante una semana, a tres astronautas, Pedro Duque, actual ministro de Ciencia, Innovación y Universidad, Luca Parmitano y Matthias Maurer, y a una decena de científicos en un programa de entrenamiento destinado a preparar futuras misiones a Marte en aquellos lugares de la Tierra que más se parecen al planeta rojo. Pedro Duque salió tan impresionado de su visita a la isla como convencido de que los tubos volcánicos de Marte serán un buen refugio para futuros astronautas, que podrán encontrar en ellos protección frente a las radiaciones ultravioletas del sol y de la radiación cósmica.

Un lugar único

El objetivo de aquel curso era aprovechar las características del Parque Nacional de Timanfaya, muy similares a las de Marte, y preparar a futuros exploradores a entender su geología, a saber dónde buscar rastros de agua y posibles indicios de vida actual o pasada y, sobre todo, a manejarse de forma autónoma. «Hay unas pocas zonas en la Tierra donde la actividad de los volcanes esté tan a la vista y en tan grande extensión como en Lanzarote. Y, sobre todo, donde no haya sido destruida por las otras fuerzas de la naturaleza. Lanzarote está como si el volcán hubiera hecho erupción ayer. Y así es más o menos como están las zonas volcánicas de la Luna y Marte, porque allí no hay ni viento ni lluvia, ni placas tectónicas subiendo y bajando», explicaba Duque.

Reserva de la biosfera

Reconocida por la Unesco como Reserva de la Biosfera y también como Geoparque Mundial, Lanzarote es una de las islas más antiguas de Canarias. Comenzó a emerger del fondo del Atlántico hace unos once millones de años, gracias a una sucesión de erupciones volcánicas que se prolongaron desde el Mioceno hasta hace solo 21.000 años, durante el momento de máximo frío de la última glaciación, cuando el descenso del nivel de los mares hizo que estuviera unida a Fuerteventura por algunos milenios.

Sin embargo, las erupciones que transformaron la isla en lo que se puede contemplar hoy ocurrieron mucho más recientemente, en el siglo XVII y, de ellas, dejó un preciso relato Andrés Lorenzo Curbelo, párroco en aquellos momentos de la localidad de Yaiza. Al sur de la isla: «El primero de septiembre (de 1730), entre las nueve y diez de la noche, la tierra se abrió de pronto cerca de Timanfaya a dos leguas de Yaiza. En la primera noche una enorme montaña se elevó del seno de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante diez y nueve días».

Así comenzaron seis años seguidos de vulcanismo que sepultaron nueve pueblos enteros (Tingafa, Mancha Blanca, Las Maretas, Santa Catalina, Jaretas, San Juan, Peña de Plomos, Testeina y Rodeos) y que dejaron como legado las Montañas de Fuego.

Hoy en día, Timanfaya en particular es uno de los lugares más visitados de las Islas Canarias. Allí, los visitantes todavía notan el calor del magma y se sorprenden con los chorros de vapor que salen de la tierra.